sábado, 3 de enero de 2015
martes, 30 de diciembre de 2014
Thomas Bridges
Infancia
En 1856 George Despard se mudó a las islas Malvinas a hacerse cargo de la misión anglicana establecida en la isla Keppel o Vigía, llevando consigo a su esposa, sus hijos y su hijo adoptivo Thomas Bridges. Desde esta misión iniciaron los trabajos misionales trasladando a yámanas desde el canal Beagle a las Malvinas para su educación cristiana. En esos años Thomas Bridges comenzó a aprender la lengua de los yámanas y escribió un diccionario con aproximadamente 30.000 palabras.
En 1859, Despard creyó que los yámanas ya estaban lo suficientemente acostumbrados a estar con el hombre blanco y envió un barco con personas para establecer una misión Wulaia (al oeste de la isla Navarino), pero durante la primera ceremonia religiosa los yámanas mataron a todos los navegantes excepto el cocinero que se había quedado en el barco. En 1861 Despard se entera de que habían fracasado y Thomas decide quedarse en Malvinas. En el año 1863 Thomas hace su primer viaje a Tierra del Fuego y la ventaja que él tenía era que podía hablar el idioma yámana, y de esa forma decirles que no quería lastimarlos y solo quería ayudar.
La Sociedad Misionera Patagónica
Cuatro años más tarde, Thomas Bridges y el nuevo director de la Sociedad Misión Patagonia Waite Stirling visitaron Tierra del Fuego. Como Thomas Bridges conocía el idioma, fueron bien recibidos. Comenzaron a llevar yámanas a las Malvinas, donde fueron catequizados y se les enseñó carpintería, horticultura, etc. En 1869, el misionero Stirling se estableció en Ushuaia, donde fundó una nueva misión. Este misionero se quedó allí por dos años.
Mientras tanto, Thomas Bridges viajó a Inglaterra y fue ordenado diácono anglicano, allí se casó con Mary Ann Varder y luego regresó a las Malvinas. Junto con él viajaron John Lawrence y su familia.
Ushuaia
Dos años más tarde, se instalaron los Bridges en la misión de Ushuaia, junto con los Lawrence y los Lewis y varias familias yámanas que habían vivido en la misión de las Malvinas, quienes trataron de vivir de manera sedentaria y cosechando huertos. En los siguientes años Thomas Bridges fue padre de varios hijos.
En 1884 el gobierno argentino estableció una subprefectura en Ushuaia en donde se hallaba la misión. Thomas Bridges aceptó la soberanía argentina sobre la misión e izó la bandera argentina, a su vez, el gobierno reconoció y brindó apoyo a la misión.
Harberton
Dos años más tarde Thomas Bridges renunció a la misión y viajó a Buenos Aires a entrevistarse con el perito Francisco Pascasio Moreno, Bartolomé Mitre y Julio Roca para que le dieran una porción de tierra para fundar una estancia en Tierra del Fuego. El 28 de septiembre de 1886 le entregaron 20.000 hectáreas a 60 kilómetros al este de Ushuaia. Allí fundó la Estancia Harberton, nombre dado en honor al lugar de nacimiento de la esposa de Thomas Bridges, en Harberton, Devon. Esta estancia fue la primera en el canal Beagle y la primera que introdujo el ganado vacuno y lanar en Tierra del Fuego.
Poco después se inició la fiebre del oro en Tierra del Fuego, con terribles consecuencias para los indígenas (yámanas y selknam), ya que se produjeron matanzas y violaciones de mujeres. Lo que provocó (junto con otras causas) un brusco descenso de las poblaciones aborígenes, las cuales quedaron prácticamente al borde del exterminio.
En 1898 murió Thomas Bridges en un viaje a Buenos Aires a los 56 años de edad.
Fue inhumado en el actual, Cementerio Británico de Buenos Aires ubicado en el barrio de la Chacarita.
Bridges se encargó de eliminar las falacias de Charles Darwin respecto que los selk’nam eran “bestias” y “caníbales”. Tradujo el evangelio de Lucas, el de Juan y los Hechos de los Apóstoles al idioma yagán. Además publicó un diccionario de esa lengua, que con alrededor de 32.000 entradas, es el primero y más completo que existe.
http://es.wikipedia.org/wiki/Thomas_Bridges
Allen Francis Gardiner
Por allá por 1820, Allen Francis Gardiner navegaba a las ordenes de Sir Henry Lockwood. El suyo era un mundo ordenado, uniformado, disciplinado, y tan previsible como casi todo lo era si se pertenecía a la Marina de Su Majestad.
Navegó por el Oriente, conociendo Ceilán, Manila, Macao, hasta Penang en China. El viaje de regreso, tocando Nueva Zelanda, lo llevó hasta las costas americanas, donde ya en 1821, estuvo en las islas Juan Fernández, justo cuando Chile se encontraba en plena guerra de independencia. Finalmente, fondearon en el puerto de Valparaíso, y partiendo desde allí, Gardiner visitó Santiago, y en el Perú, conoció al general San Martín.
Retornaron por la Polinesia y por Australia. Tal vez conoció a muchos infieles por todo el mundo, puesto que una vez en Londres, Gardiner ofreció sus servicios a una sociedad misionera. Se casó con Julia Susanna Reade, tuvieron cinco hijos.
