lunes, 5 de diciembre de 2016
domingo, 4 de diciembre de 2016
Lutero, Calvino, Zuinglio y la Navidad
Los tres principales reformadores protestantes –Martín Lutero, Ulrico Zuingio y Juan Calvino- tenían perspectivas diferentes en cuanto a la celebración de la Navidad que siguen con nosotros hasta el día de hoy.
Hoy vamos a explicar brevemente la postura de cada uno de nuestros celebrados antepasados evangélicos.
1.- Lutero, totalmente a favor
A Lutero, el más fogoso, carismático y gracioso de los reformadores, le encantó celebrar la Navidad y predicó muchas veces sobre el nacimiento de Cristo cuando se acercaba el 25 de diciembre.
Puesto que Lutero se aferró al principio normativo en la adoración, esto es, que se acepta todo lo que la Escritura no prohíbe, el alemán se sintió enteramente justificado a la hora de celebrar la encarnación de manera especial una vez al año.
En su sermón ‘Un niño nos es nacido’ (predicado el día 26 de diciembre, 1531) hizo hincapié en la fe de los pastores quienes, “en contra de lo que les dicen sus cinco sentidos […] concluyen: Éste es el Rey, el Salvador, el gran gozo para todo el pueblo. Así, en el corazón de los pastores todo pareció pequeño y nada fue grande sino solamente aquellas palabras del ángel. Tan grandes fueron que aparte de ellas los pastores no vieron nada; se llenaron de ellas y quedaron como embriagados, de modo que se pusieron a propalarlas en alta voz, sin preguntar por lo que podrían decir los grandes señores en Jerusalén que mandaban en el templo y en el [Sanedrín]. Al contrario: sin la menor señal de miedo ante las autoridades predican al Cristo mendigo”.
El mensaje, caracterizado por un tierno espíritu pastoral, se enfoca en el poder de la perfecta justicia de Cristo, la cual nos salva a través de la sola fe en su Evangelio. “En mi propia persona soy un pecador, predica el alemán, pero en Cristo, en el bautismo y en la Palabra, soy un santo”. Allí está el verdadero mensaje de la Navidad. El que es Admirable y Consejero nos limpia de todo pecado por medio de su muerte expiatoria y resurrección.
Lutero se aprovechó de las fechas especiales para dar a conocer las buenas nuevas del Evangelio que los pastores habían oído.
2.- Zuinglio, totalmente en contra
Al otro lado del espectro evangélico estuvo Ulrico Zuinglio. Sin lugar a dudas Zuinglio era el más radical de los tres reformadores magistrales; no obstante, los protestantes más radicales (los anabaptistas) acabaron apartándose del reformador de Zúrich por dos razones: 1) Zuinglio seguía bautizando a los niños; 2) Zuinglio no creyó que la Iglesia tuviese que ser independiente del Estado.
Según van Dellen y Monsma, Zuinglio rechazó todos los días festivos eclesiásticos en Zúrich. 1 Dado que Zuinglio creyó en el principio regulativo de la adoración, a saber, la idea de que las iglesias deben hacer solamente lo que las Escrituras enseñan y exigen que hagan, se opuso a cualquier celebración que no fuese explícitamente mencionada en el texto bíblico. Esta creencia es una de las diferencias clave entre las iglesias luteranas y reformadas.
Fue esa misma convicción tocante al principio regulativo la que llevó a los presbiterianos escoceses y a los puritanos ingleses a rehusar celebrar la Navidad. De hecho, mientras el protestante Oliver Cromwell sirvió como Lord Protector de Inglaterra, Escocia e Irlanda entre 1653-58, llegó a prohibir la Navidad a nivel nacional.
3.- Calvino, cada uno conforme a su conciencia
Como en el caso de la Santa Cena, el que tuvo que mediar entre Lutero y Zuinglio con respecto a la Navidad fue el refugiado francés Juan Calvino.
Aunque Calvino aceptase el principio regulativo de Zuinglio y no el principio normativo de Lutero, creía que cada congregación local podía determinar cómo mejor celebrar (o no celebrar) la Navidad. A pesar de que algunos aseveren que Calvino se opuso a la Navidad, el reformador escribió dos cartas específicas (enero 1551 y marzo 1555) para aclarar su postura al respecto.
En la carta de enero 1551, explica que las autoridades de Ginebra ya habían abolido la celebración de los días festivos antes de que él llegara a la ciudad. Y dice en términos explícitos que él mismo –a nivel personal- sí celebró “el nacimiento de Cristo”.
En la segunda carta, Calvino se opone a aquéllos que critican a ciertas iglesias que deciden conmemorar fechas especiales. Según el francés, estas cuestiones son “asuntos de indiferencia”. Cada iglesia puede tomar la decisión que sea después de haber meditado sobre el tema. En otras palabras, una iglesia tiene libertad en Cristo para celebrar la Navidad o para no celebrarla. Pero no tiene porqué meterse con otras congregaciones que hacen lo contrario.
Conclusión
Estas tres corrientes siguen con el pueblo evangélico hasta el día de hoy. Así que no hay ninguna postura rotundamente evangélica en cuanto a la Navidad.
Personalmente, abrazo la postura de Calvino porque me parece la más madura, sensata y pastoral y la más afín a las palabras del apóstol Pablo: “Uno hace diferencia entre día y día; otro juzga iguales todos los días. Cada uno esté plenamente convencido en su propia mente. El que hace caso del día, lo hace para el Señor; el que no hace caso del día, para el Señor no lo hace” (Romanos 14:5-6).
Así que:
*Si eres de la línea luterana o la calvinista que opta por celebrar la Navidad: ¡te deseo una muy, muy, muy feliz Navidad este año!
*Si eres de la línea zuingliana, la anabaptista o la calvinista que decide no celebrar la Navidad: ¡qué lo pases genial este mes de diciembre!
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1 VAN DELLEN, Idzerd y MONSMA, Martin, The Church Order Commentary (Grand Rapids: Zondervan, 1941), p. 273 citado en WILLIAMS, G.I., Is Christmas Scriptural?
http://www.opc.org/new_horizons/Christmas_scriptural.html
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sábado, 3 de diciembre de 2016
DAYENU
DAYENU:
Significa “más que suficiente” con los favores recibidos de
Dios, nos habría bastado con lo que ya hizo por nosotros o nos dio. Es una canción que forma parte de la celebración de la Pascua judía.
