28 Aconteció como ocho días después de estas palabras, que tomó a Pedro, a Juan y a Jacobo, y subió al monte a orar.
29 Y entre tanto que oraba, la apariencia de su rostro se hizo otra, y su vestido blanco y resplandeciente.
30 Y he aquí dos varones que hablaban con él, los cuales eran Moisés y Elías;
31 quienes aparecieron rodeados de gloria, y hablaban de su partida, que iba Jesús a cumplir en Jerusalén.
32 Y Pedro y los que estaban con él estaban rendidos de sueño; mas permaneciendo despiertos, vieron la gloria de Jesús, y a los dos varones que estaban con él.
33 Y sucedió que apartándose ellos de él, Pedro dijo a Jesús: Maestro, bueno es para nosotros que estemos aquí; y hagamos tres enramadas, una para ti, una para Moisés, y una para Elías; no sabiendo lo que decía.
34 Mientras él decía esto, vino una nube que los cubrió; y tuvieron temor al entrar en la nube.
35 Y vino una voz desde la nube, que decía: Este es mi Hijo amado; a él oíd.
36 Y cuando cesó la voz, Jesús fue hallado solo; y ellos callaron, y por aquellos días no dijeron nada a nadie de lo que habían visto.
Sinagoga:
Asamblea, lugar de reunión. Edificio destinado a la lectura y
enseñanza pública de la Ley de Moisés y que servía de Tribunal y
escuela. Estas comunidades administraban sus asuntos religiosos y
civiles por sí mismas, sometiéndose a la legislación del país. Un
consejo de ancianos dirigía la sinagoga y la asociación religiosa
existente. Los judíos la llamaban “casa de reunión”.
Ceguera:
Es muy frecuente en Oriente. Causada por viruela, inflamación de
ojos e intensa luz solar, abundancia de un polvo fino y las
minúsculas moscas. También se utiliza para describir el estado del
hombre natural bajo satanás, para el creyente que aborrece a su
hermano, etc.
Jesús
acababa de escapar del templo porque los judíos querían apedrearlo
para matarlo. ¡Estaban furiosos! Lo llamaron “hijo de
fornicación”. Jesús les había dicho una frase matadora:
-“Antes
de que Abraham fuese YO SOY”
Al
pasar, Jesús vio a un ciego de nacimiento mendigando y dijo a sus
discípulos que “la Gloria de Dios se iba a manifestar en este
hombre”. Escupió en tierra e hizo lodo con la saliva y untó los
ojos del ciego. Luego lo envió a que se lave en el estanque de
Siloé. El hombre le CREYÖ a Jesús, le obedeció y regresó
¡VIENDO!.
¡Cuánta
simplicidad! Ya está, eres sano. Ahora, vé a vivir una vida normal
junto a los tuyos. El sufrimiento, la mendicidad, el abandono,
¡quedaron atrás!
Los
vecinos no podían creer que el ciego que mendigaba hubiera
recuperado la visión aunque él les repetía: ¡Yo soy!
Para
el resto de la comunidad este milagro no era tan simple, ni para las
autoridades de la sinagoga. ¿Por qué? Este Jesús buscando
problemas otra vez: sanó en día de reposo y le abrió los ojos a
un ciego de nacimiento. ¿Cómo lo había hecho? Si sólo Dios podía
curar a un ciego de nacimiento, sólo Dios perdonaba pecados. Este
Jesús era un hombre pecador y nacido en pecado…Entonces el ciego,
no era ciego, mentía…
Todos
le preguntaban una y otra vez: -¿Cómo te fueron abiertos los ojos?
-Aquel
que se llama Jesús, hizo lodo… Fui, me lavé en el Estanque de Siloé y recibí la vista.
-¿Dónde
está él?
-No
sé.
Claro
que no sabía nada del Señor Jesús. Lo increíble de este suceso
fue que Jesús pasaba por ahí, lo vio, lo sanó y siguió su camino.
Sólo
esperaba que todos se alegraran con él. ¡Veía! ¡Había nacido
ciego y ahora veía! Eso era lo importante. ¿No lo estaban viendo?
La verdad que, ¡ellos parecían ciegos! ¡Qué alboroto en la
comunidad! ¡Sí, pero no precisamente de alegría!
Volvieron
a preguntarle los fariseos cómo había recibido la vista. Y el
hombre volvió a narrar lo sucedido. Y así pasaron los días, de
interrogatorio en interrogatorio. Todos murmuraban: -¿Lo curó con
lodo? Este hombre, (por Jesús), es pecador, no procede de Dios.