Trece años más tarde, fallecen la esposa y un hijo; no tiene otra alternativa que pedir la baja de la Marina para atender a sus hijos y buscarles otra madre.
Para 1834, ya totalmente decidido a dedicarse a Dios, parte hacia África como misionero, y financia sus recorridos vendiendo biblias. Se interna en territorio zulú donde, poco antes, había sido asesinado el temido rey Chakka a quien reemplazaba ahora su hermano Dingarn.
En África, Gardiner organiza una ciudad y traza sus planos, llamándola Durban en homenaje al gobernador local. Al fin, consigue madre para sus hijos, se casa con Elizabeth Marsh.
En 1837, en ciudad de El Cabo, se le muere otra hija. Al fin se convence que el África no lo quiere recibir, y regresa a Inglaterra cuando se producen los enfrentamientos entre boers y zulúes.
Pero no pierde su entusiasmo. Al año siguiente, está en Río de Janeiro con su nueva esposa y los hijos que le quedan. Ahora intenta ser misionero en Sudamérica, recordando a los indígenas que conoció en Chile y Perú en 1821. Llega a Montevideo, donde presencia el fusilamiento de 80 indios y un oficial; logra cruzar a Buenos Aires no obstante el bloqueo francés. Parte en galera, con su familia, y en 14 días llega a Mendoza. Se hospeda en una chacra propiedad del gobernador Félix Aldao, para aguardar la llegada de la primavera antes de intentar el cruce de la cordillera.
Cruzan los Andes por el paso de Uspallata, llevando a los niños en cestos. Llegan a Santiago. El río Bío Bío es en Chile la frontera con los indios mapuches. Se traslada a Los Ángeles, pero sigue al sur, buscando un lugar para instalar su misión. Mientras, sigue vendiendo, cuando puede, algunas biblias. Finalmente, se entrevista con el cacique Corlaban, pero se retira porque le advierten de la belicosidad de los huiliches. Se repliega a Concepción.
En 1839 Gardiner se traslada vía marítima a Valdivia. Sigue viaje más al sur, hasta el lago Ranco, donde el cacique Naggiman le autoriza a instalarse, pero sólo "por una luna". Ahora emprende viaje a Osorno. Habla con los indios locales, que tampoco le permiten quedarse. Desde Valparaíso, al fin embarca hacia Sydney, decidido a radicarse en nueva Guinea, donde se encuentra durante 1841, y tampoco tiene éxito. Se vuelve a Valparaíso. Decide intentar suerte en Chiloé, y se embarca hacia Ancud, pero este mismo año regresa a Valparaíso para dirigirse, con su esposa y dos hijos, aún más al sur. Arriban a las Malvinas a bordo del "Juana" para la Navidad, a Puerto Louis, donde viven 49 personas en chozas, y no hay autoridad alguna.
Llega a las Malvinas en calidad de Gobernador el capitán Richard Moody, en 1842. Gardiner deja a la familia en Puerto Louis, contrata la goleta "Montgomery" de Charles Melville que lo lleva a la isla Nueva, en el canal de Beagle, donde encuentra a dos balleneros en plena actividad. Aquí le hablan de la tribu tehuelche que anda por la banda norte del estrecho de Magallanes, y del criollo San León, o Santos Centurión, que viaja con la tribu. Al fin, la misma "Montgomery" lo cruza a la costa fueguina y de aquí sigue a la bahía Gregorio. Centurión le cuenta que un año atrás falleció la reina María, que conoció a los misioneros Titus Coan y William Arms, y Gardiner se convence de la buena voluntad de esta gente para conocer la palabra de Dios.
Regresa contento a Puerto Louis, donde están las naves "Erebus" y "Terror", al mando respectivamente de los capitanes James Ross y Francis Crozier, que se dirigen a la Antártida en misión científica. Gardiner parte hacia Inglaterra, ahora sí convencido que ha encontrado su destino.
Después de seis años de recorrer el mundo con su familia, buscando empeñosamente un lugar donde oficiar como misionero y vendiendo biblias, llega a Inglaterra en 1843..
Se organiza, recauda donaciones, y rápidamente zarpa, a bordo de un carbonero, con destino a la Isla de los Estados, esta vez solo. Hace escala en Montevideo, que está rodeada por las fuerzas de Oribe, aliado de Rosas. El puerto está otra vez bloqueado pero igual se las arregla para cruzar a Buenos Aires. Aquí conoce al pastor John Armstrong quien lo ayuda. Viaja hacia el norte a predicar y vender biblias. Llega a Córdoba en diligencia y visita al gobernador Manuel "Quebracho" López. En Santiago del Estero gobierna Felipe Ibarra, Gardiner sigue vendiendo biblias. Finalmente, en Tucumán se entrevista con el gobernador Celedonio Gutiérrez y sigue con sus biblias, aunque el cura católico avisa a los feligreses, durante sus sermones, que se trata de "libros herejes". Regresa a Montevideo.
Gardiner está de vuelta en Inglaterra, después de siete meses de ausencia, y se dedica a organizar una Sociedad Misionera propia.
Acompañado por Robert Hunt, cruza el Atlántico en 1845, en viaje relámpago, directo a la bahía San Gregorio para ir preparando las cosas; reembarca hacia Valparaíso y en junio está de vuelta en Inglaterra.