En lo personal, escribí algo así:
DAYENU
Jesús
entregó su Vida por mí, fue crucificado y ¡RESUCITÓ! Perdonó mis
pecados y me dio un Nuevo Nacimiento. DAYENU.
Pero
no sólo tengo Nueva Vida en Cristo Jesús,
sino
que soy SALVA por GRACIA por medio de Jesús. DAYENU.
Pero
no sólo soy Salva por Gracia,
sino
que me libertó de la esclavitud de Egipto y abrió las aguas del Mar
Rojo para que pudiera cruzar a través de él. DAYENU.
Pero
no sólo me condujo en el cruce del Mar Rojo,
sino
que me libró cuando el FARAÓN y su ejército venían por mí.
DAYENU.
Pero
no sólo me libró de faraón,
sino
que me dio VESTIDURAS NUEVAS, me rodeó con su MANTO de JUSTICIA, me
UNGIÓ con ÓLEO de ALEGRÍA, me ROCIÓ con la Sangre del CORDERO, me
puso un NOMBRE NUEVO y me ADOPTÓ como su HIJA en el Nombre de JESÚS.
DAYENU.
Pero
no sólo me adoptó como su Hija,
sino
que me hizo HEREDERA juntamente con Cristo Jesús y CIUDADANA
CELESTIAL de la Nueva Jerusalén Celestial. DAYENU.
Pero
no sólo me dio ciudadanía celestial,
sino
que por Jesucristo, tengo ACCESO DIRECTO al Padre, me llenó de la
Potencia de su Espíritu Santo y me entregó la ARMADURA de Dios que
debo vestir siempre. Efesios 6:10. DAYENU.
Pero
no sólo soy HIJA de un PADRE AMOROSO,
Sino
que cada día RENUEVA sus TIERNAS MISERICORDIAS hacia mí y hacia su
PUEBLO, el PUEBLO de la CRUZ, del cual me dio el privilegio de ser
parte. DAYENU.
Pero
no sólo renueva sus tiernas Misericordias y me dio lugar en su
Pueblo, sino
que derrama BENDICIONES sobre mí y sobre su amado Pueblo de la Cruz.
DAYENU.
Pero
no sólo derrama su Bendición sobre mí,
sino
que cuando CLAMO KUMA ADONAI JESUCRISTO, esto es: ¡Levántate, Señor
Jesucristo!
Levántate
Señor y sálvame, Dios mío,
Dios
mismo se levanta y corre en mi auxilio. DAYENU
Pero
no sólo el mismo Señor Jesús me auxilia,
Sino
que….
HERMANO/A:
¿Te
animas a continuar DAYENU y a compartirlo con otros Hermanos en la
Fe?
O
también puedes utilizar DAYENU como un medio de transmitir a otros
lo que Dios ha hecho por ti y que es “más que suficiente”:
DAYENU.
¿Te
gustó DAYENU? ¿No es hermoso?
DAYENU, DAYENU, DAYENU… ¡Más que
suficiente lo que Dios hizo por nosotros o nos dio!
No sé si existe un DAYENU cristiano
evangélico (quizá lo más aproximado sea el de Kiko Argüello en el segundo video), pero para que tengas una idea de lo que es DAYENU
cantado, a continuación pongo a tu disposición dos DAYENU. El primer video invita a cantar DAYENU a Dios en TODO MOMENTO Y LUGAR.
¡Que el Espíritu Santo te guíe en
la ADORACIÓN a Dios con un DAYENU para el SEÑOR JESÚS!.
(Elena Sanfilippo Ceraso
lunes 28/11/2016)
LA SUCESIÓN APOSTOLICA
SUCESION APOSTOLICA
Revdo. Canónigo Luís A. Quiroga
Revdo. Canónigo Luís A. Quiroga
Cuando una Comunión cristiana afirma que es parte de la Iglesia Católica de Cristo, una de las pruebas de su catolicidad radica en haber preservado la Sucesión Apostólica de obispos, pues sin ella no puede haber ministerio católico sacramental. El ministerio profético, el de la proclamación de la Palabra, lo pueden ejercer todos los bautizados; en cambio, el ministerio sacramental sólo lo ejercen quienes hayan sido ordenados y autorizados por un obispo que haya recibido la autoridad de otros obispos, quienes a su vez la han recibido en sucesión ininterrumpida desde los apóstoles, y éstos del mismo Cristo quien les comisionara diciendo, “Como me envió el Padre, así también yo os envío”. Consecuentemente se deduce que la Sucesión Apostólica en la Iglesia Católica de Cristo, es la autoridad sacramental que recibieron los apóstoles de Cristo, y éstos la transmitieron sin intermisión a obispos que, hasta nuestros días, la han preservado celosamente.
DESARROLLO DE LA SUCESIÓN APOSTÓLICA
Lo que se entiende por Sucesión Apostólica. Sabemos bien que la Iglesia cristiana se extendió hacia el mundo occidental, infiltrándose en los estamentos del Imperio romano y haciéndose presente en pequeñas comunidades que estaban situadas en la hoya del mar Mediterráneo. A medida que la Iglesia iba creciendo, los apóstoles que Cristo puso al frente para cumplir con la misión evangélica, necesitaban “ayudantes” o “consiervos”, tales como Síquico, Enésimo y Aristarco. Estos personajes iban por varios lugares implantando iglesias. Hay que recordar que en la Iglesia apostólica la terminología de “ayudante”, “anciano”, “presbítero” y “obispo” no estaba claramente definida. Era la firme convicción de los apóstoles, y así lo enseñaban, que la parousía o retorno de Cristo se acercaba y que haría de establecer su Reino sempiternamente.Pasa algún tiempo y la tardanza de la parousia provoca algunas sacudidas en las comunidades cristianas. Entonces, a medida que la vida de los apóstoles se acercaba a su fin, surge de forma lógica la idea de sucesión. Además de esto, a los apóstoles les preocupaba la amenaza de divisiones y de cismas en el seno de la Iglesia, cosa que refuerza la idea de que hubiera personas que continuaran promoviendo la misión evangélica.
Los apóstoles bien sabían que su cometido habría de llenar el tiempo intermedio entre los dos advenimientos de Cristo. Esta es una realidad que va sucediéndose y que se ajusta a la dinámica de la historia, aunque no esté totalmente recogida en los textos sagrados.