Este
“Encuentro” con Jesús y el milagro de sanidad trajeron para él
una gran cantidad de problemas a los que se sumaban angustia, discusiones,
preocupaciones…
Y
continuaron pasando los días. No hubo festejo en la sinagoga donde
se reunía la comunidad. ¡Nada de eso! ¡Lo trataron de mentiroso y
de que había fingido ser ciego!
Las
autoridades acordaron de que si alguno confesaba que Jesús era el
Mesías, sería expulsado de la sinagoga. ¡Tremendo castigo! Todas
las familias judías pasaban por esta “casa de reunión”.
Las
autoridades de la sinagoga decidieron llamar a los padres, quienes
solamente confirmaron que este hombre era su hijo y que había nacido
ciego de nacimiento. Pero de cómo había ocurrido el milagro, no
sabían nada. El miedo a ser expulsados les hizo hablar así.
Pobre
hombre, había sido anteriormente un ciego mendigo. Pero desde que
Jesús lo bendijera con el milagro de la visión, se vio envuelto en
una historia de miedo, mentiras, falsos testimonios, soledad,
enojos.. Lo volvieron a llamar y le preguntaron todo otra vez, lo
injuriaron y le reprocharon que era discípulo de Jesús, “el
pecador”.
Luego
de un fuerte intercambio de palabras, sin temor, les dijo:
- Dios
no oye a los pecadores. Pero si alguno hace su voluntad y es temeroso
de Él, a ése oye. Desde el principio no se ha oído decir que
alguno abriese los ojos a uno que nació ciego. Si Éste, (por
Jesús), no viniera de Dios, nada podría hacer.
Y
se enojaron las autoridades de la sinagoga, lo acusaron de haber
nacido en pecado, ¡y lo expulsaron!
¡Estaban
ciegos! ¡Lo habían expulsado! Aún no conocían al Verdadero Dios.
Ahora que veía, se quedaba solo. Nadie quería tener problemas en la
sinagoga.
Pero
él había sido valiente, sin temor respondió a las acusaciones, no
mintió acerca de lo que creía de Jesús, sino que CONFESÖ
públicamente que era un Enviado de Dios y soportó el castigo de la
expulsión de la sinagoga. Aún cuando sabía que los padres ya no lo
iban a aceptar pues ellos ya habían realizado su opción.
Desde
que Jesús había pasado a su lado y se detuvo para sanarlo de su
ceguera, todo había cambiado en su vida. Los maestros ciegos de la
sinagoga le habían enseñado que era ciego de nacimiento por haber
nacido del todo en pecado. Y que sólo Dios podía curar esta
ceguera. Pero como no lo reconocían a Jesús como enviado de Dios,
sino que afirmaban que era pecador, hijo de fornicación y que hacía
las obras en nombre del diablo, que era mentiroso y tenía demonio, el milagro que él había recibido de acuerdo a estas afirmaciones,
¡nunca podía venir de Dios! ¡No era Dios quien lo había curado! Y
lo expulsaron por no aceptar “esta verdad” que los ancianos
proclamaban públicamente.
Pero
Jesús no sólo le había dado visión, sino que se dio cuenta que
toda su vida había creído que era ciego porque nació en pecado.
¡Cuántas humillaciones había sufrido por este concepto erróneo! Y
ahora conocía la Verdad sobre el origen de su enfermedad, que
ninguna autoridad religiosa había pronunciado jamás. Había
escuchado a Jesús decir, antes de sanarlo:
-“No
es que pecó éste ni sus padres, sino para que las OBRAS DE DIOS SE
MANIFIESTEN EN ÉL” ¡Era la voluntad de Dios lo que le había
ocurrido! ¡Dios lo había elegido para manifestarse a través de él!
Y había llegado el momento, no fue casualidad el Encuentro con
Jesús. Pero la comunidad, la familia, los ancianos de la sinagoga
estaban en su contra porque sus ojos espirituales estaban cerrados y
sólo Jesús tiene el poder para abrirlos.
Estaba
solo. Lo dejaron solo. Pero veía. ¡Ahora veía todo! ¿Qué había
creído desde niño? Los conceptos erróneos aprendidos lo llevaron a
vivir miserablemente. No iba a volver atrás a suplicar por
misericordia. A decir verdad, nunca la habían tenido con él: había
sido sólo un ciego mendigo. Es más, había sido un “ciego guiado
por otros ciegos”. Pero… ¿deambularía solo por ahí?