En setiembre del mismo año, el incansable Gardiner llega una vez más a Montevideo, justo que Inglaterra y Francia están en guerra con el gobierno de Buenos Aires. Buenos Aires a la vez tiene conflictos con la provincia de Corrientes y con el Paraguay, y Gardiner quiere viajar al Pilcomayo! Y lo hace: embarca hacia Valparaíso vía cabo de Hornos...
Arriba a Valparaíso en 1846, y de aquí se traslada al puerto boliviano (sí, boliviano) de Cobija. Para marzo llega, nomás, al Pilcomayo, después de un penosísimo trayecto. Debido a la disentería se repliega a San Luis de la Frontera, donde lo visita el gobernador Sebastián Estensoro, quien le promete su apoyo si presenta un proyecto concreto de evangelización de los indios ante el Congreso de Bolivia. Feliz porque al fin dispone de apoyo institucional, Gardiner retorna a Cobija desde donde se dirige a Panamá y a Inglaterra.
En Bolivia, cambian las autoridades debido a una revolución: Gardiner otra vez se queda sin la garantía oficial para instalarse en el Gran Chaco. Así que se dedica a recorrer Inglaterra y Escocia recaudando fondos, nuevamente pensando en la región fueguina.
En Oxford, Inglaterra, corriendo el año 1847, se conocen Waite H. Stirling y Allen F. Gardiner; éste último ya había fundado la Sociedad Misionera de la Patagonia.
En setiembre del siguiente año, Allen Gardiner y sus colaboradores navegan en el "Clymene" hacia la isla de los Estados y desembarcan en la isla Picton; reman hasta Banner Cove con los botes que se han traído, levantan una choza y ... aparecen indios canoeros.
Resultan tan molestos los indios yaganes, que Gardiner regresa al barco y parte una vez más, no sin dejar un par de cabras y plantar algunas semillas. Aquí concibe la idea de una misión flotante-itinerante para recorrer toda la región constantemente. Regresa a Inglaterra por Panamá, visitando otra vez Perú, de pasadita, donde vende algunas biblias más. Ya llegó el año 1849.
Gardiner emprende otra vez la recaudación, para lo que no es muy bueno, pero conoce a George Packenham Despard, que queda a cargo de la administración de la Misión y recorre el país recaudando fondos, resulta muy bueno en esto. Lejos de abandonar el proyecto, ahora que tiene un buen recaudador, Gardiner quiere ir a Wulaia, donde FitzRoy dejó a Jemmy Button en 1832.
Como no han reunido suficiente como para construir un bergantín, compran dos pequeños veleros que, como novedad, tienen casco de hierro, lo que consideran adecuado para la zona austral. Son bautizados "Speedwell" y "Pioneer".
Con sus dos veleros, Gardiner arremete nuevamente. En esta oportunidad, incorpora al cirujano Richard Williams, a un catequista llamado John Maidmant, al carpintero Joseph Erwin y a tres robustos pescadores de Cornwall: Badcok, Pearce y Bryant.
El 5 de diciembre de 1850, después de 3 meses de viaje, los barcos de Gardiner llegan a Tierra del Fuego, a la isla Picton, donde aún pastan las cabras que dejara un año antes; el "Ocean Queen" que los trajo se va, así que desde ahora, sólo dependen de sus dos lanchones. Reencuentra a los indios que quieren apoderarse de todo lo que ven. Como no pueden detenerlos, ni combatirlos (la misión es evangelizadora), vuelven a cargar lo que pueden salvar y parten.
Los yaganes persiguen constantemente a Gardiner, con sus canoas más ligeras que las pesadas embarcaciones misioneras. Finalmente, encuentra reparo en Spaniard Harbor (Bahía Aguirre). No es buena costa, el "Pioneer" queda destrozado, y los hombres comienzan a tener problemas de salud. El mar invade la cueva donde viven, barriendo con todo, incluyendo las biblias. Así que se decide y, con el "Speedwell", navega hasta la isla Picton, donde pinta grandes mensajes para algún buque de auxilio, sobre los peñascos de Banner Cove: "Caven aquí abajo vayan a Spaniard Harbor marzo 1851" y debajo, entierra una botella conteniendo un mensaje.
Del 22 de junio es la última anotación en el diario de Williams. Sus últimas palabras: "La voluntad del Señor sea hecha". Bradcock es el primero en morir.
En julio, Gardiner escribe que hace siete semanas que están a ración reducida y que, últimamente, aún ésta ha sido limitada por la necesidad. En agosto mueren Edwin y Bryant.
El 4 de setiembre Allen Francis Gardiner hace la última anotación en su diario: "Alabanza a Dios, gratitud al prójimo".
Allen fue el último en morir, y la primavera llegó sin que hubieran logrado compartir el evangelio de Dios ni siquiera a un indio yagán. Estos son algunos de los textos que escribió en su diario: «Señor, a tus pies vengo humildemente, y te entrego todo lo que poseo, todo lo que exige tu amor. La escasez es buena, porque todo es tuyo, cuídame en este tiempo de prueba. No permitas que piense como un quejoso. Permíteme sentir tu poder que da vida y aprenderé a adorarte mientras llevo tu cruz.»
