domingo, 20 de marzo de 2016
viernes, 18 de marzo de 2016
Salvada por Gracia yo soy
Tal
vez, cuando leíste Sequía 1, pensaste humanamente:
-No,
esto no es para nosotros, Elena está exagerando un poquito.
Por
mi parte, en oración, le consultaba al Señor, si aún estábamos a
tiempo de arrepentirnos o ya nos bajó la cortina, cansado de
nuestras infidelidades, (como también cuenta Jeremías en su libro).
-Dios,
por favor, (le dije), no manifiestes tu enojo aún contra tu Iglesia.
Danos una posibilidad más.
Tómate
un tiempo, Hermano/a y sal a la calle.
Escucha
a las personas comunes, que luchan diariamente para sobrevivir, de
qué dialogan, en el colectivo, la plaza, el subte, etc. Verás que
no reina la prosperidad, precisamente.
Escucha
a los “cristianos evangélicos”, los hay por todas partes. ¿De
qué hablan? La gran mayoría, de los secretos para prosperar, del
último libro que salió de tal pastor sobre la Ley de la Abundancia,
de “Pactos” con el Señor, de diezmos y ofrendas, de cómo Dios
le dio tal o cual cosa, ¡porque practicó “visualización”!, etc.
Y
sobre todo, de que hay que cumplir la Ley, porque parece que estamos
bajo el Pacto del Antiguo Testamento. De que Jesús es el MEDIADOR de
un NUEVO PACTO, el SUMO SACERDOTE…, libro de Hebreos 8, ¡no tienen
ni noticias!
La
SEQUÍA ya está aquí.
La
gran mayoría de los “cristianos” no la percibe. Y menos el mundo
que no conoce nada de la Palabra de Dios.
Pero
si oras a Dios sinceramente, Él te mostrará que envió la sequía
como una señal, esperando que su Pueblo se vuelva a Él, y reconozca
a Jesús como Señor y Salvador, pues sus planes son de Bendición y
de Paz.
El
jueves 17 de marzo llegó a mis manos un video.
En
Irak, siete iglesias arameas, (cristianas), fueron atacadas con
autobombas y cristianos sirios ortodoxos sufrieron el martirio.
Ante
este hecho, ¿los cristianos se dispersaron?, ¿se encerraron en sus
casa por temor?, ¿ocultaron su Fe en Jesús?
¡NO!
Estas siete iglesias se unieron por primera vez y salieron a la
calle, creyendo en la Palabra de Dios: “El Señor es MI AYUDADOR,
no temeré lo que me pueda hacer el hombre”. Levantaron bien en
alto la Cruz, símbolo de Jesús Resucitado y llevando la foto de sus
mártires.
¡Ésta
es la Iglesia de Dios! Éste es el Cuerpo de Cristo, con cristianos
comprometidos con su Señor Jesús, que declaran:
“NOS
MATAN PORQUE TENEMOS AL JESÚS DE LA BIBLIA, no al otro. Ésa es
nuestra culpa”.
Ésta
es la Iglesia VIVA que predica el Mensaje Kerygmático, (Mensaje
Apostólico). (Puedes leer KERYGMA 13/02/2016)
“Vamos
a seguir en EL CAMINO, de cara al EXTERMINIO”, agregan estos
Hermanos.
Éstos
son cristianos que renovaron su Fe en el Señor Jesús, aunque los
exterminen seguirán EL CAMINO que es Jesús.
Ésta
es la Iglesia de Dios, por quien el Señor Jesús entregó Su Vida y
Resucitó y pronto Regresa a buscarla.
Ésta
es la Iglesia de Dios que le dice SÍ a la Palabra de Dios. En
Hebreos 13, dice acerca de los Deberes Cristianos:
Permanezca
el Amor Fraternal… Acordaos de los presos como si estuvieseis
presos juntamente con ellos, y de los maltratados como que también
vosotros mismos estáis en el cuerpo.
Estos
cristianos sienten y viven lo que le pasa al otro como propio.
Pero
además, esta Iglesia salió a la calle, no sólo a declarar
públicamente su Fe en Jesús crucificado y Resucitado, sino a dar el
Mensaje de Salvación al mundo.
¿Y
con qué texto base?
Con
2° Crónicas 7: 13-14. Esto es: Humillación. Invocación del Nombre
del Señor Jesús. Búsqueda de su Rostro. Conversión de los malos
caminos.
Anunciando
que si no se arrepienten, Dios les enviará castigo. Sí, le predican
al mundo arrepentimiento de pecados, perdón de pecados en el Nombre
de Jesús y que la Salvación es por GRACIA.
Estos
cristianos arameos han decidido SEGUIR fieles a Jesús. No quieren
que Dios les envíe a ellos sequía por andar en malos caminos o por temor a
los hombres. Anhelan recibir las Bendiciones y la Paz de Dios, no su
castigo. Aunque les cueste la vida.
Es
una Iglesia que predica el Mensaje Kerygmático. Esto significa que
no predica sólo una parte del Evangelio, sino que VIVE el Evangelio,
es la SAL y la LUZ del mundo.
Este
Mensaje Kerigmático debiera predicarse en TODO el mundo. ¿Pero tú
crees sinceramente, que esto es así?
¿No
será que como parte del Cuerpo de Cristo con estas Iglesias, debemos
levantarnos y salir a la calle a dar las Buenas Nuevas del Señor
Jesús al mundo, creyendo a Su Palabra, que dice que Dios puso a la
Iglesia como Cabeza sobre TODO y que Jesús nos sentó con Él en los
lugares celestiales?
Dice
Dios:
AHORA
están ABIERTOS mis ojos y ATENTOS mis oídos a la ORACIÓN. (2°
Crónicas 7).
* * * * *
¿Crees
realmente en el Jesús de la Biblia? ¿Te has arrepentido de tus
pecados y recibido el perdón de tus pecados en el Nombre de Jesús?
¿Jesús es tu Salvador y Señor?
¿Crees
que eres SALVO por GRACIA y no por las obras de la ley?
O
sólo crees que el Señor Jesús es tu banco donde acudes a realizar
depósitos por diezmos, pactos, etc. y que luego Él tiene la
obligación de devolverlos multiplicados en tus manos, con beneficios e
intereses.
