martes, 23 de diciembre de 2014
lunes, 22 de diciembre de 2014
El símbolo Ichtys
sábado, 13 de diciembre de 2014
Israel es la Iglesia
Hoy en día, el problema de Medio Oriente, afecta a todas las naciones de Occidente como nunca ocurrió en el pasado. Los medios de difusión constantemente se refieren a los descendientes de Abraham, judíos y árabes, en las noticias locales como extranjeras. Es lógico, entonces, que el cristiano se pregunte por las concomitancias bíblicas de este fenómeno. Curiosamente, tanto en los medios evangélicos como católicos romanos, vemos como nunca antes, un interés poco común por el pueblo judío. Sin temor a equivocarnos, podemos decir que, la generalidad de la literatura evangélica actual, es manifiestamente sionista. Las pretensiones judías son defendidas con profecías bíblicas, y el Islám, es presentado bajo un aspecto claramente luciferino. Si bien el dispensacionalismo tiene elementos positivos, su punto de partida es erróneo, y no puede ser ignorado en las condiciones actuales, si no queremos hacer responsable a Dios de todas las injusticias y asesinatos que el imperialismo sionista está cometiendo contra los árabes, quienes son amados por Dios del mismo modo que los judíos, por raro que esto parezca.
El judaísmo sin Cristo no es una fe universal, sino nacional, vinculada a una etnia. En cambio el cristianismo, es universalista. El apóstol Pablo dice: "Ya no hay judío ni griego....sois uno en Cristo Jesús" (Gálatas 3:28). El dispensacionalismo se equivoca gravemente al sostener la existencia de dos pueblos de Dios, haciendo una distinción no bíblica entre el Israel étnico con el Israel espiritual, que es la Iglesia. La Biblia, en especial la carta del apóstol Pablo a los romanos, muestra que sólo hay un Israel de Dios, compuesto por descendientes de Abraham según la fe, provenientes del judaísmo o de la gentilidad. La Iglesia es la comunidad de los creyentes; y el pueblo de la fe, nada tiene que ver con la carne y sangre literales. Ni todos los judíos étnicos son judíos, ni todos los gentiles étnicos son gentiles. La conciencia acusa a los gentiles como la ley mosaica acusa a los judíos: judíos y gentiles están igualmente bajo condenación. Hay un solo camino de salvación para judíos y gentiles: la fe en Jesucristo. Todos los que ejercen fe en el Señor son hechos integrantes de un mismo pueblo, el Israel de Dios , la Iglesia (Gálatas 6:16). Por lo tanto, el Israel étnico no puede ser identificado con el pueblo elegido, aún cuando haya israelitas según la carne que pertenezcan al Israel de Dios. El apóstol Pablo dice: "No todos los que descienden de Israel son israelitas" (Rom. 9:6), "Pues no es judío el que lo es exteriormente... sino que es judío el que lo es en lo interior" (Rom. 2:28-29) y, en Apocalípsis 2:9 y 3:9, le dice el Señor a la Iglesia respecto de los judíos no creyentes: "Yo conozco tus obras, y tu tribulación, y tu pobreza (pero tú eres rico), y la blasfemia de los que se dicen ser judíos, y no lo son, sino sinagoga de Satanás". "He aquí, yo entrego de la sinagoga de Satanás a los que se dicen ser judíos y no lo son, sino que mienten; he aquí, yo haré que vengan y se postren a tus pies, y reconozcan que yo te he amado.".