El 29 de agosto de 1851, a los cincuenta y siete años, cuando el invierno llegaba a su fin, se despidió de su esposa y de sus hijos e incluyó estas palabras: «Si algún hermano estuviera dispuesto a cumplirme un deseo, le suplicaría que continúe la misión en Tierra del Fuego con vigor. Pero el Señor dirigirá y hará todas las cosas porque el tiempo y la razón pertenecen a él, sus corazones están en Sus manos…».
Allen fue el último en morir, y la primavera llegó sin que hubieran logrado compartir el evangelio de Dios ni siquiera a un indio yagán. Estos son algunos de los textos que escribió en su diario: «Señor, a tus pies vengo humildemente, y te entrego todo lo que poseo, todo lo que exige tu amor. La escasez es buena, porque todo es tuyo, cuídame en este tiempo de prueba. No permitas que piense como un quejoso. Permíteme sentir tu poder que da vida y aprenderé a adorarte mientras llevo tu cruz.»
El 29 de agosto de 1851, a los cincuenta y siete años, cuando el invierno llegaba a su fin, se despidió de su esposa y de sus hijos e incluyó estas palabras: «Si algún hermano estuviera dispuesto a cumplirme un deseo, le suplicaría que continúe la misión en Tierra del Fuego con vigor. Pero el Señor dirigirá y hará todas las cosas porque el tiempo y la razón pertenecen a él, sus corazones están en Sus manos…».
El capitán Gardiner murió en septiembre de 1.851. Las últimas líneas que escribió en su diario, el 6 de septiembre, fueron: «Nuestro querido hermano Maidment se marchó el martes por la tarde en busca de comida y todavía no ha regresado. Con seguridad ya debe de estar en la presencia del Redentor, a quien sirvió con fidelidad. En breve, y por la gracia de nuestro Señor, nos encontraremos todos para cantar alabanzas a Cristo por la eternidad. No tengo hambre ni sed, aunque ya hace cinco días tragamos el último bocado. Maravillosa bondad y amor hacia mí, un pecador».
El 21 de octubre, la "John E. Davison" al mando del capitán William Smiley y con Piedra Buena como oficial, encuentra la "Speedwell" y los cadáveres de Williams y Pearce a bordo, y a Bradcock apenas sepultado en las inmediaciones. Se retira por un temporal sin haber encontrado a los demás.
En enero de 1.852, bajo la orden de la Marina, el barco «Dido», comandado por el Capitán Moorshead, guiado por las pinturas de las rocas de Pictón, encontró el velero Pioneer. Su tripulación enterró a los seis hombres y rescató el diario de la misión. Gardiner, el doctor, el maestro de la Palabra y los marineros murieron de hambre, frío y enfermedad.
Este hombre, de increíble voluntad, intentó evangelizar a los paganos de África, a los indios chilenos Araucana, a los nativos de Nueva Guinea, a los indios tehuelches del estrecho de Magallanes, a los indios caco de Bolivia y a los yaganes del Canal de Beagle. Por el rechazo que sufrió en todos estos lugares, se convirtió en el primer mártir de Tierra del Fuego.
Si se piensa en la época, en las condiciones en que viajó, los lugares por los que anduvo y las distancias que recorrió, se concluye que dar la vuelta en 80 días en globo, vendría a ser turismo de cinco estrellas.
Su misión no concluyó con su muerte; fue continuada por Despard, padre adoptivo de Thomas Bridges, quien fue el primer residente de Ushuaia...
sábado, 27 de diciembre de 2014
El Regreso del Señor
Texto: Evangelio según San Lucas 19: 11-27 (parábola de las diez minas)
La mina era una moneda que equivalía a cien dracmas. Una dracma era el salario diario de un jornalero y equivalía casi a cuatro gramos de plata. La parábola tiene por finalidad expresar que, los que se hayan esforzado en el servicio del Señor recibirán premio y, los negligentes, castigo. Pero es importante que comprendamos que está referida a la segunda venida de Nuestro Señor, pues en el versículo 11 se nos dice que: “ellos pensaban que el reino de Dios se manifestaría inmediatamente”. Y puesto que los discípulos pensaban así, Jesús les tuvo que hacer saber que habría una demora. En el relato paralelo de Mateo 25, en el versículo 19 dice: “después de mucho tiempo vino el Señor”. En el texto que nos ocupa, Jesús se compara con un hombre de noble cuna que fue a un “país distante” para que lo nombraran rey y regresar después. Con el tiempo, los discípulos comprendieron que lo que el Señor quería decir era que Él tenía que ascender a los cielos para ocupar su trono allí, antes de poder regresar nuevamente a la tierra como Rey. La comparación misma con un viaje a un país distante, hace resaltar el hecho de que estaría fuera por largo tiempo. Cuánto tiempo sería, Jesús no lo dijo. Dios Padre retuvo la información del regreso de su Hijo con el fin de evitarnos los peligros de la tardanza. En Mateo 24:48-51 nos dice el porqué: allí se habla de un siervo malvado que se decía a sí mismo:-“Mi Señor tarda en venir”; y ¿qué es lo que hizo?, comenzó “a golpear a sus consiervos, y aún a comer y a beber con los borrachos”; por lo que nos dice la Palabra que:”Vendrá el Señor de aquel siervo el día que este no espera, y a la hora que no sabe, y lo castigará duramente, y pondrá su parte con los hipócritas; allí será el lloro y el crujir de dientes”. Es decir que, el ocultamiento de esta información, tiene como motivo que nos mantengamos vigilantes, preparados para el momento en que Él vuelva.