Jesús
sometió bajo los pies de la Iglesia TODO. Y debe ser una Iglesia
LIBRE, porque conocer a la VERDAD que es Jesús, la hizo LIBRE
Pero,
¿está la Iglesia sometida al diablo, a la política, a otras
religiones, etc, porque abandonó el lugar de privilegio que Dios le
dio de ser Cabeza sobre Todo?
Le
dice Pablo a los Gálatas:
Estoy
maravillado de que tan pronto se hayan alejado del que los llamó por
la GRACIA de Cristo, para seguir un Evangelio diferente. Y los llama
INSENSATOS por haberse dejado fascinar y abandonar el Evangelio del
Señor Jesús. Les pregunta:
¿Recibieron
el Espíritu por las obras de la Ley o por el OIR CON FE?
MEDITA:
¿Perteneces
a la “iglesia cristiana” que se ha vuelto a la Ley del Antiguo
Testamento, es decir, que predica que se debe cumplir la Ley, que aún
estamos bajo el Antiguo Pacto, es decir, que la Salvación es por
obras? ¿Perteneces a esta iglesia que pisotea la Obra que Jesús
hizo a favor de cada persona, muriendo en la Cruz del Calvario y
resucitando, a fin de que por GRACIA, por FE en Él, obtenga
Salvación?
¿O
perteneces a la Iglesia Cristiana, que aún perseguida, CREE en el
Jesús de la Biblia, cree que la Salvación es por Gracia y le
predica al mundo las Buenas Nuevas del Señor Jesús, aún a costa de
su vida?
LA
SALVACIÓN ES POR FE
NO
POR OBRAS PARA QUE NADIE SE GLORIE.
DILE
NO A LA SEQUÍA.
CONFIESA AHORA TU FE EN JESÚS.
ÚNETE A LOS
CRISTIANOS QUE PREDICAN LA SALVACIÓN POR GRACIA.
SÓLA FE. SÓLA GRACIA. SÓLA ESCRITURA.
(Elena Sanfilippo Ceraso
viernes 18/03/2016)
lunes, 14 de marzo de 2016
La Santa Eucaristia como sacramento en el anglicanismo
Es
el sacramento por el cual recibimos a Jesucristo. Para nosotros es
el sacramento más importante y el que se centra la
comunidad, con él podemos estar unidos unos a otros con
Jesús espiritualmente. La eucaristía fue instituida
por Nuestro Señor Jesucristo para recordar su Muerte, que fue su Sacrificio, y Resurrección. Las especies de la eucaristía son
el pan y el vino. Las consagra el sacerdote u obispo. Nosotros los
anglicanos, al igual que los ortodoxos, veterocatólicos, luteranos y
otros grupos que creemos en la Presencia Real de Jesús en
la eucaristía, no negamos el pan y vino y lo tomamos
normalmente de rodillas. La teología anglicana es un poco
abierta a lo que pasa en la eucaristía al no estar
afirmado del todo. En el anglicanismo, puedes creer en la
transustanciación, consustanciación o la
presencia espiritual de Jesús en la eucaristía,
pero es obligatorio creer en la Presencia Real de Jesús en
la eucaristía. Los anglicanos dejan que miembros de
otras confesiones cristianas participen en la eucaristía y
puedan tomarla ya seas católico-romano, ortodoxo...
Para
los anglicanos es necesario que la persona este limpia de todo mal
porque recibe a Jesús nuestro Señor y, por tanto, es
necesario que tenga un arrepentimiento de las cosas malas que haya
cometido. En la eucaristía se nos invita al gran banquete
celestial que nos invita Jesús todos los domingos para unirnos como
cristianos. En el anglicanismo recibe varios nombres: misa, Cena del Señor, eucaristía y Santa Comunión. Así
que ya sabes, recibe a Jesús a través de su Palabra y Sacramento en la eucaristía como Él dijo: tomad
y bebed esto es mi Cuerpo y Sangre que será entregado y derramada
por vosotros para el perdón de los pecados hacedlo
en conmemoración mía.
http://anglicanosespanoles.blogspot.com.ar/2010/11/la-santa-eucaristia-como-sacramento-en.html
domingo, 13 de marzo de 2016
¿CÓMO UNA VIDA DE FIDELIDAD AL EVANGELIO ES INSEPARABLE DE LA EUCARISTÍA?
J.
Neil Alexander
Este
tipo de preguntas parece, desde el punto de vista del anglicanismo
clásico, bastante sorprendente a primera vista. Encontramos
entre los anglicanos concepciones de la Eucaristía extremadamente
diferentes. En esta Iglesia, la piedad y la devoción
adquieren por sí mismas orientaciones muy variadas. Aunque la
celebración eucarística constituye el modelo normativo para todos
los domingos y todas las grandes fiestas, en realidad constatamos
que su observancia es todavía débil en ciertas comunidades
anglicanas, que prefieren la recitación regular del oficio del
domingo por la mañana. Sin embargo, a pesar de esta considerable
diversidad, la mayoría de los anglicanos formados por la
doctrina, la disciplina y el culto del Book of Common Prayer o
alguna de sus variantes oficiales, tendrían dificultades para
imaginar una vida de fidelidad al Evangelio sin la Eucaristía.
La Eucaristía es, desde el comienzo, una dimensión esencial del
pensamiento y de la práctica anglicanas. A diferencia de
nuestras Iglesias-hermanas nacidas de la Reforma en el continente,
donde las querellas sobre la doctrina y la práctica eucarísticas
las condujeron con frecuencia a modificar el equilibrio entre Palabra
y sacramento en favor de oficios dominicales más bien de
predicación que de comunión, el Book of Common
Prayer implantó una liturgia completa
de la Palabra y de la santa mesa como rito central
destinado a formar y a alimentar a la comunidad de fe. Con el
tiempo, la oración de la mañana, animada por una coral, y el sermón
se convirtieron en la práctica regular de numerosas parroquias
anglicanas, aunque la referencia a la Eucaristía como norma en
los libros litúrgicos de la Tradición y en la experiencia de los
fieles no estuvo nunca verdaderamente comprometida. Bajo el
reinado de Enrique VIII, la Iglesia católica de Inglaterra
rompió su juramento de fidelidad al papado y reconoció a la corona
de Inglaterra como cabeza suprema de una Iglesia nacional
autónoma. A diferencia de los Reformadores alemanes y suizos,
que estaban animados por preocupaciones doctrinales y pastorales,
Enrique y su corte estaban motivados por el deseo político de
preservar la relación entre la Iglesia católica de Inglaterra y el
reino del soberano. Esto significa que, durante los primeros años,
la Reforma, en Inglaterra, conservó el contenido y la forma de la fe
católica que había heredado de Roma a lo largo de los siglos.