La salvación de "todo Israel" no implica la de todos los judíos según la carne, puesto que en el Remanente Santo elegido por Dios, han sido incorporados los gentiles. Es este pueblo el heredero de las promesas divinas, el cual heredará la tierra y tiene derechos sobre la Ciudad Santa de Jerusalén, que es celestial y no terrena. Los 144.000 sellados del capítulo 7 de Apocalípsis están relacionados con aquellos del capítulo 14: hay un remanente de entre todas las tribus de Israel y un remanente de los gentiles; ambos forman el Pueblo de Dios que será arrebatado a las nubes con Cristo en su segunda venida. La elección del Israel étnico tuvo en el pasado una finalidad misionera en el plan gradual de Dios, a fin de que todos los hombres conocieran el camino de la salvación. No era un privilegio que debían guardarse los judíos. Israel, como pueblo, fracasó en la misión de aceptar al Salvador que luego debía llevar a la gentilidad. Actualmente, la Iglesia, pueblo de personas mayoritariamente de origen gentil, tiene la misión de llevar el Evangelio de la Salvación a los judíos carnales. La Iglesia, es a la vez judía y gentil, siendo distinta de ambos, pues es un pueblo sacerdotal llamado a anunciar a todos los pueblos, la salvación presente en la sangre del Cordero degollado. No debemos llamar impuro a lo que Dios purificó: Dios ha querido hacer con los de la gentilidad como con los del Israel étnico, un solo Pueblo heredero de la Promesa, mediante el derramamiento de su Espíritu Santo. Pero con la venida de Cristo, sucedió con los israelitas algo similar a lo de los tiempos de Elías: salvo un remanente que no dobló las rodillas ante el Baal de los privilegios nacionales, los demás se autoexcluyeron del favor Divino rechazando a su Rey Mesías.
En síntesis: A causa del pecado general de la humanidad, Dios estableció un plan gradual de salvación, escogiendo primero a una persona (Abraham), luego a una familia (la de Jacob) y, finalmente, a una nación (Israel), por medio de la cual el mensaje redentor nuevamente se universalizaría. Israel sería en medio de las naciones como la tribu de Leví en medio de Israel. Debido a la caída de Israel, Dios suple el vacio con israelitas espirituales provenientes de la gentilidad. En Cristo Jesús, descendiente de Abraham y de David, Dios cumple la promesa hecha al Patriarca, de bendecir mediante su descendencia a todos los pueblos de la tierra. Cumple la promesa hecha al rey, de que un descendiente suyo, ocuparía el trono por la eternidad y gobernaría a todas las naciones de la tierra. Dios es Fiel, y cumplirá todas las promesas que hizo en el pasado a la simiente de Israel, pero para ello, esta debe transformarse en Iglesia; el judío debe hacerse cristiano, porque la humanidad entera sólo puede ser salva en el seno de la Iglesia. La Iglesia es el Arca de Noé del tiempo final.
Por lo tanto queda probado que, desde la Biblia, no se puede apoyar ninguna de las medidas políticas que está llevando a cabo hoy en día el Estado de Israel, como tampoco la actividad de los grupos sionistas. El Señor dijo claramente que su Reino no era de este mundo, y que su pueblo y su familia, eran los que escuchaban la Palabra de Dios y la obedecían, por lo tanto, no hagamos del Reino de Dios un Estado político, ni de su Pueblo una etnia.
(Pablo Claudio Salvato
viernes 12/06/1998)
Una respuesta de amor al Amor
¿Qué pensaríamos de alguien que recibe un regalo y no lo abre? ¿No mostraría así falta de aprecio por el mismo regalo y más aún por quien lo regaló? ¿Y si recibe un artículo de mucha utilidad y no lo usa, no mostraría además muchísima insensatez?
Ahora bien, estamos hablando de regalos, y un sinónimo para "regalos" es "dones"; y los dones que el Espíritu Santo ha repartido a cada uno al convertirse, son los regalos que el Padre Celestial nos ha hecho, capacitándonos para efectuar su voluntad cumpliendo una función específica como miembros del Cuerpo de Cristo que es la Iglesia.
Y nosotros ¿qué hacemos? ¿Procederemos igual que los nueve leprosos ingratos sanados por Jesús (Lc. 17:11-19), o nos volvemos con gratitud a los pies del Maestro para ponernos a su servicio?. Fuimos limpiados de la lepra del pecado al convertirnos, al aceptar a Jesús como Señor y Salvador, pero allí no ha terminado todo, por el contrario, todo comienza en la cruz donde recibimos perdón; debemos seguir avanzando y descubrir, aceptar y desarrollar los dones espirituales. Porque Jesús es Salvador al limpiarnos con su sangre, pero es aceptado como Señor cuando nos ponemos a sus pies para hacer su voluntad. Es la única respuesta de amor hacia Aquél que, por amor, dió su vida en la cruz por nosotros, por cada uno individualmente.