Se cuenta de una buena vecina que afectuosamente recriminaba a una ancianita que cuidaba una casa, por su celo en barrer y limpiar todos los días gastando sus pocas fuerzas, cuando sus patrones estaban ausentes la mayor parte del año. Ella le contestó: “-Como no se cuando vuelven, no quiero que me sorprendan con la casa sucia”. Y es así, hermanos y amigos, el Señor viene y no sabemos cuando, por lo que es necesario estar preparados, sin nada sucio ante su aparición. Para que muchos no nos sintamos tentados a seguir el ejemplo del siervo malvado del relato, el Padre Celestial dispuso que no conozcamos el momento en que regresará Jesús, porque de esta manera hay mayor posibilidad que seamos fieles si sabemos que debemos estar siempre alertas, listos en cualquier momento para recibirlo.
Pero aunque Jesús indicó que pasaría mucho tiempo, insistió repetidamente que su venida sería tan repentina como inesperada. Los creyentes fieles no serían tomados por sorpresa, porque ellos estarían esperando y trabajando, sin importarles lo mucho que se tarde la venida del Señor (Lc. 12:35-38). Solo serían sorprendidos si dejaban que sus corazones “se carguen de glotonería y embriaguez y de los afanes de esta vida” (Lc. 21:34). En tal caso vendría de repente sobre ellos aquel día, inesperado “como un lazo”. Jesús nos advirtió en Lc. 21:36: “Velad, pues, en todo tiempo, orando que seáis tenidos por dignos de escapar de todas estas cosas que vendrán, y de estar en pie delante del Hijo del Hombre”. Y entre las últimas palabras de Jesús que recoge el Nuevo Testamento, se halla esta declaración: “¡He aquí, vengo pronto!” (Apoc. 22:7).
La Palabra de Dios nos advierte que algunos se burlarán diciendo: “¿Dónde está la promesa de su advenimiento? Porque desde el día en que los padres durmieron, todas las cosas permanecen así como desde el principio de la creación” (2 Pedro 3:4). Sin embargo, debemos recordar que Dios no mira el tiempo del mismo modo que nosotros, ya que “para con el Señor un día es como mil años, y mil años como un día” (2 Pedro 3:8). A nuestro Dios le interesa de manera particular la tardanza, ¿para qué? Para que los creyentes puedan seguir predicando el Evangelio y haya mayor número de personas que acudan al arrepentimiento. Los dones del Espíritu Santo constituyen a los miembros del Cuerpo de Cristo, que tiene como función hacer la obra que cada día crezca el número de los salvados. Si los creyentes son negligentes, no se hace la obra redentora, porque “¿cómo se convertirán si no hay quién predique?”. El Reino se establecerá con la venida del Señor, pero cada día se establece en aquel corazón en el cual Cristo pasa a reinar con su Palabra y su Espíritu Santo.
Por consiguiente, hermanos y amigos, tenemos que comprender que es bueno vivir en la tensión entre el “ya viene el Señor” y el “todavía no”. Jesús comparó el mundo del momento de su venida con aquel de los días de Noé: a pesar de las advertencias, de la predicación, de la construcción del arca y el juntar los animales, las personas no hacían caso, no se arrepentían y se burlaban de Noé, porque no creían que podía venir el juicio divino. El día del diluvio fue para ellos como cualquier otro día, hicieron planes para comer, trabajar y festejar; sin embargo, en ese día, el mundo que conocían llegó a su fin. Lo mismo ocurrirá con el mundo presente: va a seguir ciegamente adelante haciendo sus propios planes hasta el día en que Jesús regrese.
Tal como lo confirma Mt. 24:40-41: “estarán dos en el campo; el uno será tomado, y el otro será dejado. Dos mujeres estarán moliendo en un molino; la una será tomada, y la otra dejada”. Es decir, las personas estarán dedicadas a sus tareas diarias normales, y de pronto vendrá la separación entre los creyentes y los incrédulos.
Si bien el Señor no nos recomendó estar pendientes de las señales de su venida para que, de este modo, la Iglesia esté siempre preparada. Sin embargo nos dice en Mt. 24: 32-35: “De la higuera aprended la parábola: cuando ya su rama está tierna y brotan las hojas, sabéis que el verano está cerca. Así también vosotros, cuando veáis todas estas cosas, conoced que está cerca, a las puertas. De cierto os digo, que no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán”.Este pasaje es muy importante, en vista de que algunos burladores modernos, se empecinan en desmentir que nos hallamos en los últimos tiempos y que el regreso del Señor está cercano. Para ellos el aumento de la delincuencia y la inseguridad, las guerras, terremotos y otras señales, no tienen nada de particular respecto a otras épocas históricas. Terminan repitiendo como el siervo malvado de la parábola: “Mi Señor tarda en venir”. Pero si el constante movimiento mundial hacia la unificación económica y política no fuera suficiente para llamar poderosamente nuestra atención (vean cuanta similitud hay entre la globalización y Babilonia la Grande de la profecía), si lo deben hacer estas palabras enfáticas del Señor Jesús: "El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán". Las señales anunciadoras del fin, fueron pronunciadas en el contexto de la caída de Jerusalén, lo que efectivamente se lleva a cabo en el año 70 de nuestra era por las huestes romanas del emperador Tito que destruyen la ciudad y el templo, ¡cuarenta años después y de manera precisa como lo predijo el Señor!. Un hermano expresó en una oportunidad: la higuera es el pueblo de Dios; los brotes son las señales ¡pero el verano es el Señor mismo!; así que, más allá de las señales, nuestra gran seguridad es que ¡el Señor viene!, aunque se tarde, como el florecimiento de la higuera en el verano, ¡Maran Athá!.