Enrique VIII y sus consejeros se afanaron incluso en probar que al
separarse de la autoridad del papa no se habían apartado de la fe
católica. La Assertio Septem Sacramentorum de 1521,
escrita bajo la autoridad de Enrique contra los excesos de Lutero y
de los Reformadores continentales, le valieron el título de Fidei
Defensor que le otorgó el papa León X. La misa romana, según
uno de los “usos” de la Iglesia católica en Inglaterra, continuó
siendo la práctica corriente en todo el reino, durante todo el
reinado de Enrique. El advenimiento de Eduardo VI abrió la vía a
nuevas evoluciones en la fe y en la práctica eucarísticas.
Hacia el final del reinado de Enrique empezaba a salir a la
superficie con más vigor una corriente subyacente. Los
movimientos luterano y reformado estaban bien implantados en el
continente y su influencia se dejaba sentir en Inglaterra. El
arzobispo de Canterbury, Thomas Cranmer, hombre hábil desde el
punto de vista político, era conocido por sus simpatías hacia el
movimiento de la Reforma. La promulgación del primer Book of
Common Prayer, en 1549, lanzó en Inglaterra el primer auténtico
debate sobre la fe y la práctica eucarísticas.
El ritual aparecido en 1549 era un “agregado” de diferentes
aspectos de la tradición litúrgica occidental. Cranmer,
inspirándose en libros litúrgicos de rito romano empleados en
Inglaterra, en proposiciones litúrgicas de Lutero, Bucero y otros,
en el breviario del cardenal Quiñones, en el Kirchenordnungen de
Lutero, y en otras fuentes, ensambló, a partir de ahí, la
primera liturgia inglesa independiente. Con la aparición de
la obra se manifestaron los defensores y los detractores. Aquellos
que querían garantizar la continuidad entre la fe eucarística de
la Iglesia de Inglaterra y la del catolicismo romano intentaron
interpretar el rito en este sentido. Otros, más preocupados por
la unidad entre la Iglesia y el reino que por la doctrina
eucarística, buscaron el compromiso por todas partes donde pudiera
encontrarse. Otros aún, bajo la influencia de las reformas más
extremas de Zurich y de Ginebra, sostuvieron firmemente una
interpretación de este nuevo libro que correspondía más a las
teologías eucarísticas evangélicas que nacían de la Reforma en el
continente. Se ha discutido mucho intentando saber cuál era
la posición personal del arzobispo Cranmer. Si bien algunos no
dudan en considerarle como un agente disfrazado de Zuinglio, otros
han preferido ver en su obra un punto medio entre las posiciones
de Lutero (Presencia real) y las de Zuinglio (Ausencia real) donde se
intenta encontrar un equilibrio entre la objetividad
sacramental de Lutero y la fuerte dependencia, defendida
por Zuinglio, de la fe personal del creyente.
“Una presencia verdadera y espiritual”, ésa
es la expresión empleada a menudo para indicar la posición de
Cranmer. El debate sobre la interpretación del rito
eucarístico del Book of Common Prayer de 1549 introdujo, en el
seno del anglicanismo, la posibilidad de interpretar el mismo
texto oficial de maneras muy diferentes. Los principales
textos litúrgicos propuestos para la celebración de la Eucaristía
y empleados por las comunidades parroquiales han recibido
interpretaciones diferentes a lo largo de toda la historia de la
Iglesia de Inglaterra. Estas interpretaciones van desde la
más estricta teología católica de antes de la Reforma
hasta posiciones muy próximas a Zuinglio y a los elementos más
radicales de la Reforma suiza, pasando por una concepción
equilibrada bastante próxima a una posición que
podríamos identificar como “luterana”. Por lo general, se
considera que los elementos más radicales encontraron su apoyo
más ferviente y su apología entre los partidarios del segundo
ritual, aparecido en 1552. Según muchos observadores, el
ritual de 1559, promulgado bajo el reinado de Isabel I, manifiesta la
intención de la Iglesia de Inglaterra de seguir una vía
media a medio camino entre las posiciones extremas
católicas o protestantes, y tal vez sea en este ritual donde se
encuentra por vez primera una expresión auténtica de la liturgia y
de la teología anglicanas. El principal teólogo del período
isabelino fue Richard Hooker. Éste, en el libro V de su obra
monumental, Of the Laws of Ecclesiastical Polity, proponía una
apología polivalente del Book of Common Prayer que constituía el
punto de partida de una gran parte de la teología eucarística
anglicana que iba a seguir. Hooker estuvo influenciado él mismo
por la tradición católica, pero mantuvo también conversaciones muy
continuadas con las voces cada vez más vehementes que se hacían oír
en el ala puritana de la Iglesia. En busca de una vía media entre
las posiciones extremas con que se encontraba, Hooker formuló una
teología que hablaba de la participación real del creyente en el
cuerpo y en la sangre de Cristo. A partir de esta posición,
Hooker podía apaciguar el campo de los puritanos y de los reformados
rechazando la doctrina de la transubstanciación y otorgando una
mayor importancia al papel de la fe en la vida del comulgante. Y,
al mismo tiempo, podía afirmar que en el corazón de la
participación se encuentra la recepción fiel del cuerpo
y de la sangre de Jesús que es “instrumentalmente una causa” de
la misma. Las exigencias de esta posición obligaron a Hooker a
abandonar toda investigación profunda sobre el modo de
presencia de Cristo en las especies sacramentales, dando así
nacimiento a un tema que recurre con frecuencia en la teología
eucarística anglicana. Como otros muchos teólogos anglicanos
después de él, Hooker se interesó más por la presencia real de
Cristo en la asamblea gracias a las promesas de Cristo en su
sacramento, por la fe de la comunidad de los creyentes y por los
elementos fijados por Cristo, es decir, por la participación
(comunión), que por la conclusión de una disputa filosófica
sobre el modo de presencia que se podría creer,
localizada, o no, en el pan y el vino. John Booty es quien mejor
ha analizado los trabajos de Hooker sobre la Eucaristía. Hace notar
la importancia de dos términos del Nuevo Testamento –koinônia
y metanoia– que figuran en el centro de la idea que se
hace Hooker de la participación. En lo que se refiere a la
koinônia –la comunión– Hooker pensaba que el
creyente es transformado por la comunión en el cuerpo de Jesús; el
cuerpo y la sangre de Cristo consagrados son los instrumentos
mediante los que se lleva a cabo nuestra comunión con Dios. La
unión mística, que de ahí resulta también