Dios ha provisto para la Iglesia los regalos que colocó junto a la cruz, y está esperando que su familia se acerque para abrir los paquetes. Una iglesia que haga esto demostrará que está dispuesta a crecer. Las Escrituras nos muestran que la voluntad de Dios es que la Iglesia crezca, y si no crece es porque somos siervos negligentes que enterramos los dones; y esto lo hacemos al no preocuparnos en considerar cuántos y cuáles son los regalos que el Señor nos ha hecho. Con esto no sólo hacemos daño a la Iglesia sino a nosotros mismos, porque estamos perdiendo grandes y maravillosas bendiciones divinas para nuestra vida.
La señal más evidente de que el Espíritu Santo reposa sobre un grupo de creyentes es si se han convertido en una comunidad misionera; si todos sus miembros están funcionando ordenadamente para el crecimiento interno y externo, como si fueran los engranajes de una maquinaria, cada uno en su lugar haciendo aquello que tiene que hacer, para lo cual fué capacitado por el Espíritu Santo de Dios. Como afirma Pablo: "Porque esto es bueno y agradable delante de Dios nuestro Salvador, el cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad" (1ª Timoteo 2:3-4).
Distingo entre crecimiento interno y externo, porque el segundo es resultado del primero; el agregado de aquellos que son salvos es resultado de llevar a cabo la voluntad del Señor en nuestras vidas. Fijémonos cómo ejemplifica esto el libro de los Hechos en el capítulo 2: encerrados los apóstoles en el aposento alto, por temor a los judíos, después de la muerte de Jesús y su ascensión al cielo, reciben el bautismo en el Espíritu Santo. ¿Qué es lo primero que hacen? Salir a predicar con valor las maravillas de Dios. ¿Cuál fué el resultado? Nos dice el versículo 41 que ese día se convirtieron y bautizaron como 3000 personas.
Quizá vos, hermano, no recibiste el don de evangelista para llamar a los incrédulos a la conversión, ni el don de misionero para anunciar el Evangelio a los dos mil millones de personas de otras latitudes que jamás oyeron hablar del Señor Jesús, pero quizá tengas el don de intercesión, para orar por aquellos que lo están haciendo y para que el Señor envíe más obreros a la mies; o quizá tengas el don de enseñanza para formar a los futuros evangelistas y misioneros; quizá, y ¿porqué no?, tengas el don de pastor para asumir la responsabilidad por el bienestar espiritual de un grupo de creyentes; o quizá el Señor te está llamando a colaborar con el pastor visitando a los imposibilitados y enfermos.
Que cada uno descubra su don o combinación de dones (porque no hay cristianos sin dones, todos tenemos por lo menos uno) y haga proyectos para usarlos en la congregación ocupando los cargos vacíos; vacíos porque están esperando a las personas llamadas por Dios con los dones que las capacitan. Entendamos bien esto: no se puede ocupar un cargo congregacional para el cual no se está capacitado, esto es, llamado por Dios; como dice Pablo en Hebreos 5:4 "Nadie toma para sí esta honra, sino el que es llamado por Dios, como lo fué Aarón". Dios no tiene en cuenta raza, sexo, nacionalidad, condición social o grado de instrucción, "a todos" los llama a servir con el propósito de crecer, interna y externamente; y es importante que recordemos que la Iglesia que no se encuentra naciendo y creciendo constantemente, se encuentra muriendo.
Todos los creyentes bautizados son sacerdotes, llamados a ofrecer sacrificios de alabanza, sacrificios de acción de gracias por Aquél que hizo sacrificio de expiación por todos los hombres de una sola vez y para siempre. Y la verdadera acción de gracias es descubrir, aceptar y desarrollar los dones del Espíritu Santo, esos regalos preciosos de parte del Señor. "No quiero, hermanos, que ignoréis acerca de los dones espirituales. Ahora bien, hay diversidad de dones, pero el Espíritu es el mismo" (1ª Cor.12:1-4). El servicio a los demás a través de los dones, hace a la comunión y el crecimiento del Cuerpo de Cristo. "La comunión del Espíritu Santo sea con todos vosotros. Amén" (2ª Cor.13:14).
(Pablo Claudio Salvato
junio de 1997)
Ahora bien, estamos hablando de regalos, y un sinónimo para "regalos" es "dones"; y los dones que el Espíritu Santo ha repartido a cada uno al convertirse, son los regalos que el Padre Celestial nos ha hecho, capacitándonos para efectuar su voluntad cumpliendo una función específica como miembros del Cuerpo de Cristo que es la Iglesia.