TRADICIÓN Y SUCESIÓN
La Tradición (paradosis) se encarga de indicarnos el proceso de la Sucesión Apostólica. Esta es una palabra fundamental desde el punto de vista teológico y eclesiológico, y su sentido es algo más que comunicar palabras o doctrinas. Para la Iglesia apostólica la Tradición representaba toda la vía vitae cristiana, es decir, la creencia, la ética, el culto, “el Camino”, la vida cristiana, la norma de fe y práctica. Esta es una opinión que tiene amplia aceptación en el Catolicismo Anglicano contemporáneo. El concepto de tradición se encuentra en uno de los escritos mas antiguos del Nuevo Testamento al referirse a la institución de la Cena del Señor: Porque lo mismo que yo recibí y que venía del Señor os lo transmití a vosotros. Algo parecido se encuentra más adelante cuando el apóstol S. Pablo trata del núcleo de la predicación cristiana, del mensaje del Crucificado y Resucitado cuando dice, lo que os transmití fue, ante todo, lo que yo había recibido: que el Mesías murió por nuestros pecados, como lo anunciaban las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, como lo anunciaban las Escrituras; que se apareció a Pedro y más tarde a los Doce….
El acontecimiento cristiano, como acontecimiento, no se queda en el pasado estáticamente, sino que se “transmite”, se comunica de persona a persona, de comunidad a comunidad, de generación a generación. Esto es lo que entendemos por Tradición.
Aquí es preciso hacer una advertencia muy importante respecto a la autoridad suprema en asuntos de la Fe cristiana. Para el Catolicismo Anglicano, la Biblia es la suprema autoridad, porque ella “contiene todas las cosas necesarias para la salvación”. Obsérvese, necesarias, puesto que pueden haber otras cosas que son importantes, pero no necesarias. Hay que distinguir entre lo necesario y lo opcional.
El Canónigo anglicano F.W. Dillistone nos presenta una mejor inteligencia sobre el concepto de Tradición, cuando sugiere que hay tres posturas frente a ella en función de la Sagrada Escritura. En primer lugar, para la Iglesia Católico Romana la Tradición es independiente de la Sagrada Escritura, y esto está demostrado en la práctica al haber agregado los dogmas de la Inmaculada Concepción de María (1854), la infabilidad papal (1870) y la Asunción de María (1950). En segundo lugar, para el Protestantismo Cristiano, la Sagrada Escritura es independiente de la Tradición, y para su interpretación se confía en la iluminación interna del Espíritu Santo de Dios en la persona humana. Aquí impera el principio protestante de Sola Scriptura. Y en tercer lugar, para el Catolicismo Anglicano, la Santa Escritura y la Tradición son interdependientes.
Aunque para la mente corporativa de la Iglesia la Tradición fue la que se encargó de “producir” la Sagrada Escritura, no obstante, todo aquello que no esté avalado por la Sagrada Escritura no tiene autoridad para la Fe cristiana. La Sagrada Escritura no está situada en una cumbre inaccesible. Es la Tradición que, junto con el empleo de la sana razón y la experiencia humana conforma la norma para interpretar la Sagrada Escritura. Pero lo que hay que poner muy de presente es que para los padres anglicanos de los siglos XVI y XVII que estaban intensamente impregnados de la literatura patrística tales como el arzobispo Thomas Cranmer (1489 – 1556), el obispo John Jewel (1522 – 1571), el obispo Lancelot Andrewes (1555 – 1626), el teólogo y apologista Richard Hooker (c.1554-1600), el arzobispo William Laud (1573– 1645), el obispo John Cosin (1549 – 1672) y el teólogo Herbert Thordike (1598 – 1672), para citar unos pocos de ellos, la autoridad de la Tradición de la Iglesia Primitiva estaba subordinada a la suprema autoridad de la Sagrada Escritura. Esta es la postura del Catolicismo Anglicano hasta nuestros días.
La Tradición supone una fuente u origen en lo cual está la revelación veterotestamentaria y culmina con Jesús, el Cristo. Consecuentemente, en Jesús, la Tradición obtuvo su carácter definitivo y desembocó en los apóstoles, quienes son los legítimos testigos oculares del acontecimiento cristiano. Partiendo de esta fuente, la Tradición abarca el testimonio (martyria), la liturgia o culto (leiturgeia) y el servicio (diakonía). Esto abraza todo el ser eclesial que se desplaza a través del tiempo y del espacio y constituye lo que es la Iglesia apostólica.
Son entonces los apóstoles quienes se encargan de llevar a efectuación la sucesión. Las cartas pastorales nos trazan la pauta de la sucesión. Por ejemplo, Tito y Timoteo reciben la imposición de manos que simboliza la transmisión de autoridad o poder. En tal condición, ellos asumen la responsabilidad de refutar los errores que en su día invadían la Iglesia. Y esta responsabilidad era de carácter terminante: te encarezco, es necesario, no descuides, e incluye combatir la herejía, guardar el depósito de la fe como criterio de ortodoxia, así como también proveer presbíteros (“ancianos”) y diáconos para las Iglesias respectivas.
Todo lo anterior implica la figura del sucesor del apóstol y a la vez perfila la figura del obispo. Los testimonios de algunos padres de la Iglesia se encargan de rubricar lo ya expuesto. Es sobre todo Ignacio de Antioquia quien a fines del siglo I y comienzos del II hace una clara concepción del episcopado. En una de sus cartas dice: “No hagáis nada sin el obispo…. La Iglesia es un pueblo unido en el obispo”. En el obispo continúa la misión apostólica que proviene de Cristo.
Otro testimonio lo encontramos en Clemente, obispo de Roma, (c.96), posiblemente tercer obispo, a quien se denomina, como a otros obispos, “papa”. Valga aquí una aclaración muy importante, a manera de paréntesis. El término griego pápas, y el latino papa, significa “padre”. En el occidente cristiano, y en tiempos primitivos, este término se aplicaba a los obispos. En cambio, en oriente, este término estaba reservado para el obispo de Alejandría. En los tiempos modernos el empleo del término “papa” se emplea para los sacerdotes de las iglesias ortodoxas, y en el resto de las Iglesias católicas se emplea el de “padre”. Fue durante Gregorio VII (c. 1021 – 1085) cuyo nombre secular era Hildebrando, quien en el curso de su régimen papal hizo una serie de reformas en la Iglesia para librarla y depurarla de la simonía y los desafueros sexuales del clero, que en el Concilio de roma celebrado en el año 1073 se prohibió terminantemente el uso del término “papa” para cualquier obispo, a excepción hecha del obispo de Roma.