para el creyente, constituye la Iglesia. “Edifica su Iglesia a
partir de la misma carne, del costado atravesado y sangriento del
Hijo del hombre. Su cuerpo crucificado y su sangre derramada para
vida del mundo son los verdaderos elementos de este ser celeste, lo
que nos hace semejantes a aquel del que venimos. Por eso las palabras
de Adán pueden ser exactamente las palabras de Cristo sobre su
Iglesia, Carne de mi carne y hueso de mis huesos, tomada
verdaderamente de mi propio cuerpo” (Laws V, 56, 7). Hooker,
para consolidar su teología de la participación, recurrió
asimismo a la noción de metanoia que encontramos en
el Nuevo Testamento. El arrepentimiento no sólo cambia al
creyente, sino que le permite asimismo un nuevo nivel de
ser –la participación– en la comunidad de todos los
fieles. Hooker no tiene una concepción negativa del
arrepentimiento; al contrario, ve en él una adhesión, en el
sentido más positivo, a la misericordia y a la gracia de Dios en
respuesta al Evangelio. La definición de la
participación, según Hooker, tan esencial para
comprender su teología eucarística, se sitúa en el punto de
equilibrio entre la experiencia eucarística del creyente y la
herencia eucarística de la comunidad de fe. La misma posición
se encuentra en otro teólogo importante de la época isabelina: John
Jewel. Según este último, la santa comunión es “no sólo
nuestra comunión en Cristo, sino también esta unidad
en la que los que comen en esta mesa deben soldarse los
unos a los otros”. Esta doble insistencia –en la
fe del creyente y en la construcción de la Iglesia–
permanecerá en el centro de la teología y de la práctica
eucarísticas anglicanas en las épocas siguientes.
La
acensión de Jacobo I al trono de Inglaterra abrió un nuevo capítulo
en la historia del Book of Common Prayer y de las celebraciones
religiosas. La precaria calma que dominaba en los últimos años
del reinado de Isabel fue perturbada de nuevo cuando los puritanos
dirigieron una solicitud a Jacobo I en la que pedían verse liberados
“del fardo de los ritos humanos y de las ceremonias”. Un estudio
del Book of Common Prayer de 1604 muestra que, en una gran
medida, los puritanos fracasaron en su intento de derrumbamiento
de las celebraciones religiosas. La defensa de la
posición “episcopaliana” fue el origen de una nueva
era de reflexión y de enseñanza teológica sobre la Eucaristía en
la Iglesia de Inglaterra. Lancelot Andrewes volvió a
abrir para los anglicanos la cuestión de la Eucaristía
como sacrificio y elaboró una posición que se esforzaba
en evitar las trampas bien conocidas de la teología medieval, sin
abandonar por completo la teología del sacrificio
eucarístico, como hacían las tendencias más radicales
del protestantismo. El interés consagrado por Andrewes al
sacrificio fue recogido por algunos teólogos ingleses del siglo
XVII, entre los cuales figura, tal vez de una manera
particularmente digna de ser destacada, el futuro arzobispo de
Canterbury: William Laud. Ambos hombres consideraron necesario
rechazar la doctrina de la transubstanciación, pues no era
posible encontrarle fundamento ni en las Escrituras ni en
la enseñanza de la Iglesia antigua. Sin embargo, al mismo
tiempo, estaban profundamente convencidos de que se
adherían a la totalidad de la fe católica en materia eucarística,
tal como la habían recibido, despojada de las molestas omisiones
introducidas por los protestantes. Encontramos en el siglo XVII
muchas obras de teología eucarística cuyo objetivo era
interpretar la práctica de la Iglesia “según el uso del Book
of Common Prayer” de un modo que reafirmaba con vigor la
doctrina de la Presencia real de Cristo en el sacramento. La
intención de estos teólogos era abrirse un paso a través de las
fuentes de la tradición antigua, de suerte que pudieran
evitar las concepciones “carnales, corporales,
localizadas” de la presencia eucarística típicas de
finales de la Edad Media, evitando, al mismo tiempo, el “simple
memorialismo” que percibían a menudo en la tradición de la
Reforma.
Esta
literatura teológica se desarrolló sobre el telón de fondo
de la “renovación patrística” que conoció
el anglicanismo en el siglo XVII. Se ve aparecer, en esta
época, un renovado interés por la investigación erudita
sobre las fuentes antiguas y se asiste igualmente al
nacimiento de un tipo de ciencia litúrgica específicamente
anglicano. Estas preocupaciones sobrevivieron a la guerra
civil inglesa y a la Commonwealth, y recobraron cierta notoriedad
después de la promulgación del Book of Common Prayer de 1662.
Nunca se dirá bastante la influencia que tuvo, en la evolución
ulterior del anglicanismo, el estudio de textos antiguos,
especialmente litúrgicos, y de aquellos que trataban de los
sacramentos y de la ordenación. Hasta los partidarios de una
posición más puritana y reformada se vieron influenciados por
la renovación de los estudios patrísticos en Inglaterra. En
ninguna parte se ve mejor la resonancia del estudio de las fuentes
antiguas que en la obra de los nonjurors (no-juramentados),
aquellos que se negaban a prestar el juramento de fidelidad a
Guillermo y a María a causa de su juramento previo y de su fidelidad
al rey exiliado, Jacobo II. Los non- jurors intentaron, en sus
centros de investigación y de reflexión teológica, tanto en
Inglaterra como en Escocia, reformar la liturgia de la Iglesia,
especialmente las celebraciones eucarísticas, según principios que
les parecían más en armonía con la teología y la práctica de la
Iglesia antigua. Se interesaron especialmente por los
textos litúrgicos y por los tratados de las diferentes Iglesias de
rito oriental. Encontramos traducciones inglesas de bastantes
fuentes orientales. Estas fuentes influyeron en la evolución de
la liturgia anglicana, particularmente en el proceso que condujo a la
publicación de un nuevo ritual para Escocia, en 1764. Este
ritual influyó, a su vez, en el primer ritual americano aparecido en
1789. Aunque su posición era, en esta época, minoritaria, los
non-jurors contribuyeron de manera importante a la evolución de
la liturgia eucarística anglicana a lo largo de los años que
siguieron. Entre las evoluciones más importantes, podemos citar
una acción de gracias más desarrollada y más equilibrada, una
anámnesis que recuerda de manera más clara la
obra salvífica de Cristo, la oblación del pan
y el vino, y, tras el relato de la institución, incluyeron una
epíclesis más explícita en vistas a la
consagración de las ofrendas para la comunión de los fieles.