No queremos ser alarmistas, pero las señales del regreso del Señor se están cumpliendo a un ritmo vertiginoso, y los cristianos no parecen muy entusiasmados con ello. Se cuenta que, en cierta ocasión, un predicador hizo esta pregunta a su congregación:-“¿Cuántos de ustedes quieren ir al Cielo? ¡Pónganse de pie en sus lugares!”. Sin dudarlo un momento, todo el auditorio se puso de pie. El predicador les dijo entonces:-“¿Cuantos quieren ir ahora mismo?”. Aturdidos ante la inesperada pregunta, todos volvieron rápidamente a sentarse en sus lugares. Muchísimos cristianos son como los del relato: cantan fervorosamente himnos relacionados con el tema de la segunda venida, pero prefieren que el regreso del Señor se retarde lo suficiente. Hablamos del Cielo mientras trabajamos más para este mundo que para el Señor, sin darnos cuenta que es imposible tener un verdadero gozo en la esperanza celestial y decir “venga tu reino”, cuando a la vez estamos profundamente absorbidos por la tierra.
El regreso del Señor tendría que ser uno de los eventos que más reconforta a un cristiano. Debemos velar y amar su venida, aún más allá de esperarla. La Palabra de Dios nos exhorta a que estemos alerta, pues vendrá de repente y falta muy poco para que este evento se cumpla. Debemos tener en cuenta que, si la recompensa del Señor será grande, también lo será el castigo para todos aquellos que no supieron apreciar el perdón que Dios ofrece en el sacrificio de Cristo durante este tiempo de gracia. Por lo tanto, si alguien no es del Señor, que no pierda tiempo y acuda a Cristo ahora, no pierda esta oportunidad, pues se termina la época de la gracia, y el Señor viene a buscar a quienes hayan puesto su fe y confianza en Él como Salvador personal y Señor de sus vidas. Los creyentes deben vivir cada día expectantes de su aparición afirmando sus corazones en santidad delante de Dios. Lo cual implica que deben mostrar la realidad de una vida separada de todo aquello que no agrada al Dueño de sus almas.
Sería beneficioso reflexionar que virtudes tiene para nosotros el pensamiento del regreso del Señor, si lo estamos esperando de forma pasiva; si motiva nuestras vidas haciéndonos más fieles, más consagrados, más cuidadosos de nuestras acciones públicas y privadas; si nuestros corazones arden frente a este evento. Confrontemos nuestras vidas cada día con la voluntad del Señor expresada en las Sagradas Escrituras; familiaricémonos con ellas, lo que redundará en la santidad que conviene y corresponde ante Dios.
Hermanos queridos ¡qué gloriosa esperanza! El Señor viene como ladrón en la noche, pero nosotros no estamos a oscuras, porque somos “del día”. Estemos preparados pues, para que cuando Él venga sin aviso, nos encuentre con aceite en las lámparas.
(Pablo Claudio Salvato
09/02/1999)
La mina era una moneda que equivalía a cien dracmas. Una dracma era el salario diario de un jornalero y equivalía casi a cuatro gramos de plata. La parábola tiene por finalidad expresar que, los que se hayan esforzado en el servicio del Señor recibirán premio y, los negligentes, castigo. Pero es importante que comprendamos que está referida a la segunda venida de Nuestro Señor, pues en el versículo 11 se nos dice que: “ellos pensaban que el reino de Dios se manifestaría inmediatamente”. Y puesto que los discípulos pensaban así, Jesús les tuvo que hacer saber que habría una demora. En el relato paralelo de Mateo 25, en el versículo 19 dice: “después de mucho tiempo vino el Señor”. En el texto que nos ocupa, Jesús se compara con un hombre de noble cuna que fue a un “país distante” para que lo nombraran rey y regresar después. Con el tiempo, los discípulos comprendieron que lo que el Señor quería decir era que Él tenía que ascender a los cielos para ocupar su trono allí, antes de poder regresar nuevamente a la tierra como Rey. La comparación misma con un viaje a un país distante, hace resaltar el hecho de que estaría fuera por largo tiempo. Cuánto tiempo sería, Jesús no lo dijo. Dios Padre retuvo la información del regreso de su Hijo con el fin de evitarnos los peligros de la tardanza. En Mateo 24:48-51 nos dice el porqué: allí se habla de un siervo malvado que se decía a sí mismo:-“Mi Señor tarda en venir”; y ¿qué es lo que hizo?, comenzó “a golpear a sus consiervos, y aún a comer y a beber con los borrachos”; por lo que nos dice la Palabra que:”Vendrá el Señor de aquel siervo el día que este no espera, y a la hora que no sabe, y lo castigará duramente, y pondrá su parte con los hipócritas; allí será el lloro y el crujir de dientes”. Es decir que, el ocultamiento de esta información, tiene como motivo que nos mantengamos vigilantes, preparados para el momento en que Él vuelva.