Otra atestación que avala la Tradición la encontramos en dos figuras muy conocidas, Tertuliano, padre de la Iglesia africana (160 – 225) e Ireneo, obispo de Lyons (1130 – 1200). Es el caso que después de la crisis de la Iglesia de Corinto, en la que además de las divisiones partidistas, Yo soy de Pablo; y yo de Apolos; y yo de Cefas; y yo de Cristo…, se apodera la discordia en esa comunidad debido a la infiltración del movimiento gnóstico. El Gnosticismo, en términos generales, rebajaba la Fe católica a un conocimiento y a una sabiduría meramente humana, a la par que la mezclaba con elementos de la filosofía y la religión griegas. Estos grupos ostentaban tener en sus iglesias obispos, y es aquí cuando Tertuliano les pide en una de sus cartas que presenten las credenciales que demuestren que sus obispos tienen la Sucesión Apostólica ininterrumpida desde el principio.
De otra parte, Ireneo, además de insistir en el carácter sacramental de la ordenación, sostiene que la Tradición apostólica se manifiesta en la Iglesia verdadera, y dicha Iglesia puede citar la lista de obispos designados por los apóstoles, así como también la serie de sus sucesores hasta su día.19 Abundan mucho más los testimonios en los que se indica que la Tradición avala la Sucesión Apostólica, pero no es el caso de adentrarnos más en ello.
Entonces, los conceptos de Tradición y Sucesión Apostólica es lo que diferencia al Catolicismo Anglicano y las demás Iglesias que están en la línea católica, de las otras confesiones cristianas que surgieron en el Continente europeo en virtud de las contingencias de la Reforma Protestante del siglo XVI. Las Iglesias que forman parte del Catolicismo Anglicano han tenido que sufrir violentas críticas de quienes no comulgan con la posesión del inapreciable tesoro como es el de la Sucesión Apostólica, legado de la Tradición cristiana.
Aquí es necesario apuntar que una de las genialidades del Catolicismo Anglicano ha sido la de mantener en el fiel de la balanza la tradición y la innovación. Lo que ha acontecido es que, de una parte, el Catolicismo Anglicano ha eliminado los excesos y prácticas que durante la Edad Media se agregaron a la Iglesia, y de la otra, se encargó de suplir las deficiencias de que acaeció el Protestantismo. El Catolicismo Anglicano preservó lo esencial del Cristianismo histórico, como son los sacramentos, los credos tradicionales, el triple ministerio de obispos, presbíteros y diáconos y la forma litúrgica cultual, a la vez que se alimentó de las bondades que ofreció la Reforma, tales como el libre examen, la promoción de la lectura y meditación de la Sagrada Escritura y la celebración del culto religioso en el idioma del pueblo.
El Catolicismo Anglicano se aferra a la creencia de que la consagración episcopal, herencia de la tradición cristiana, es la piedra angular de la estructura eclesial. Es un hecho histórico indiscutible es que los obispos de la antigua línea apostólica mantuvieron la Sucesión Apostólica en la Iglesia Católica inglesa, antes del siglo XVI, durante los difíciles momentos de la Reforma Protestante y después de ella, hasta nuestros días.
DESARROLLO DE LA SUCESIÓN APOSTÓLICA
Lo que se entiende por Sucesión Apostólica. Sabemos bien que la Iglesia cristiana se extendió hacia el mundo occidental, infiltrándose en los estamentos del Imperio romano y haciéndose presente en pequeñas comunidades que estaban situadas en la hoya del mar Mediterráneo. A medida que la Iglesia iba creciendo, los apóstoles que Cristo puso al frente para cumplir con la misión evangélica, necesitaban “ayudantes” o “consiervos”, tales como Síquico, Enésimo y Aristarco. Estos personajes iban por varios lugares implantando iglesias. Hay que recordar que en la Iglesia apostólica la terminología de “ayudante”, “anciano”, “presbítero” y “obispo” no estaba claramente definida. Era la firme convicción de los apóstoles, y así lo enseñaban, que la parousía o retorno de Cristo se acercaba y que haría de establecer su Reino sempiternamente.Pasa algún tiempo y la tardanza de la parousia provoca algunas sacudidas en las comunidades cristianas. Entonces, a medida que la vida de los apóstoles se acercaba a su fin, surge de forma lógica la idea de sucesión. Además de esto, a los apóstoles les preocupaba la amenaza de divisiones y de cismas en el seno de la Iglesia, cosa que refuerza la idea de que hubiera personas que continuaran promoviendo la misión evangélica.
Los apóstoles bien sabían que su cometido habría de llenar el tiempo intermedio entre los dos advenimientos de Cristo. Esta es una realidad que va sucediéndose y que se ajusta a la dinámica de la historia, aunque no esté totalmente recogida en los textos sagrados.
TRADICIÓN Y SUCESIÓN
La Tradición (paradosis) se encarga de indicarnos el proceso de la Sucesión Apostólica. Esta es una palabra fundamental desde el punto de vista teológico y eclesiológico, y su sentido es algo más que comunicar palabras o doctrinas. Para la Iglesia apostólica la Tradición representaba toda la vía vitae cristiana, es decir, la creencia, la ética, el culto, “el Camino”, la vida cristiana, la norma de fe y práctica. Esta es una opinión que tiene amplia aceptación en el Catolicismo Anglicano contemporáneo. El concepto de tradición se encuentra en uno de los escritos mas antiguos del Nuevo Testamento al referirse a la institución de la Cena del Señor: Porque lo mismo que yo recibí y que venía del Señor os lo transmití a vosotros. Algo parecido se encuentra más adelante cuando el apóstol S. Pablo trata del núcleo de la predicación cristiana, del mensaje del Crucificado y Resucitado cuando dice, lo que os transmití fue, ante todo, lo que yo había recibido: que el Mesías murió por nuestros pecados, como lo anunciaban las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, como lo anunciaban las Escrituras; que se apareció a Pedro y más tarde a los Doce….
El acontecimiento cristiano, como acontecimiento, no se queda en el pasado estáticamente, sino que se “transmite”, se comunica de persona a persona, de comunidad a comunidad, de generación a generación. Esto es lo que entendemos por Tradición.