La
así llamada “renovación evangélica” del siglo
XVIII contribuyó igualmente a subrayar el lugar central
de la Eucaristía en la fe y en la práctica anglicanas.
John y Charles Wesley, anglicanos que recibieron la influencia
de los non-jurors en Oxford a comienzos de su formación, otorgaban
a la Eucaristía una importancia esencial que encontraba su sitio en
la teología anglicana clásica. Aunque John Wesley no sea un
teólogo a la par que filósofo, su enseñanza sobre la Eucaristía
lleva, en muchos puntos, la marca de la tradición católica del
anglicanismo, pero él se interesaba más por la respuesta de fe
personal aportada por el creyente. Aun conservando en una
amplísima medida el lenguaje de la teología eucarística
tradicional, Wesley deseaba que se otorgara un papel claro e
inequívoco a la fe del creyente en la práctica eucarística.
Wesley, como otros pastores de tendencia evangélica, apenas
veía diferencia entre los beneficios que recibimos de Cristo por
la comunión y los que recibimos por la escucha de la predicación
sobre las Escrituras o por la oración y la fraternidad. Todos
los beneficios de la creencia son accesibles por la fe y sólo por
ella. Sin embargo, a diferencia de otros teólogos
evangélicos, Wesley no reducía el papel de la santa comunión
recibida en la fe, respecto al de la predicación. Las raíces
católico-anglicanas de Wesley no le permitieron nunca
abandonar el equilibrio entre palabra y sacramento,
que eran para él elementos esenciales de la fe y la
práctica evangélicas. Encontramos la misma dinámica en los
himnos de Charles Wesley. Estos himnos eucarísticos
están repletos de palabras e imágenes tradicionales que revelan
claramente la influencia que tuvo sobre su autor la tradición
católica. Ahora bien, al mismo tiempo, el lugar de la fe
personal así como la llamada a la santidad de vida se entremezclan
profundamente y se equilibran con la insistencia que pone en la
experiencia mística que caracteriza a la tradición
evangélica.
El
siglo XIX fue el telón de fondo de otro período de rica
efervescencia para el pensamiento y la práctica
eucarísticas en la Iglesia anglicana. El
movimiento de Oxford no se preocupó, en sus primeros
tiempos, ni de la liturgia ni de los sacramentos. Se interesó, más
bien, por una cuestión fundamental: “¿Qué es la Iglesia?”.
Una cuestión que refluye sobre todos los aspectos de la vida
eclesial. La encontramos especialmente en los aspectos “públicos”
de la liturgia, de los sacramentos y del ministerio ordenado. Los
principales responsables del movimiento incitaron una vez más a los
anglicanos a volverse hacia su herencia –la enseñanza y la
práctica de la Iglesia católica antigua antes de la división (tal
como ellos la concebían)– y se esforzaron, a partir de
ahí, por reformar y renovar toda la vida de la Iglesia. Hacia
mediados de siglo se dejó sentir en Inglaterra el movimiento
romántico que había atravesado todo el continente. El
movimiento litúrgico moderno que empezaba a
manifestarse en la Iglesia católica y en los luteranos encontraba
signos de interés y de apoyo entre los anglicanos. Esta matriz
es la que dio nacimiento a lo que se ha dado en llamar la “renovación
gótica”, el movimiento ritualista y una nueva forma de
anglo-catolicismo. Estos movimientos, qué duda
cabe, no tenían como tema la Eucaristía, pero no por ello han
dejado de marcar, hasta nuestros días, una impronta indeleble en
la fe y en la práctica eucarísticas de la Iglesia anglicana.
En
el siglo XX se han producido diferentes evoluciones que han
venido a reforzar la fe y la práctica eucarísticas
entre los anglicanos. El movimiento de “comunión
parroquial” intentó restablecer la celebración semanal
de la Eucaristía y convertirla en el acto religioso esencial cada
domingo. Definió este acto como la actividad
constitutiva de la Iglesia parroquial. Este programa estaba
ampliamente influenciado por el surgimiento continuo del
movimiento litúrgico ecuménico, que intentaba
alentar el restablecimiento de una plena liturgia de la
palabra y del sacramento para cada Día del Señor, y la
recepción regular de la santa comunión en las
Iglesias, donde las asambleas sin comunión se habían vuelto la
norma. Estos movimientos alcanzaron un punto culminante en la
obra litúrgica del concilio Vaticano II en la
Iglesia católica. El Concilio marcó un giro
decisivo para todos los cristianos, en particular para
aquellos que son miembros de Iglesias que tienen una
liturgia sacramental, aun cuando no estén en comunión
con la Iglesia de Roma. En ninguna parte de la comunión
anglicana se han librado de la influencia del Concilio sobre la
vida litúrgica, y muchas provincias se han visto influenciadas,
de una manera muy profunda, “por el espíritu, cuando no por la
letra” del Concilio. La muy clara enseñanza del Concilio
respecto a la dimensión comunitaria de la fe y de la práctica
eucarísticas está absolutamente de acuerdo, en muchos
puntos, con los comienzos del anglicanismo. La enseñanza del
Concilio ha servido de catalizador a una gran cantidad de anglicanos,
a fin de hacerles recuperar los elementos comunitarios y
constitutivos de la fe y de la práctica eucarísticas,
que caracterizan la perspectiva a largo plazo de su propia tradición
y se ha visto menos influenciada por los enfoques más personales e
individualistas de una época más reciente.