Se cuenta de una buena vecina que afectuosamente recriminaba a una ancianita que cuidaba una casa, por su celo en barrer y limpiar todos los días gastando sus pocas fuerzas, cuando sus patrones estaban ausentes la mayor parte del año. Ella le contestó: “-Como no se cuando vuelven, no quiero que me sorprendan con la casa sucia”. Y es así, hermanos y amigos, el Señor viene y no sabemos cuando, por lo que es necesario estar preparados, sin nada sucio ante su aparición. Para que muchos no nos sintamos tentados a seguir el ejemplo del siervo malvado del relato, el Padre Celestial dispuso que no conozcamos el momento en que regresará Jesús, porque de esta manera hay mayor posibilidad que seamos fieles si sabemos que debemos estar siempre alertas, listos en cualquier momento para recibirlo.
Pero aunque Jesús indicó que pasaría mucho tiempo, insistió repetidamente que su venida sería tan repentina como inesperada. Los creyentes fieles no serían tomados por sorpresa, porque ellos estarían esperando y trabajando, sin importarles lo mucho que se tarde la venida del Señor (Lc. 12:35-38). Solo serían sorprendidos si dejaban que sus corazones “se carguen de glotonería y embriaguez y de los afanes de esta vida” (Lc. 21:34). En tal caso vendría de repente sobre ellos aquel día, inesperado “como un lazo”. Jesús nos advirtió en Lc. 21:36: “Velad, pues, en todo tiempo, orando que seáis tenidos por dignos de escapar de todas estas cosas que vendrán, y de estar en pie delante del Hijo del Hombre”. Y entre las últimas palabras de Jesús que recoge el Nuevo Testamento, se halla esta declaración: “¡He aquí, vengo pronto!” (Apoc. 22:7).
La Palabra de Dios nos advierte que algunos se burlarán diciendo: “¿Dónde está la promesa de su advenimiento? Porque desde el día en que los padres durmieron, todas las cosas permanecen así como desde el principio de la creación” (2 Pedro 3:4). Sin embargo, debemos recordar que Dios no mira el tiempo del mismo modo que nosotros, ya que “para con el Señor un día es como mil años, y mil años como un día” (2 Pedro 3:8). A nuestro Dios le interesa de manera particular la tardanza, ¿para qué? Para que los creyentes puedan seguir predicando el Evangelio y haya mayor número de personas que acudan al arrepentimiento. Los dones del Espíritu Santo constituyen a los miembros del Cuerpo de Cristo, que tiene como función hacer la obra que cada día crezca el número de los salvados. Si los creyentes son negligentes, no se hace la obra redentora, porque “¿cómo se convertirán si no hay quién predique?”. El Reino se establecerá con la venida del Señor, pero cada día se establece en aquel corazón en el cual Cristo pasa a reinar con su Palabra y su Espíritu Santo.
Por consiguiente, hermanos y amigos, tenemos que comprender que es bueno vivir en la tensión entre el “ya viene el Señor” y el “todavía no”. Jesús comparó el mundo del momento de su venida con aquel de los días de Noé: a pesar de las advertencias, de la predicación, de la construcción del arca y el juntar los animales, las personas no hacían caso, no se arrepentían y se burlaban de Noé, porque no creían que podía venir el juicio divino. El día del diluvio fue para ellos como cualquier otro día, hicieron planes para comer, trabajar y festejar; sin embargo, en ese día, el mundo que conocían llegó a su fin. Lo mismo ocurrirá con el mundo presente: va a seguir ciegamente adelante haciendo sus propios planes hasta el día en que Jesús regrese.
Tal como lo confirma Mt. 24:40-41: “estarán dos en el campo; el uno será tomado, y el otro será dejado. Dos mujeres estarán moliendo en un molino; la una será tomada, y la otra dejada”. Es decir, las personas estarán dedicadas a sus tareas diarias normales, y de pronto vendrá la separación entre los creyentes y los incrédulos.
Si bien el Señor no nos recomendó estar pendientes de las señales de su venida para que, de este modo, la Iglesia esté siempre preparada. Sin embargo nos dice en Mt. 24: 32-35: “De la higuera aprended la parábola: cuando ya su rama está tierna y brotan las hojas, sabéis que el verano está cerca. Así también vosotros, cuando veáis todas estas cosas, conoced que está cerca, a las puertas. De cierto os digo, que no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán”.Este pasaje es muy importante, en vista de que algunos burladores modernos, se empecinan en desmentir que nos hallamos en los últimos tiempos y que el regreso del Señor está cercano. Para ellos el aumento de la delincuencia y la inseguridad, las guerras, terremotos y otras señales, no tienen nada de particular respecto a otras épocas históricas. Terminan repitiendo como el siervo malvado de la parábola: “Mi Señor tarda en venir”. Pero si el constante movimiento mundial hacia la unificación económica y política no fuera suficiente para llamar poderosamente nuestra atención (vean cuanta similitud hay entre la globalización y Babilonia la Grande de la profecía), si lo deben hacer estas palabras enfáticas del Señor Jesús: "El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán". Las señales anunciadoras del fin, fueron pronunciadas en el contexto de la caída de Jerusalén, lo que efectivamente se lleva a cabo en el año 70 de nuestra era por las huestes romanas del emperador Tito que destruyen la ciudad y el templo, ¡cuarenta años después y de manera precisa como lo predijo el Señor!. Un hermano expresó en una oportunidad: la higuera es el pueblo de Dios; los brotes son las señales ¡pero el verano es el Señor mismo!; así que, más allá de las señales, nuestra gran seguridad es que ¡el Señor viene!, aunque se tarde, como el florecimiento de la higuera en el verano, ¡Maran Athá!.