Aquí es preciso hacer una advertencia muy importante respecto a la autoridad suprema en asuntos de la Fe cristiana. Para el Catolicismo Anglicano, la Biblia es la suprema autoridad, porque ella “contiene todas las cosas necesarias para la salvación”. Obsérvese, necesarias, puesto que pueden haber otras cosas que son importantes, pero no necesarias. Hay que distinguir entre lo necesario y lo opcional.
El Canónigo anglicano F.W. Dillistone nos presenta una mejor inteligencia sobre el concepto de Tradición, cuando sugiere que hay tres posturas frente a ella en función de la Sagrada Escritura. En primer lugar, para la Iglesia Católico Romana la Tradición es independiente de la Sagrada Escritura, y esto está demostrado en la práctica al haber agregado los dogmas de la Inmaculada Concepción de María (1854), la infabilidad papal (1870) y la Asunción de María (1950). En segundo lugar, para el Protestantismo Cristiano, la Sagrada Escritura es independiente de la Tradición, y para su interpretación se confía en la iluminación interna del Espíritu Santo de Dios en la persona humana. Aquí impera el principio protestante de Sola Scriptura. Y en tercer lugar, para el Catolicismo Anglicano, la Santa Escritura y la Tradición son interdependientes.
Aunque para la mente corporativa de la Iglesia la Tradición fue la que se encargó de “producir” la Sagrada Escritura, no obstante, todo aquello que no esté avalado por la Sagrada Escritura no tiene autoridad para la Fe cristiana. La Sagrada Escritura no está situada en una cumbre inaccesible. Es la Tradición que, junto con el empleo de la sana razón y la experiencia humana conforma la norma para interpretar la Sagrada Escritura. Pero lo que hay que poner muy de presente es que para los padres anglicanos de los siglos XVI y XVII que estaban intensamente impregnados de la literatura patrística tales como el arzobispo Thomas Cranmer (1489 – 1556), el obispo John Jewel (1522 – 1571), el obispo Lancelot Andrewes (1555 – 1626), el teólogo y apologista Richard Hooker (c.1554-1600), el arzobispo William Laud (1573– 1645), el obispo John Cosin (1549 – 1672) y el teólogo Herbert Thordike (1598 – 1672), para citar unos pocos de ellos, la autoridad de la Tradición de la Iglesia Primitiva estaba subordinada a la suprema autoridad de la Sagrada Escritura. Esta es la postura del Catolicismo Anglicano hasta nuestros días.
La Tradición supone una fuente u origen en lo cual está la revelación veterotestamentaria y culmina con Jesús, el Cristo. Consecuentemente, en Jesús, la Tradición obtuvo su carácter definitivo y desembocó en los apóstoles, quienes son los legítimos testigos oculares del acontecimiento cristiano. Partiendo de esta fuente, la Tradición abarca el testimonio (martyria), la liturgia o culto (leiturgeia) y el servicio (diakonía). Esto abraza todo el ser eclesial que se desplaza a través del tiempo y del espacio y constituye lo que es la Iglesia apostólica.
Son entonces los apóstoles quienes se encargan de llevar a efectuación la sucesión. Las cartas pastorales nos trazan la pauta de la sucesión. Por ejemplo, Tito y Timoteo reciben la imposición de manos que simboliza la transmisión de autoridad o poder. En tal condición, ellos asumen la responsabilidad de refutar los errores que en su día invadían la Iglesia. Y esta responsabilidad era de carácter terminante: te encarezco, es necesario, no descuides, e incluye combatir la herejía, guardar el depósito de la fe como criterio de ortodoxia, así como también proveer presbíteros (“ancianos”) y diáconos para las Iglesias respectivas.
Todo lo anterior implica la figura del sucesor del apóstol y a la vez perfila la figura del obispo. Los testimonios de algunos padres de la Iglesia se encargan de rubricar lo ya expuesto. Es sobre todo Ignacio de Antioquia quien a fines del siglo I y comienzos del II hace una clara concepción del episcopado. En una de sus cartas dice: “No hagáis nada sin el obispo…. La Iglesia es un pueblo unido en el obispo”. En el obispo continúa la misión apostólica que proviene de Cristo.
Otro testimonio lo encontramos en Clemente, obispo de Roma, (c.96), posiblemente tercer obispo, a quien se denomina, como a otros obispos, “papa”. Valga aquí una aclaración muy importante, a manera de paréntesis. El término griego pápas, y el latino papa, significa “padre”. En el occidente cristiano, y en tiempos primitivos, este término se aplicaba a los obispos. En cambio, en oriente, este término estaba reservado para el obispo de Alejandría. En los tiempos modernos el empleo del término “papa” se emplea para los sacerdotes de las iglesias ortodoxas, y en el resto de las Iglesias católicas se emplea el de “padre”. Fue durante Gregorio VII (c. 1021 – 1085) cuyo nombre secular era Hildebrando, quien en el curso de su régimen papal hizo una serie de reformas en la Iglesia para librarla y depurarla de la simonía y los desafueros sexuales del clero, que en el Concilio de roma celebrado en el año 1073 se prohibió terminantemente el uso del término “papa” para cualquier obispo, a excepción hecha del obispo de Roma.
Otra atestación que avala la Tradición la encontramos en dos figuras muy conocidas, Tertuliano, padre de la Iglesia africana (160 – 225) e Ireneo, obispo de Lyons (1130 – 1200). Es el caso que después de la crisis de la Iglesia de Corinto, en la que además de las divisiones partidistas, Yo soy de Pablo; y yo de Apolos; y yo de Cefas; y yo de Cristo…, se apodera la discordia en esa comunidad debido a la infiltración del movimiento gnóstico. El Gnosticismo, en términos generales, rebajaba la Fe católica a un conocimiento y a una sabiduría meramente humana, a la par que la mezclaba con elementos de la filosofía y la religión griegas. Estos grupos ostentaban tener en sus iglesias obispos, y es aquí cuando Tertuliano les pide en una de sus cartas que presenten las credenciales que demuestren que sus obispos tienen la Sucesión Apostólica ininterrumpida desde el principio.
De otra parte, Ireneo, además de insistir en el carácter sacramental de la ordenación, sostiene que la Tradición apostólica se manifiesta en la Iglesia verdadera, y dicha Iglesia puede citar la lista de obispos designados por los apóstoles, así como también la serie de sus sucesores hasta su día.19 Abundan mucho más los testimonios en los que se indica que la Tradición avala la Sucesión Apostólica, pero no es el caso de adentrarnos más en ello.