Y nosotros ¿qué hacemos? ¿Procederemos igual que los nueve leprosos ingratos sanados por Jesús (Lc. 17:11-19), o nos volvemos con gratitud a los pies del Maestro para ponernos a su servicio?. Fuimos limpiados de la lepra del pecado al convertirnos, al aceptar a Jesús como Señor y Salvador, pero allí no ha terminado todo, por el contrario, todo comienza en la cruz donde recibimos perdón; debemos seguir avanzando y descubrir, aceptar y desarrollar los dones espirituales. Porque Jesús es Salvador al limpiarnos con su sangre, pero es aceptado como Señor cuando nos ponemos a sus pies para hacer su voluntad. Es la única respuesta de amor hacia Aquél que, por amor, dió su vida en la cruz por nosotros, por cada uno individualmente.
Dios ha provisto para la Iglesia los regalos que colocó junto a la cruz, y está esperando que su familia se acerque para abrir los paquetes. Una iglesia que haga esto demostrará que está dispuesta a crecer. Las Escrituras nos muestran que la voluntad de Dios es que la Iglesia crezca, y si no crece es porque somos siervos negligentes que enterramos los dones; y esto lo hacemos al no preocuparnos en considerar cuántos y cuáles son los regalos que el Señor nos ha hecho. Con esto no sólo hacemos daño a la Iglesia sino a nosotros mismos, porque estamos perdiendo grandes y maravillosas bendiciones divinas para nuestra vida.
La señal más evidente de que el Espíritu Santo reposa sobre un grupo de creyentes es si se han convertido en una comunidad misionera; si todos sus miembros están funcionando ordenadamente para el crecimiento interno y externo, como si fueran los engranajes de una maquinaria, cada uno en su lugar haciendo aquello que tiene que hacer, para lo cual fué capacitado por el Espíritu Santo de Dios. Como afirma Pablo: "Porque esto es bueno y agradable delante de Dios nuestro Salvador, el cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad" (1ª Timoteo 2:3-4).
Distingo entre crecimiento interno y externo, porque el segundo es resultado del primero; el agregado de aquellos que son salvos es resultado de llevar a cabo la voluntad del Señor en nuestras vidas. Fijémonos cómo ejemplifica esto el libro de los Hechos en el capítulo 2: encerrados los apóstoles en el aposento alto, por temor a los judíos, después de la muerte de Jesús y su ascensión al cielo, reciben el bautismo en el Espíritu Santo. ¿Qué es lo primero que hacen? Salir a predicar con valor las maravillas de Dios. ¿Cuál fué el resultado? Nos dice el versículo 41 que ese día se convirtieron y bautizaron como 3000 personas.
Quizá vos, hermano, no recibiste el don de evangelista para llamar a los incrédulos a la conversión, ni el don de misionero para anunciar el Evangelio a los dos mil millones de personas de otras latitudes que jamás oyeron hablar del Señor Jesús, pero quizá tengas el don de intercesión, para orar por aquellos que lo están haciendo y para que el Señor envíe más obreros a la mies; o quizá tengas el don de enseñanza para formar a los futuros evangelistas y misioneros; quizá, y ¿porqué no?, tengas el don de pastor para asumir la responsabilidad por el bienestar espiritual de un grupo de creyentes; o quizá el Señor te está llamando a colaborar con el pastor visitando a los imposibilitados y enfermos.
Que cada uno descubra su don o combinación de dones (porque no hay cristianos sin dones, todos tenemos por lo menos uno) y haga proyectos para usarlos en la congregación ocupando los cargos vacíos; vacíos porque están esperando a las personas llamadas por Dios con los dones que las capacitan. Entendamos bien esto: no se puede ocupar un cargo congregacional para el cual no se está capacitado, esto es, llamado por Dios; como dice Pablo en Hebreos 5:4 "Nadie toma para sí esta honra, sino el que es llamado por Dios, como lo fué Aarón". Dios no tiene en cuenta raza, sexo, nacionalidad, condición social o grado de instrucción, "a todos" los llama a servir con el propósito de crecer, interna y externamente; y es importante que recordemos que la Iglesia que no se encuentra naciendo y creciendo constantemente, se encuentra muriendo.