Para
los anglicanos, en el centro de su experiencia de fe se
encuentra Jesucristo. Ahora bien, esta experiencia no es
la experiencia aislada de un individuo creyente sin conexión con la
fe de la comunidad. Para ser cristiano y vivir una vida de
fidelidad al Evangelio de Jesús, es menester formar parte del Cuerpo
de Cristo, de esta comunidad que proclama que su identidad, antes que
cualquier otra cosa, es la de un sacerdocio de bautizados reunidos
alrededor de la Palabra y de la santa mesa. Para
los anglicanos, es en la liturgia eucarística –celebración
de la muerte y de la resurrección de Jesús– donde comprendemos lo
que somos, a quién pertenecemos fundamentalmente, y de quién somos
responsables en nuestra misión y nuestro ministerio en nombre de
Jesús. Del mismo modo que no hay vida de fe sin
fraternidad con los otros creyentes, tampoco hay misión –ni
justicia, ni misericordia, ni gracia– que no encuentre
fundamentalmente su fuente en la liturgia de la santa
Eucaristía. La fe en Jesucristo es el único aspecto
esencial de fidelidad al Evangelio; sin embargo, para los anglicanos
formados por la oración comunitaria, sería
inconcebible pensar encontrar a Cristo, a quien somos fieles, fuera
de la predicación y de la fraternidad de la Eucaristía.
J.
Neil Alexander
MAURICE
BROUARD, s. s. s. Director. ENCICLOPEDIA DE LA EUCARISTÍA. Desclée
de Brouwer Bilbao. p.872-877.
viernes, 11 de marzo de 2016
El Especialista
Escúchame
bien, Hermano/a:
Te
escribo a ti, que los problemas te hundieron en una cueva que tiene
una piedra que tú no puedes correr. A ti que estás “muerto en
vida”. Te ruego que leas lo que he escrito para ti. Y que me
acompañes en un tiempo de humillación, de confesión de pecados, de
alabanza y adoración al único Dios Verdadero: Jesucristo. ¡Él es
el Único Dios! Y está esperando que le digamos:
¡Creo
en TI, Señor! ¡Y creo que puedes hacerlo! ¡Tú eres el
Especialista!
Te
lo dedico a ti.
Jesús
llegó al sepulcro donde estaba Lázaro.
Marta
le dijo:
-Señor,
si hubieras estado aquí antes… Yo te mandé avisar cuando enfermó.
Pero te demoraste en el camino. ¡Te dije que era grave! Un Fuego de
Prueba cayó de repente, enfermó gravemente y murió. Hace cuatro
días ya. ¿Por qué, Señor? ¿Por qué tardaste?
Marta:
¿No te he dicho ya? ¿No te lo he repetido muchas veces?
¿NO
TE HE DICHO QUE SI CREES VERÁS LA GLORIA DE DIOS?
Creer
en Jesús. Él espera que cada uno manifieste Fe SÓLO en Él. Jesús
te pregunta:
¿Crees
que YO puedo hacerlo? ¿Crees en MÍ?
Espera
tu respuesta porque está deseoso, impaciente por actuar. Quiere que
le lleves a sus Pies tus problemas y que le confieses:
-Sí
Señor, CREO. Tú TODO lo puedes. ¡Creo en Ti, Señor Jesús!
Veamos
cómo continuó la historia.
¿Qué
había dicho cada uno frente a este hecho?
Jesús
que TODO lo sabe, dijo:
-Esta
enfermedad no es para muerte, sino para la Gloria de Dios, para que
el Hijo de Dios sea glorificado por ella.
Lázaro
DUERME. Voy para despertarle. Me alegro por ustedes para que CREAN.
El
motivo real de la repentina enfermedad de Lázaro era éste: estaba
siendo instrumento útil para que el Nombre del Señor Jesús sea
glorificado. Pero los que lo escucharon no entendieron nada.
Tomás
– “creo si veo”- dijo: Vayamos también nosotros para que
muramos con él.
No
podemos negar que aunque no entendió nada de lo que Jesús había
dicho, lo amaba y se solidarizó con su situación, quería
ser parte de lo que le ocurriera a Él.
Los
judíos: Al ver llorar a Jesús ante la tumba de su amigo dijeron:
-¿No
podía éste, que abrió los ojos al ciego haber hecho que Lázaro no
muriera?
Marta:
Le recriminó a Jesús porque no llegó a tiempo. Pero confesó su
Fe en Él y que creía que Lázaro iba a resucitar en la
Resurrección, en el Día postrero.
Muchos
de los presentes, sólo veían a Lázaro MUERTO y nada más.
Y
Jesús ordenó: -¡QUITEN LA PIEDRA!
Marta
le replicó: -Pero Señor, ¿cómo vas a mandar que quiten la piedra
de la tumba? ¿No escuchaste que pasaron cuatro días y la muerte ya
hizo su trabajo? ¡Señor, hiede ya!
Y
algunos, sólo por obediencia, no por Fe en Jesús, quitaron la
piedra.
Ante
un problema, distintas opiniones o formas de verlo. Pero en el fondo,
todos criticaban a Jesús porque no hizo nada. Porque llegó tarde.
Porque dejó morir a Lázaro. Porque podía haber evitado su muerte
pero no lo hizo. Recordaban bien que en otros casos, ni siquiera
llegó al lugar del enfermo, dijo la Palabra y a la distancia el
enfermo sanó.
Habían
olvidado que estaban ante el Creador, que toda la Creación se le
somete y que el espacio y el tiempo se le someten. Todos iban a ser
testigos de que Jesús es el Dador de Vida y que la muerte huye
delante de su Presencia.
¡Todos
iban a glorificar el Nombre de Jesús e iban a creer en Él!
* * * * *
¿NO
TE HE DICHO QUE SI CREES VERÁS LA GLORIA DE DIOS?
(Juan
11: 40)
Como
Lázaro, te encuentras en una cueva con una piedra que tú no puedes
correr. El Fuego de la Prueba te llevó hasta allí. ¿Quién puede
destapar eso, quitar la piedra? Si el olor se siente a la distancia.
El pecado, la falta de Fe en Jesús, las maldiciones, la miseria, la
soledad, los problemas familiares, las pestilencias, la enfermedad,
la falta de perdón, el odio, el resentimiento, la soledad, la
angustia, la depresión, los malos sueños,… te hundieron en la
cueva.
Estás
muerto en vida. Te estás pudriendo hasta los huesos sumergido en
ella. Te estás quedando sin aire. La muerte te ronda. Ya no querés
seguir viviendo. No hay solución! ¡No tengo salida! Te repetís
una y otra vez. Le avisé a Jesús ni bien comenzó esto. Pero no
hizo nada.
¿O
SÍ? Ahora que recuerdo, dejó dicho algo en la Biblia para mí. Pero
con tantos problemas no la he leído. Y si tengo que decir la verdad,
nunca me esforcé por memorizar versículos para los malos tiempos.