Entonces, los conceptos de Tradición y Sucesión Apostólica es lo que diferencia al Catolicismo Anglicano y las demás Iglesias que están en la línea católica, de las otras confesiones cristianas que surgieron en el Continente europeo en virtud de las contingencias de la Reforma Protestante del siglo XVI. Las Iglesias que forman parte del Catolicismo Anglicano han tenido que sufrir violentas críticas de quienes no comulgan con la posesión del inapreciable tesoro como es el de la Sucesión Apostólica, legado de la Tradición cristiana.
Aquí es necesario apuntar que una de las genialidades del Catolicismo Anglicano ha sido la de mantener en el fiel de la balanza la tradición y la innovación. Lo que ha acontecido es que, de una parte, el Catolicismo Anglicano ha eliminado los excesos y prácticas que durante la Edad Media se agregaron a la Iglesia, y de la otra, se encargó de suplir las deficiencias de que acaeció el Protestantismo. El Catolicismo Anglicano preservó lo esencial del Cristianismo histórico, como son los sacramentos, los credos tradicionales, el triple ministerio de obispos, presbíteros y diáconos y la forma litúrgica cultual, a la vez que se alimentó de las bondades que ofreció la Reforma, tales como el libre examen, la promoción de la lectura y meditación de la Sagrada Escritura y la celebración del culto religioso en el idioma del pueblo.
El Catolicismo Anglicano se aferra a la creencia de que la consagración episcopal, herencia de la tradición cristiana, es la piedra angular de la estructura eclesial. Es un hecho histórico indiscutible es que los obispos de la antigua línea apostólica mantuvieron la Sucesión Apostólica en la Iglesia Católica inglesa, antes del siglo XVI, durante los difíciles momentos de la Reforma Protestante y después de ella, hasta nuestros días.
miércoles, 30 de noviembre de 2016
¡Noticia de Último Momento!
P:Periodista.
J:Jesús. N:Narrador. L:Líderes.
P.
-Radio Mundial informa: ¡Tenemos una primicia! ¡Noticia de último
momento! Nos acaban de confirmar en exclusiva para Radio Mundial que
Jesús se reunirá con los máximos líderes mundiales en un
Encuentro Ecuménico, hoy a las 13 horas en Asís, Italia. Nuestros
enviados especiales ya están haciendo guardia para tener informada a
la población mundial de este hecho que más que histórico, diríamos
que es... “¡sobrenatural!”
N.
-Jesús descansó en el hogar de cristianos muy fieles. Se levantó
muy de mañana, cuando aún estaba oscuro. Salió y se fue a un lugar
muy tranquilo . Y allí oraba.
Más
tarde vino un discípulo a buscarlo y le dijo:
-Señor,
ya es la hora.
J.
-Sí, vamos a la Reunión Ecuménica para que predique allí también.
N.
-En el camino le siguió mucha gente y como tuvo compasión de ellos
los sanaba de toda dolencia y les echaba fuera demonios. Ya en la
reunión, parado frente a los más altos líderes religiosos del
mundo, muy sabios todos ellos y con muchos títulos obtenidos en las
Universidades más prestigiosas, era interrogado, se podría decir,
que con malicia.
L.
-¿Quién eres? ¿A qué has venido? ¿Qué buscas? ¿Cuál es tu
proyecto? ¿A quién va dirigido? ¿De cuánto dinero disponés y
cuánto vas a necesitar para implementarlo?.
J.
-Yo soy Jesús. El Padre Celestial me ha enviado para que todo aquel
que en Mí cree, no se pierda sino que tenga Vida Eterna. Recuerden
Juan 3:16. Nací de María, una simple jovencita que aceptó ser la
sierva de Dios para que pudiera llevar adelante su Plan de Salvación
del hombre. José, mi padre adoptivo, de quien no se habla mucho, me
cuidó pues quería hacer la Voluntad de mi Padre Celestial. Yo soy
el ÚNICO Camino al Padre Celestial. Él y Yo UNO somos. MI REINO NO
ES DE ESTE MUNDO.
Vine
a buscar a los pecadores, no a justos; a los enfermos, no a sanos; a
los simples, no a sabios; a los excluídos, a los pobres, a los
humildes, a los sedientos, a los que “no son” ni existen para el
mundo.
Predico
que el Reino de Dios se ha acercado a Ustedes y que tienen que
arrepentirse de sus pecados para heredar la Vida Eterna, pues el que
no naciere de nuevo no puede ver el Reino de Dios. El Cielo y el
infierno son reales, ¡existen! Yo soy el Cordero de Dios preparado
desde antes de la fundación del mundo y entregué mi vida para
darles Vida Eterna, el perdón de pecados y en la Cruz del Calvario
derramé mi Sangre. Resucité al tercer día y ascendí a mi Padre
Celestial. Regresaré a buscar a mi Iglesia aborrecida por el mundo,
quien también me aborrece a mí. Todo lo que pidan al Padre en Mi
Nombre, Yo lo haré. El que me ha visto a Mí ha visto al Padre.
Aquellos que me reciban son hechos Hijos de Dios y mis Hermanos
Pequeños. Vendrán conmigo donde Yo esté.
P.
-Se escuchan los gritos de los líderes religiosos:
-¡Blasfemo!
¡Fuera de aquí!
El
mundo entero mira atónito por los distintos medios de comunicación
y muchos en persona, lo que está ocurriendo en el interior del
recinto en Asís. Algunos se asombran, otros se avergüenzan y
existen los que ejercen Fe en Jesús. La población mundial sale de
sus casas e inunda las calles. Se están produciendo desbordes
inesperados. Pero volvamos al recinto, ¿qué está haciendo Jesús?
J.
-Vengan y toquen. Vean que yo soy Jesús el crucificado y resucitado.
Mi Palabra es Verdad.
L. -¿Qué
es esto? ¿Estás loco, Jesús? ¿Te creés Enviado de Dios? No, así
no se puede seguir. ¡Guardias, sáquenlo de aquí! Está
alborotando al mundo entero. Casi todas las religiones tenemos en
común la Ley moral, la ética, que el hombre se salva por las
buenas obras. Sus fundadores quisieron alcanzar para sus pueblos el
mayor bien posible. Todos tenemos el mismo Dios, ¿de qué ÚNICO
Camino al Padre hablás? Nos está costando mucho esfuerzo alcanzar
la “Paz Mundial” con un Nuevo Orden de Gobierno Mundial. ¿Qué
querés, traer DISENSIÓN en el mundo?