¿Y
AHORA QUÉ?
Y
ahora falta lo mejor. El Buen Pastor nunca abandona a sus ovejas.
Sale a buscarlas hasta que las halla. El Buen Pastor su vida da por
sus ovejas.
Le
contaron a Jesús que el buen hombre había sido expulsado de la
sinagoga y salió a buscarlo. Cuando lo halló, le preguntó:
-¿Crees
tú en el Hijo de Dios?
-¿Quién
es Señor, para que crea en Él?
-Pues
le has visto, y el que habla contigo, ÉL es.
-Creo
Señor. Y le adoró.
¡Las
obras de Dios se habían manifestado en él! Ahora veía físicamente
y espiritualmente.
“Para
juicio he venido Yo a este mundo, para los que no ven, vean, y los
que ven, sean cegados”. Señor Jesús.(Juan 9:39)
Dios
también quiere manifestar sus Obras en tu vida. Sólo dile a Jesús:
CREO, SEÑOR. Y ADÓRALO, ÉL ES DIOS.
1°
Corintios 2: 9- 16. “Cosas que ojo no vio ni oído oyó… son las
que Dios ha preparado para los que le aman”.
Pero Dios las revela
por el Espíritu Santo sólo a quienes adoran a Jesús y sus ojos
espirituales han sido abiertos por Él. Éstos son los que tienen la
mente de Cristo. “Pero el hombre natural no percibe las cosas que
son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede
entender, porque se han de discernir espiritualmente”.
¿Sabías
que sólo hay dos clases de personas: natural o espiritual?
“Porque
la Palabra de la Cruz es LOCURA a los que se pierden, pero a los que
se salvan es PODER DE DIOS”. (1° Corintios 1: 18).
MEDITA:
¿Cuál
es tu reacción ante la Predicación de la Palabra de Dios y del
Evangelio de Jesús?:
- ¿Te
has arrepentido de tus pecados y le has pedido al Señor Jesús que
entre en tu corazón? ¿Lo has recibido como Salvador Personal y Señor
de tu vida?
-¿O
crees que es locura y no la puedes entender?
Oro
para que el Señor Jesús abra tus ojos espirituales… ¡y CREAS en
ÉL!
La Biblia
es la Palabra de Dios, inspirada, infalible e inerrante. Toda ella es
verdadera (Sal. 119.160), perfecta, firme, recta, pura, buena y justa
(19:7–11). Ella contiene todo lo que necesitamos saber acerca de
nosotros mismos y de Dios (Dt. 29.29), y nos fue entregada y
preservada por el Espíritu Santo para efectos de que creamos en
Cristo y tengamos vida en su nombre (Jn. 20.31) reteniendo y
practicando la sana doctrina vertida en cada una de sus páginas (2
Tes. 2.15). No fue el deseo de nuestro Padre que nos quedáramos
hilvanando confusamente entre un libro y otro, sino que ordenó todo
para que su Espíritu nos guiara a toda la verdad (Jn. 17.17).
En esta
tesitura, nosotros reconocemos que en torno a la enseñanza acerca
del gobierno de “la iglesia del Dios viviente, columna y baluarte
de la verdad” (1 Ti. 3.15), el Señor dejó instrucciones precisas,
claras y asequibles a todos los hermanos, de modo que no fuera
difícil ser fieles a la verdad. Empero, hoy la Iglesia está siendo
gobernada por mujeres que enseñan desde los púlpitos sin reparar en
una frontal violación al diseño de Dios para su Iglesia y sus
vidas. No me ocuparé aquí de justificar al Señor tratando de
ablandar esta verdad bíblica para las hermanas. No porque nos las
estime sino porque creo que en muchos otros asuntos graves no cejamos
en denunciar la apostasía y error, mientras que al parecer este
yerro premeditado pasa desapercibido en muchas comunidades
cristianas.
La
Palabra de Dios dice:
(P)ues no
permito que la mujer enseñe ni ejerza dominio sobre el hombre, sino
que guarde silencio. Porque primero fue formado Adán, y después
Eva; y el engañado no fue Adán, sino que la mujer, al ser engañada,
incurrió en transgresión (1 Ti. 2:12–14).