Hermano/a:
Jesús
está dispuesto a actuar a favor de ti sin importarle los
impedimentos. Acudió a resucitar a Lázaro aún cuando los
discípulos le recomendaron que no vaya a Betania porque los judíos
de allí lo buscaban para apedrearle.
A
Jesús no le importa el tiempo que llevas transcurrido en la cueva,
las circunstancias que te llevaron allí, el modo en que llegaste…
Jesús
te repite: ¿No te he dicho que si crees verás la Gloria de Dios?
Jesús
es ESPECIALISTA en estos casos. ¿O acaso te olvidás que Él estuvo
en la tumba muerto y resucitó? ¡Venció a la muerte, al diablo, al
infierno! ¡Está RESUCITADO AHORA! ¡Y te quiere sacar de la cueva
AHORA!
Hermano/a,
Jesús mandó que quiten la piedra que cerraba la tumba, luego Él
oró y Lázaro resucitó. Él no hace lo que nosotros podemos hacer.
Jesús necesita de Cristianos que no digan como Tomás “vayamos a
morir con él”, a llorar, a manifestarle nuestro dolor por lo que
le ocurre al Hermano. Jesús necesita de Cristianos que ejerzan Fe en
Él RESUCITADO y corran a quitar la piedra para que ocurra el milagro
de parte del Señor.
Querido
Hermano/a:
Por
Fe, quito la piedra que cierra tu cueva, porque CREO que Jesús
rompe tus cadenas, te libera, te sana, te restaura, convierte la
maldición en Bendición por amor a ti, te perdona los pecados, te
limpia, te santifica, te da Vida en abundancia.
Jesús
dio su Vida por ti. ¡Eres SALVO POR GRACIA! No tienes que hacer nada
para alcanzar Salvación. Él ya lo hizo todo. Ejerce Fe en Jesús,
dilo, decláralo públicamente AHORA.
Vamos
a humillarnos delante del Señor, a reconocer su Grandeza, su Poder,
a tirarnos a sus pies. Señor mira mi vida. Señor ayúdame. Creo en
Ti. Tú eres mi Salvador y Señor. Perdona mis pecados. Lávame.
Límpiame. ¡Estoy podrido, Señor! ¡Hazme de nuevo!
Que
todos vean y crean que Tú eres Real y teman delante de Ti. Que tu
Nombre sea glorificado por medio de mí. Mira mi vida… Mira mi
vida… Señor ayúdame.
Ayúdame
a quitar por Fe la piedra de la cueva donde han caído otros Hermanos
para que Tú puedas obrar. Ayúdame a ser agradecido. Gracias porque
soy Salvo por Gracia, me has salvado gratuitamente. Diste Tu Vida por
Amor a mí. ¡Gracias Jesús!
Alabemos,
adoremos juntos al Señor Jesús. No importa el tiempo que
transcurra, no mires el reloj. ¡Demos gracias al Señor por lo que
ha hecho en tu vida!
Luego,
por Fe en el Señor Jesús, corre a quitarle la piedra a otro
hermano.
(Elena Sanfilippo Ceraso
viernes 11/03/2016)
domingo, 6 de marzo de 2016
¿En verdad, no lo pensaste?
Si
no pensé… ¿qué?, me preguntarás.
Si
no pensaste acerca del FUEGO DE PRUEBA que te sobrevino
sorpresivamente y no cesa.
Oras
sin cesar a Dios, le confiesas tus pecados, le pides perdón en el
Nombre de Jesús, te humillas, lloras delante de su Presencia. Y el
Fuego de Prueba no cesa. Le rogaste a Dios que su Espíritu Santo
ilumine hasta lo más oculto, escondido dentro de ti. Y nada. Todo
sigue igual o incluso peor.
Estás
siendo bombardeado. Eres el blanco del diablo donde él arroja sus
dardos encendidos y envenenados. Te puede enviar: enfermedad,
pestilencia, dolor, problemas económicos y familiares, pérdidas
materiales o de personas amadas, humillación, calumnia, robo,
inseguridad, miedo, malos sueños, depresión, angustias, muerte,
persecución, martirio, tribulación, soledad, cárcel, torturas,
etc.
Te
has quedado solo. Se han multiplicado tus enemigos sin haber hecho tú
nada. O sí, has hecho lo correcto en todo lo que viene a tu mano.
Tus íntimos, esto es, familiares y amigos, se acercan para
aconsejarte y analizar por qué llegaste a esta dramática situación.
Te
parece que Dios no te escucha, que te abandonó. Te ves inmerso en
medio de las tinieblas. ¿Dónde está la Luz que es Jesús?
Ya
no sabes qué pensar de todo esto ni qué hacer.
Ocurre
que nosotros vemos sólo un lado de la realidad que estamos viviendo.
Dios conoce ambos lados: el terrenal y el espiritual. Y tú no tienes
porqué saberlo.
¿Te
resulta familiar el término ZARANDA? La zaranda es un utensilio que
se utiliza para separar de algo, lo fino de lo grueso, para limpiarlo
de impurezas. El diablo pone al cristiano dentro de una zaranda y lo
mueve con violencia de un lado hacia otro. Lo zarandea para que el
cristiano abandone, reniegue de Dios cuando le sobreviene
sorpresivamente Fuego de Prueba. Dios lo permite, porque por este
medio el Espíritu Santo santifica al cristiano, lo limpia, lo sana,
lo restaura, lo libera, lo transforma a la imagen de Jesús.
Seguramente
has leído el libro de Job y de sus sufrimientos y calamidades.
Job
era un hombre perfecto, recto, temeroso de Dios y apartado del mal.
Satanás lo había estado observando detenidamente, por bastante
tiempo. Lo había acechado, como acecha la bestia salvaje al
corderito a quien planea devorar.
Y
sí, tenía que reconocerlo, Job era FIEL a su Dios. Pero
la pregunta era: ¿hasta dónde?
Rápidamente
satanás fue a la Presencia de Dios y se lo dijo:
¿Sabés
porqué Job te es fiel? Así cualquiera lo es. Le has dado muchas
Bendiciones, lo has CERCADO a él, a su casa y a todo lo que tiene y
has aumentado sus bienes como a nadie en la tierra.
Te
desafío a que si Tú extiendes tu Mano a todo lo que le has dado,
verás si no blasfema contra Ti en tu misma Presencia.