No queremos ser alarmistas, pero las señales del regreso del Señor se están cumpliendo a un ritmo vertiginoso, y los cristianos no parecen muy entusiasmados con ello. Se cuenta que, en cierta ocasión, un predicador hizo esta pregunta a su congregación:-“¿Cuántos de ustedes quieren ir al Cielo? ¡Pónganse de pie en sus lugares!”. Sin dudarlo un momento, todo el auditorio se puso de pie. El predicador les dijo entonces:-“¿Cuantos quieren ir ahora mismo?”. Aturdidos ante la inesperada pregunta, todos volvieron rápidamente a sentarse en sus lugares. Muchísimos cristianos son como los del relato: cantan fervorosamente himnos relacionados con el tema de la segunda venida, pero prefieren que el regreso del Señor se retarde lo suficiente. Hablamos del Cielo mientras trabajamos más para este mundo que para el Señor, sin darnos cuenta que es imposible tener un verdadero gozo en la esperanza celestial y decir “venga tu reino”, cuando a la vez estamos profundamente absorbidos por la tierra.
El regreso del Señor tendría que ser uno de los eventos que más reconforta a un cristiano. Debemos velar y amar su venida, aún más allá de esperarla. La Palabra de Dios nos exhorta a que estemos alerta, pues vendrá de repente y falta muy poco para que este evento se cumpla. Debemos tener en cuenta que, si la recompensa del Señor será grande, también lo será el castigo para todos aquellos que no supieron apreciar el perdón que Dios ofrece en el sacrificio de Cristo durante este tiempo de gracia. Por lo tanto, si alguien no es del Señor, que no pierda tiempo y acuda a Cristo ahora, no pierda esta oportunidad, pues se termina la época de la gracia, y el Señor viene a buscar a quienes hayan puesto su fe y confianza en Él como Salvador personal y Señor de sus vidas. Los creyentes deben vivir cada día expectantes de su aparición afirmando sus corazones en santidad delante de Dios. Lo cual implica que deben mostrar la realidad de una vida separada de todo aquello que no agrada al Dueño de sus almas.
Sería beneficioso reflexionar que virtudes tiene para nosotros el pensamiento del regreso del Señor, si lo estamos esperando de forma pasiva; si motiva nuestras vidas haciéndonos más fieles, más consagrados, más cuidadosos de nuestras acciones públicas y privadas; si nuestros corazones arden frente a este evento. Confrontemos nuestras vidas cada día con la voluntad del Señor expresada en las Sagradas Escrituras; familiaricémonos con ellas, lo que redundará en la santidad que conviene y corresponde ante Dios.
Hermanos queridos ¡qué gloriosa esperanza! El Señor viene como ladrón en la noche, pero nosotros no estamos a oscuras, porque somos “del día”. Estemos preparados pues, para que cuando Él venga sin aviso, nos encuentre con aceite en las lámparas.
(Pablo Claudio Salvato
09/02/1999)
NUEVA INCARDINACIÓN Y ACOLITADO EN LA CONGREGACIÓN MARÍA ROSA MÍSTICA (por Daniel do Campo Spada - Notas Cristianas)
El Padre David Tejada, tiene su parroquia Nuestra Señora de Urkupiña en la localidad de Guernica, donde ha sido nombrado Superior Local, completando la tarea del Padre Maximiliano Torres, Superior Regional de la Provincia de Buenos Aires. Tejada tiene una larga trayectoria en la Iglesia Católica Nacional y ha tenido un amplio desarrollo en la formación de Boy scouts.
Además, se le otorgó el acolitado a Pablo Claudio Salvato, de solida formación teológica, filosófica y pastoral que se incorpora a las Iglesias Nacionales que siguen el carisma de San Carlos Duarte Costa. Su tarea pastoral la desarrolla en el barrio de Floresta donde dispone del oratorio Verbo Redentor. Administra un completo sitio web (http://verboredentor.jimdo.com) en el que el creyente encuentra material profundo, de oración y de formación. En la ceremonia fue acompañado por su señora esposa.
Entre los presentes estuvo la visita de la hermana Laura de la Biblioteca Padre Mugica de la localidad de Hudson que oportunamente fundara con Padre Leo, en el Partido de Berazategui que desarrolla una importante tarea educativa con la comunidad.
Además, se le otorgó el acolitado a Pablo Claudio Salvato, de solida formación teológica, filosófica y pastoral que se incorpora a las Iglesias Nacionales que siguen el carisma de San Carlos Duarte Costa. Su tarea pastoral la desarrolla en el barrio de Floresta donde dispone del oratorio Verbo Redentor. Administra un completo sitio web (http://verboredentor.jimdo.com) en el que el creyente encuentra material profundo, de oración y de formación. En la ceremonia fue acompañado por su señora esposa.
Entre los presentes estuvo la visita de la hermana Laura de la Biblioteca Padre Mugica de la localidad de Hudson que oportunamente fundara con Padre Leo, en el Partido de Berazategui que desarrolla una importante tarea educativa con la comunidad.
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