“No
podéis beber la copa del Señor y la copa de los demonios; no podéis
participar de la mesa del Señor y de la mesa de los demonios.” (1ª
a los Corintios 10:21).
El
mundo evangélico está viviendo la confusión de Babel pensando que
es la unión de Pentecostés. Es necesario que comprendamos la
diferencia que nos presenta el libro de los Hechos entre “mensaje”
y “lenguas”. El apóstol Pedro, el día de Pentecostés, predicó
un mensaje de salvación en lengua aramea, pero fue comprendido por
todos los que se hallaban en ese momento en Jerusalén en sus propias
lenguas. Esto ejemplifica lo que por mucho tiempo fué la situación
de gran parte de las denominaciones evangélicas: predicar el mismo
mensaje de salvación en distintas “lenguas”, es decir, de
acuerdo a su idiosincracia. Existían diferencias secundarias,
producto de tradiciones y temperamentos distintos, pero el mensaje
central era el mismo: es necesario aceptar a Jesús como
Señor y Salvador personal. Lo que exige el rechazo de las obras
meritorias en el plano de la salvación y de toda forma de devoción
que le quite centralidad al Señor Jesucristo, Único Mediador ante
el Padre. Hoy en día encontramos a algunos evangélicos que, en aras
de un equivocado “ecumenismo”, llaman a los católicos romanos
“hermanos”. ¿Cómo ha sido esto posible?. Ocurre que la iglesia
de Roma, sin cambiar su mensaje idolátrico y semi-pelagiano, ha
comenzado a hablar el “lenguaje” de muchos evangélicos, y estos
ilusos llegan a pensar que “si hablan nuestra misma lengua seguro
predican el mismo mensaje que nosotros”. De este modo se fijan que
en la Renovación Carismática Católica “hablan en lenguas” y se
producen sanidades al grito de “¡aleluya!”, pero no que esto
sucede en medio del “sacrificio” de la misa y entre las imágenes
de vírgenes y santos.
Los
evangélicos que realizan reuniones conjuntas con los católicos
romanos deberían pensar que clase de mensaje están transmitiendo.
Porque el católico dirá; “si soy admitido en un plano de igualdad
en la reunión evangélica es porque no tengo nada que cambiar”. Es
un gravísimo error tratar a los que están siguiendo el camino de la
perdición como si fueran hijos de la Luz. Un evangélico coherente
debe saber que el católico romano debe convertirse para ser salvo, y
si él lo admite en el actual estado a la comunión de los hijos de
Dios, deberá responder por ello ante el Señor por contribuir a la
perdición de un alma. ¿Piensan quizás que compartiendo,
haciéndolos sentir cómodos “como si estuvieran en su casa” es
el modo de ganarlos para la causa evangélica?. Método erróneo es
el que utilizan, pues en un país mayoritariamente católico, le es
muy difícil competir en servicios a la comunidad a una congregación
evangélica respecto de una parroquia católica y, si como ya
dijimos, da lo mismo pertenecer a una u otra iglesia ¿para que la
problemática de la conversión y la pérdida de beneficios
educativos, sociales o de esparcimiento?.
Los
pastores evangélicos deben ser verdaderos administradores de los
misterios de Dios y reacios en cuanto a participar en ceremonias
ecuménicas; como asimismo estrictos respecto a quienes admiten a
participar de la mesa de los hijos de Dios. La lógica exige que si
se permite hoy una reunión conjunta con los católicos en un templo
evangélico, mañana deberemos permitir lo mismo en un templo
católico. Pregunto: ¿podemos orar junto con los espiritistas?, ya
lo creo que no, entonces vuelvo a preguntar: La virgen María y los
llamados “santos” por el catolicismo ¿no son seres humanos
difuntos? ¿es o no espiritismo su culto?. ¿Me pueden explicar cómo
es posible para cualquier espíritu creado estar a la vez en varios
lugares distintos de este mundo escuchando a sus devotos?, ¿no es la
Omnipresencia un atributo exclusivamente divino?. Esto también
se aplica, y de un modo particular, a la virgen María "asunta
en cuerpo y alma al cielo".
Si
hay imágenes sagradas por distintos hechos milagrosos asociados a
ellas ¿esto es sí o no idolatría?. Siempre es bueno recordar
que el pueblo de Israel adoró a un becerro de oro del que
dijeron: “este es Jehová que nos libró de la esclavitud de
Egipto”. Si sólo hay un mediador y Sacerdote, cuyo sacrificio fué
ofrecido una vez para siempre ¿porqué los ministros católicos
afirman “sacrificar de manera incruenta” al Señor en cada misa
liberando a las almas de los difuntos de un supuesto lugar de
tormentos llamado Purgatorio? ¿Cómo entender que se llame a la
virgen María “corredentora, abogada nuestra, mediadora de todas
las gracias”?. . . .
No
creo que ningún evangélico, liberal o conservador, pueda cambiar el
criterio de los reformadores al respecto.
(Pablo
Claudio Salvato
miércoles
02/04/2014)
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