Dios
aceptó el desafío con la condición de que la vida de Job no debía
ser tocada.
¡Y
Job no sabía nada de lo que estaban tratando respecto de él en el mundo
espiritual! Tampoco había Biblia ni tenía el Espíritu Santo, ¡como
nosotros! ¡Qué privilegio el nuestro!
Repentinamente
le sobrevino un Fuego de Prueba que le quitó Todo. Perdió:
hijos, familiares, bienes, etc. Quedaron sólo él y su mujer en
medio de la nada. Todo destruido, saqueado. Y llegaron la
pestilencia, los malos sueños, visiones terroríficas, tremendos
dolores y sin calmantes, amarguras, la burla y la humillación de
aquellos a quien él había amparado. Y a su mujer destrozada, ¡ni le
hables de Dios!
Y
este sufrimiento no duró pocos días.
Llegó a lamentarse:
Llegó a lamentarse:
¿Por
qué no morí en la matriz de mi madre y expiré al salir del
vientre? Maldito el día en que se dijo que iba a nacer. He recibido
meses de duras calamidades con noches largas y llenas de inquietud.
No podía estar sentado o acostado. Le daba lo mismo la noche que el día. Todo su cuerpo, su carne se deshacía…
No podía estar sentado o acostado. Le daba lo mismo la noche que el día. Todo su cuerpo, su carne se deshacía…
Job
lloró, se quejó delante de Dios. En otros momentos se preguntaba
dónde encontrarlo para sentarse con Él y presentarle sus
argumentos.
Y
vinieron sus amigos. ¿Por qué no se habrán quedado en sus casas?
¡Pobre Job! No tenía ningún deseo de escuchar discursos teológicos
y filosóficos acerca del dolor, el pecado, etc, mientras se deshacía
su carne y su corazón desfallecía.
Luego,
Dios le respondió y hablaron. Y le hizo entender.
¿Qué le hizo entender a Job? (19: 25-27)
¿Qué le hizo entender a Job? (19: 25-27)
Le
hizo entender algo que en esa época nadie imaginaba ni creía. Dijo
Job: YO SÉ QUE MI REDENTOR VIVE. Aprendió acerca del Juicio Divino
y de la Resurrección de los muertos. Que luego que pasara por la
muerte, vería con sus propios ojos a Jesús. ¡En la muerte no se
acababa todo! ¡Aún había Esperanza! Se dio cuenta que estaba
atravesando por una leve tribulación momentánea.
Job
le dijo a Dios: (34: 32-33)
Enséñame
Tú lo que yo no veo.
Si
hice mal no lo haré más.
Lo
que había sido un Fuego de Prueba por parte de satanás para que Job
renegara de Dios y lo abandonara, para que creyera que iba a morir
así, bajo maldición, completamente destruído, solo, y que todo su
temor de Dios no le había servido para nada, resultó en que Job
conoció más íntimamente a Dios, tuvo un Encuentro Personal con su
¡Redentor Vivo! Ahora podía decir que había hablado con Dios cara
a cara. Ahora sabía que vivir en el temor de Dios tiene
trascendencia espiritual y eterna. Ahora conocía acerca de la Fe, la
Esperanza y el Amor divinos.
¿Y
cómo terminó todo?
Job
le confesó a Dios: (42: 1-6)
Yo
conozco que todo lo puedes y que no hay pensamiento que se esconda de
Ti. Por tanto, yo hablaba lo que no entendía…
Oye,
te ruego y hablaré, te hablaré y Tú me enseñarás.
De
oidas te había oido, mas AHORA MIS OJOS TE VEN . Por tanto me
aborrezco y me arrepiento en polvo y ceniza.
Pero
aún falta la segunda parte: un tremendo desafío, esta vez de Dios
para Job.
Dios
había estado siempre presente aunque Job no lo sabía y su IRA se
había encendido contra sus tres amigos, porque no habían hablado
del Él con rectitud como lo había hecho Job, aún estando en
tribulación. Para que no los destruyese con su ira, debían
presentar un holocausto y Job oraría por ellos. Dios sólo
aceptaría la oración de Job a favor de sus amigos.
¡Pobre
Job! ¿Debía orar por sus amigos para que Dios no los destruyera?
¿Orar
por los mismos que lo habían criticado, juzgado, acusado, sin
misericordia?
Sí,
porque ahora era un “nuevo Job”, había tenido un Encuentro
Personal con su Redentor y Dios le había enseñado acerca del Juicio
Divino para todas las personas.
Job
obedeció a Dios, oró, intercedió por sus amigos y Dios aceptó su
oración y no los castigó. Sus amigos también conocieron a un Dios
Vivo y le temieron.
Y
aquí vino ¡el gran final!
Recién
ahí, después de haber orado por sus amigos:
Dios
quitó la aflicción de Job y lo restauró espiritual y
materialmente. Y comenzó a referirse acerca de Job como: MI SIERVO
JOB.
* * * * *
Simón,
Simón, satanás te ha pedido para zarandearte como a trigo, pero Yo
he rogado por ti que tu fe no falte. (Lucas 22: 31-32)
Hermano/a:
Pedro
dice que si te ha sobrevenido un Fuego de Prueba no te sorprendas, no
consideres como algo extraño lo que te está ocurriendo. Sino, más
bien, considérate ¡Bienaventurado! Y glorifica a Dios por ello.
Jesús ya está al tanto de ello, estuvo presente cuando el diablo te
pidió para zarandearte como a trigo, y, ¿sabés qué?, ya pidió
para que tu Fe no falte.
Lo
que te está ocurriendo tiene trascendencia espiritual para ti y para
los que intervienen en alguna manera en lo que te está pasando,
familiares, amigos, etc. Y cuando todo pase, vas a tener que orar,
interceder ante Dios por ellos.
Cuando
Jesús resucitó buscó a sus Amigos, a aquellos que lo habían
abandonado, negado, huído en su peor momento, cuando lo apresaron y
crucificaron. A aquellos que lo habían dejado solo.
Los
buscó, los perdonó, oró por ellos y los restauró.
Dios
ya sabe que tus palabras van a ser:
…MAS
AHORA MIS OJOS TE VEN.
Y
entonces Él te llamará Mi Siervo, Mi Amigo y aceptará sólo la
oración que tú hagas a favor de otros.
¡Eres
un Bienaventurado! ¡Glorifica a Dios!
(Elena Sanfilippo Ceraso
sábado 05/03/2016)
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