J.
-Sí, he venido a traer “disensión” en la familia y en el mundo.
Fuego vine a echar en la tierra. No he venido a dar Paz sino
“disensión”. Les digo que si no se arrepienten perecerán todos.
L. -El
Jesús que todos nosotros conocemos es un profeta más, es un
maestro más, que nos enseña a hacer buenas obras, a amar al
prójimo. ¡Ése no eres tú! ¡Eres un impostor! ¡Fuera de aquí!
¡Te echaremos en la cárcel! ¡No tenemos nada de qué
arrepentirnos en tu Nombre! Somos religiosos, Dios está siempre
con nosotros porque cumplimos su Ley. Cada pueblo tiene su Libro
Sagrado de acuerdo a su religión y practican los rituales que Dios
les manda para agradarle. Y acá venís vos con el tema de tu muerte
redentora, que en tu Nombre hay ¡perdón de pecados!, que tu Sangre
nos limpia de todo pecado, tu Resurrección, etc
Eso
que vos predicás lo creen solamente ALGUNOS en el mundo. Son los
cristianos, esos que leen y practican la Biblia y la consideran el
único Libro de Dios. ¡Mentira! ¡Hay muchos libros de Dios! Y todos
debemos compartirlos, intercambiarlos, rezar con ellos. Todos ellos
elevan a la persona y le enseñan valores para vivir mejor, si se
ezfuerza. Tenemos por costumbre orar todos juntos a Dios, cada uno en
el nombre de quien quiera y cree. Lo hemos decidido, no te podés
quedar con nosotros, porque no aceptás ser uno más. Acá todos
somos iguales. Vamos a alcanzar la completa paz mundial cuando
quitemos del mundo a tus discípulos, nunca están de acuerdo con lo
que nosotros enseñamos, ¡son capaces de dar su vida por vos! ¡Son
locos! Ellos, igual que vos, provocan disensión en el mundo.
J.
-¡Es necesario que nazcan de nuevo! ¡Guías ciegos que guían a
ciegos!
N.
-Y así, otra vez, los líderes religiosos, llenos sus ojos de
codicia por el poder político y religioso en el mundo, acusándolo
nuevamente de blasfemo, mentiroso, loco, brujo, mago, malhechor,
buscaron sacarlo afuera para matarlo. Nuevamente se repitió la misma
escena que narran los Evangelios. El mundo aborrece a Jesús, las
religiones aborrecen a Jesús, las tinieblas, la muerte, el odio,
aborrecen a Jesús: la Luz, la Vida, el Amor. El diablo aborrece a
Jesús. El mundo y el diablo aborrecen a Jesús y a sus discípulos.
Nuevamente, el príncipe de este mundo, gobernando las mentes de sus
“siervos”, los líderes religiosos ecuménicos, intentó matar a
Jesús: el Autor de la Vida, el Salvador, el Rey de Reyes y Señor de
Señores. Pero el Reino de Jesús no es de este mundo y sólo sus
discípulos son Ciudadanos Celestiales de ese Reino, pues lo
recibieron como Salvador Personal y Señor de sus vidas.
J.
-Ustedes son semejantes a sepulcros blanqueados, por fuera se
muestran hermosos pero por dentro están llenos de huesos muertos y
de toda inmundicia. ¡Serpientes, generación de víboras! ¿Cómo
escaparán de la condenación del infierno?
P.
-¡Qué lío! ¡Quieren apresar a Jesús! ¿Qué? ¡No puede ser!
¡Desapareció! Afuera igual que adentro, se produjeron grandes
disturbios. En todo el mundo se acrecentó la persecución contra los
cristianos. Por eso, desde esta Reunión Ecuménica, muchos
discípulos se volvieron atrás. ¡Trae muchos problemas seguir a
Jesús!
N.
-Jesús, muy triste, le habló a un reducido grupo de discípulos
así:
J. -¿Quieren acaso irse también ustedes? Y uno de sus Pequeños le
respondió:
Discípulo.
-Señor, ¿a quién iremos? Sólo Tú tienes Palabras de Vida Eterna.
(Juan 6:68).
* * * * *
Sí,
un reducido grupo de discípulos, “niños”, “pequeños” de
Jesús le dio lugar, abrigo a Jesús en sus casas, aún a costa de
perder sus vidas. Saben que Él ya tiene moradas preparadas para
ellos en su Reino.
MEDITA:
Tú,
¿qué harías?:
-¿Le
abrirías la puerta de tu casa a Jesús? ¿Y a sus discípulos?
Jesús dijo: “El que recibe a uno de estos “pequeños” a Mí
me recibe”.
-¿O
te someterías al Nuevo Orden Mundial siendo un buen “religioso”
para vivir tranquilo?.
¿Crees que a Jesús le darían el Premio Nobel de la Paz?.
¿Crees que a Jesús le darían el Premio Nobel de la Paz?.
* * * * *
He decidido volver
a publicar este artículo, fundamentada en: - Mis Hermanos fieles, que
no son HIPÓCRITAS, porque NO OCULTAN SU FE en JESÚS, SU SEÑOR, aún
cuando padecen muertes horribles o sufren gran tribulación o
persecución. - Mis últimos estudios y en algunas de las
declaraciones del papa de Roma, del 18- 10- 2016:
LA EVANGELIZACIÓN
ES EL MAYOR VENENO CONTRA EL “CAMINO ECUMÉNICO”.
QUE DEJEN LA
DOCTRINA LOS EVANGÉLICOS Y TRABAJEN JUNTOS CON LOS CATÓLICOS.
MEDITA:
¿En cuál CAMINO
ANDAS tú?
Jesús es el ÚNICO
CAMINO.
Es necesario
obedecer a Dios antes que a los hombres. (Hechos 5:29).
(Elena Sanfilippo Ceraso
lunes 05/10/2015)
viernes, 25 de noviembre de 2016
¿PECADORES E HIPOCRITAS? 2° PARTE
En
Mateo 15:7, Jesús basado en la Profecía de Isaías, llama Hipócrita
al Pueblo, explicando por qué los denomina así:
Me
honran de labios pero su corazón está lejos de Mí, no enseñan
Doctrinas de Dios sino mandamientos de hombres.