En el
estudio de la Biblia se distinguen entre las costumbres y los
principios. Las costumbres son aquellas áreas en la Biblia donde se
demandó o aceptó una situación en un contexto histórico
inmediato. Este es el caso, por ejemplo, de Lc. 10.4 donde Jesús
mandó a los discípulos (los setenta y dos) a no llevar bolsa, ni
alforja, ni calzado, y que no se detuvieran a saludar a nadie. Un
principio, en cambio, es una norma que Dios estableció para que
todos la cumpliesen en todas las épocas por venir. Es el caso,
también por ejemplo, de la prohibición de la fornicación en 1 Tes.
4:3 y ss.
¿Cómo
sabemos qué es un principio transcultural y qué es una costumbre en
la Biblia? A veces puede ser difícil pero en el caso de 1 Ti.
2:12–14, que prohíbe a las mujeres enseñar a los hombres, no lo
es. Esto se debe a que la prohibición está basada apelando al orden
de la creación. El apóstol indica que esta regla tiene su origen en
el Génesis, aún antes de la caída, ya que apunta al hecho de que
Adán fue creado primero. Esta apelación a la creación es usada en
otros lugares como ocurre en el caso de Jesús al enseñar sobre el
matrimonio en Mc. 10:7–8. Allí, el Señor cita Gn. 2.24 para
adoctrinar acerca de la unión sagrada entre los cónyuges. Lo mismo
pasa con Pablo cuando habla acerca de la sumisión de la esposa al
esposo y el amor entre ambos en Ef. 4.31. Estas reglas al igual que
las que tocan el gobierno de la Iglesia trascienden la cultura.
Así
que el apóstol Pablo ordena a la Iglesia de Cristo que solo los
hombres posean un estatus de liderazgo en la misma, lo cual incluye
la exclusividad de la predicación durante la asamblea solemne el día
del Señor a cargo de los varones. La expresión: “que la mujer no
ejerza dominio sobre el hombre” lleva en sí un elemento gramatical
usado en las gestiones judiciales (authenteo). De
manera que se entiende que las mujeres tampoco pueden ser oficiales
de la Iglesia, quienes son al final los que dirigen y pastorean a la
grey de Cristo. De hecho, del contexto de 2 Ti. 2.12 se descubre que
bajo la influencia de los falsos maestros algunas mujeres habían
tomado cargos de liderazgo en la congregación y Pablo estaba allí
para corregirlos.
Esta
prohibición a las mujeres no es absoluta. La Biblia no ordena que
las mujeres callen bajo cualquier circunstancia. 1 Ti. 2.11 dice que
ellas deben aprender en silencio y con toda sujeción, pero 1 Co.
11.5 registra que las mujeres de hecho oraban y hablaban durante el
culto cristiano. Así las cosas, el silencio y sujeción de la mujer
en la Iglesia debe entenderse como una señal de respeto y sumisión
ante el gobierno de los ancianos. Las hermanas santas y honorables se
sujetarán -como el resto de los varones que no son oficiales de la
Iglesia- a la enseñanza y guía de los hombres (1 Ti. 3: 1 y ss;
Ti.1:5 y ss.) que fueron ordenados al santo ministerio pastoral y al
santo ancianato.
Como se
puede observar, esta regla respecto a las mujeres cristianas no se
basa en la capacidad intelectual, moral ni fortaleza espiritual de
hombres y mujeres, sino en un orden de gobierno que Dios dispuso
porque así lo quiso desde el principio (1 Ti. 2.13), obedeciendo al
diseño con que nos creó. Abundan las hermanas que superan a los
hombres en grados académicos teológicos, que poseen una enorme
capacidad comunicativa y expositiva de la Palabra, que llevan vidas
de profunda comunión con Dios y saben comunicar el consejo santo a
los demás. Hoy en día, en el trágico escenario evangélico, no es
raro hallar hermanas cuya devoción al estudio bíblico sistemático
supera el de ancianos y diáconos con creces. Esta es una vergüenza
no porque se trate de mujeres superando a los hombres -lo cual es
irrelevante a la discusión- sino porque los oficiales de la Iglesia
deberían ser los más responsables y adelantados en estas tareas
pastorales. Pero a pesar de todo esto, Dios dejó registrado que las
mujeres no accedieran al pastorado y no tomaran la enseñanza en su
poder.
Esta es
la posición bíblica que me parece más clara y que deseo que mis
hermanas comprendan, para la gloria de Dios. (http://www.semillabiblica.org/?p=209)