Todos los creyentes bautizados son sacerdotes, llamados a ofrecer sacrificios de alabanza, sacrificios de acción de gracias por Aquél que hizo sacrificio de expiación por todos los hombres de una sola vez y para siempre. Y la verdadera acción de gracias es descubrir, aceptar y desarrollar los dones del Espíritu Santo, esos regalos preciosos de parte del Señor. "No quiero, hermanos, que ignoréis acerca de los dones espirituales. Ahora bien, hay diversidad de dones, pero el Espíritu es el mismo" (1ª Cor.12:1-4). El servicio a los demás a través de los dones, hace a la comunión y el crecimiento del Cuerpo de Cristo. "La comunión del Espíritu Santo sea con todos vosotros. Amén" (2ª Cor.13:14).
(Pablo Claudio Salvato
junio de 1997)
Levitas del Nuevo Pacto
Las Escrituras se refieren a la Iglesia, comunidad de los redimidos por la sangre de Cristo, como "la Iglesia de los Primogénitos". En Números 8:17 se dice de la tribu de Leví que fue tomada "en lugar de todos los primogénitos de los hijos de Israel". Dios elegía a la tribu de Leví en lugar de los primogénitos de todas las tribus que debían ser "santificados" (consagrados), por motivo de la muerte de los primogénitos de los egipcios, la noche de la Pascua.
Esta elección divina estaba motivada en la actitud de los levitas al ser los únicos que acudieron al llamado de Moisés durante la caída del pueblo en la idolatría, cuando se hicieron un becerro de oro.
Los levitas fueron consagrados como tribu sacerdotal "servirían delante del tabernáculo" (Núm. 3:9). Se les encomendó, asimismo, la enseñanza de la Ley de Dios a sus hermanos (Deut. 33:10). La premisa divina fue: "No tendrán parte ni heredad en Israel...Jehová es su heredad" (Deut. 18:1-2).
Desde que se sacrificó la nueva y verdadera Pascua, con el Cordero sin mancha Jesucristo, Dios ha elegido a la Iglesia en lugar de todos los pueblos de la tierra, incluido el pueblo de Israel. Todos los que responden al llamado del Profeta mayor que Moisés, pasan a ser los nuevos levitas, "pueblo sacerdotal", como declara el apóstol Pedro. La Iglesia se mantiene pura de la idolatría y es elegida para estar delante del Tabernáculo de Dios en el Cielo. Por eso, aquellos que componen la Iglesia, son rescatados del mundo para servir como sacerdotes en el Cielo y no tendrán, por tanto, heredad en la Tierra. Por el contrario, ellos serán los misioneros a las naciones durante el milenio, "cuando el conocimiento de Jehová cubra la Tierra como las aguas cubren la mar" (Isaías 11:9).
(Pablo Claudio Salvato
Esta elección divina estaba motivada en la actitud de los levitas al ser los únicos que acudieron al llamado de Moisés durante la caída del pueblo en la idolatría, cuando se hicieron un becerro de oro.
Los levitas fueron consagrados como tribu sacerdotal "servirían delante del tabernáculo" (Núm. 3:9). Se les encomendó, asimismo, la enseñanza de la Ley de Dios a sus hermanos (Deut. 33:10). La premisa divina fue: "No tendrán parte ni heredad en Israel...Jehová es su heredad" (Deut. 18:1-2).
Desde que se sacrificó la nueva y verdadera Pascua, con el Cordero sin mancha Jesucristo, Dios ha elegido a la Iglesia en lugar de todos los pueblos de la tierra, incluido el pueblo de Israel. Todos los que responden al llamado del Profeta mayor que Moisés, pasan a ser los nuevos levitas, "pueblo sacerdotal", como declara el apóstol Pedro. La Iglesia se mantiene pura de la idolatría y es elegida para estar delante del Tabernáculo de Dios en el Cielo. Por eso, aquellos que componen la Iglesia, son rescatados del mundo para servir como sacerdotes en el Cielo y no tendrán, por tanto, heredad en la Tierra. Por el contrario, ellos serán los misioneros a las naciones durante el milenio, "cuando el conocimiento de Jehová cubra la Tierra como las aguas cubren la mar" (Isaías 11:9).
(Pablo Claudio Salvato
lunes 23/01/2006)
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