Los
escribas y líderes religiosos eran Hipócritas y se supone que eran
quienes enseñaban y guiaban al Pueblo en el conocimiento y adoración
de Dios, resultando que el Pueblo también fue arrastrado, seducido,
por ellos. La LEVADURA de los fariseos y escribas fermentó en la
MASA del PUEBLO y creció la Hipocresía. Por eso Dios les da por
medio de Isaías la Profecía y Jesús la actualiza a su época, no
habían cambiado mucho las cosas, parece, a través del tiempo.
Mateo
22: 15-22, dice que Jesús conocía la MALICIA de los Hipócritas y
les recriminó:
¿Por
qué me TENTÁIS, Hipócritas?
Los
líderes religiosos Hipócritas le cuestionaban también a Jesús
porque sus Discípulos no se lavaban las manos como lo manda la Ley.
Él les respondió:
El
comer con las manos sin lavar no contamina al hombre, lo que sale
del corazón contamina al hombre. (Mateo 15: 1-20).
Lucas
13: 10-17 narra cómo Jesús sanó a una mujer que desde hacía 18
años andaba encorvada y no tenía cura. La sanó durante el día de
Reposo, por lo que el Principal de la Sinagoga se enojó porque no
respetó este Día. Jesús le contestó:
Hipócrita,
en el día de Reposo desatan y llevan a beber a su buey y a esta Hija
de Abraham, que satanás tenía atada hace 18 años, ¿no se la debía
desatar de esta ligadura en el día de Reposo?
En
Gálatas 2: 11-21, Pablo reprendió a Pedro narrando cómo la
LEVADURA de la Hipocresía, del legalismo, etc, arrastraba aún a los
Discípulos. Dice que Bernabé era seducido por la Hipocresía de
ellos. Pablo fundamenta su reprensión en la VERDAD del EVANGELIO: el
hombre no es justificado por buenas obras o por las obras de la Ley,
sino por la Fe en Jesús.
¿Qué hacían estos cristianos judíos que
Pablo reprende? SIMULABAN delante de los judíos que también
cumplían la Ley para no tener problemas. Eran Hipócritas, pero aún
había más, JUDAIZABAN a los Cristianos gentiles. Pablo dice que el
accionar hipócrita de Pedro era de condenar, para él y para los que
arrastraba con él. Le habló duramente, para que se arrepienta, ¡era
un discípulo del Señor!
Hemos
hablado de dos reinos: el Reino de Dios y el de la Hipocresía o de
las tinieblas.
Santiago 3: 13-18 explica cómo es la SABIDURÍA en
cada uno de ellos.
La Sabiduría del Reino de Dios DESCIENDE de lo
ALTO. Es PURA, pacífica, amable, benigna, llena de misericordia y
de buenos frutos, sin incertidumbre ni HIPOCRESÍA. Y el Fruto de la
Justicia se siembra en PAZ para aquellos que hacen la Paz.
El
reino de la Hipocresía tiene una sabiduría terrenal, diabólica,
animal, Se manifiesta con celos amargos, contención en el corazón,
jactancia y mintiendo contra la Verdad. Abunda la perturbación y
toda obra PERVERSA.
Medita
en tu FE.
¿De
qué masa fermentada proviene?
Jesús
no admite mezclas: perteneces a Su Reino o al otro.
La
Biblia nos enseña:
¿Cómo
puedes librarte del mal de un Hipócrita?
El
Hipócrita con la boca daña a su prójimo, MAS,
los
Justos son librados con la SABIDURÍA, esto es, los libra el Señor
Jesús.
¡Cuidado!
El reino de la Hipocresía arrastra, convence, seduce, aún a los
Cristianos. 1° Timoteo 4: 1-2, enseña que en los postreros tiempos
algunos Cristianos apostatarán de la FE, escuchando a espíritus
engañadores y a doctrinas de demonios, por la HPOCRESÍA de
MENTIROSOS, que teniendo cauterizada la conciencia enseñarán…
¿Cuál
es el FIN de los Hipócritas?
Job
36:13, dice: Mas los Hipócritas de corazón ATESORAN para sí la IRA
de Dios y no clamarán cuando Él los atare.
En
Mateo 15:13, dice Jesús a sus discípulos:
Toda planta que mi Padre
Celestial no plantó será desarraigada, decía esto por los
Hipócritas. En Mateo 24:46, dice: El siervo MALO, cuando su Señor
venga y lo sorprenda, porque no lo está esperando, lo castigará
duramente y pondrá su parte con los Hipócritas, allí será el
lloro y el crujir de dientes.
¿Puedes
declarar como el Salmista?:
ABORREZCO
a los Hipócritas, MAS AMO TU PALABRA. (Salmo 119: 113).
No
me he sentado con hombres Hipócritas ni entré con los que andan
SIMULADAMENTE. Aborrecí la reunión de los malignos y con los impíos
nunca me senté.
1°
Pedro 2: 1-2 manda a los Cristianos:
DESHECHEN
TODA malicia, todo engaño, HIPOCRESÍA, envidias y todas las
detracciones, esto es chismes.
DESEEN
como niños recién nacidos la Leche Espiritual no adulterada, para
que por ella, crezcan para Salvación, SI ES QUE gustaron la
Benignidad del Señor Jesús.
OCULTAR
la Fe en Jesús, también es Hipocresía. En Mateo 10: 32-33, Jesús
dice:
A
cualquiera que me CONFIESE delante de los hombres yo también lo
CONFESARÉ delante de mi Padre que está en los Cielos. Y a
cualquiera que me niegue delante de los hombres, yo también lo
negaré delante de mi Padre que está en los Cielos.
Romanos
10: 9-10. Que si CONFESARES con tu boca que Jesús es el Señor y
creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, SERÁS
SALVO. Porque con el corazón se Cree para Justicia y con la boca se
CONFIESA para salvación.
Para
finalizar, los líderes religiosos Hipócritas no reconocían su
condición de Hipócritas y ocultaban sus pensamientos. Le decían a
Jesús:
Si
hubiéramos vivido en los tiempos de nuestros padres, no hubiéramos
sido sus cómplices en la Sangre de los Profetas.
Pero
Jesús les dijo:
Yo
les envío Profetas, Sabios y Escribas, y de ellos a unos matarán y
crucificarán y a otros azotarán en sus sinagogas y perseguirán de
ciudad en ciudad. (Mateo 23: 29-36).
Medita:
¿Qué
le ocurriría al Señor Jesús si realizara una segunda visita a la
Tierra? ¿Tendría esta vez un final feliz?
Continuará
(Elena Sanfilippo Ceraso
lunes 11
de julio de 2016)
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