jueves, 4 de febrero de 2016

LOS TREINTA Y NUEVE ARTÍCULOS DE LA RELIGIÓN


LOS TREINTA Y NUEVE ARTÍCULOS DE LA RELIGIÓN
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TABLA DE CONTENIDO
1. De la Fe en la Santísima Trinidad.
2. Del Verbo, o del Hijo de Dios, que fue hecho verdadero Hombre.
3. Del descenso de Cristo a los Infiernos.
4. De la Resurrección de Cristo.
5. Del Espíritu Santo.
6. De la Suficiencia de las Sagradas Escrituras para la Salvación.
7. Del Antiguo Testamento.
8. De los Credos.
9. Del Pecado Original o de Nacimiento.
10. Del Libre Albedrío.
11. De la Justificación del Hombre.
12. De las buenas Obras.
13. De las Obras antes de la Justificación.
14. De las Obras de Supererogación
15. De Cristo, el único sin pecado.
16 Del Pecado después del Bautismo.
17. De la Predestinación y Elección.
18. De obtener la Salvación Eterna solamente por el Nombre de Cristo.
19. De la Iglesia.
20. De la Autoridad de la Iglesia.
21. De la Autoridad de los Concilios Generales.
22. Del Purgatorio.
23. Del Ministerio en la Congregación.
24. Del lenguaje en la congregación en un idioma que entienda el Pueblo.
25. De los Sacramentos.
26. Que la Indignidad de los Ministros no impide el efecto de los Sacramentos.
27. Del Bautismo.
28. De la Cena del Señor.
29. De los impíos; que no comen el Cuerpo de Cristo al participar de la Cena del Señor.
30. De las dos Especies.
31. De la única oblación de Cristo consumada en la Cruz.
32. Del Matrimonio de los Presbíteros.
33. Como deben evitarse las Personas excomulgadas.
34. De las Tradiciones de la Iglesia.
35. De las Homilías.
36. De la Consagración de los Obispos y Ministros.
37. Del poder de los Magistrados Civiles.
38. Que los bienes de los Cristianos no son comunes.
39. Del juramento del Cristiano.
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ARTÍCULOS DE LA RELIGIÓN

1. De la Fe en la Santísima Trinidad.
Hay un solo Dios vivo y verdadero, eterno, sin cuerpo, partes o pasiones; de infinito poder,
sabiduría y bondad; el Creador y Conservador de todas las cosas, así visibles como
invisibles. Y en la unidad de esta Naturaleza Divina hay Tres Personas de una misma
substancia, poder y eternidad; el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

2. Del Verbo, o del Hijo de Dios, que fue hecho verdadero Hombre.
El Hijo que es el Verbo del Padre, engendrado del Padre desde la eternidad, el verdadero y
eterno Dios, consubstancial al Padre, tomó la naturaleza Humana en el seno de la
Bienaventurada Virgen, de su substancia; de modo que las dos naturalezas enteras y
perfectas, esto es, Divina y Humana, se unieron juntamente en una Persona, para no ser
jamás separadas, de lo que resultó un solo Cristo, verdadero Dios y verdadero Hombre;
que verdaderamente padeció, fue crucificado, muerto y sepultado, para reconciliarnos con
su Padre, y para ser sacrificio, no solamente por la culpa original, sino también por todos
los pecados actuales de los hombres.

3. Del descenso de Cristo a los Infiernos.
Como Cristo murió por nosotros, y fue sepultado, también debemos creer que descendió a
los Infiernos.

4. De la Resurrección de Cristo.
Cristo resucitó verdaderamente de entre los muertos, y tomó de nuevo su cuerpo, con
carne, huesos y todas las cosas que pertenecen a la integridad de la naturaleza humana; la
que subió al Cielo, y allí está sentado, hasta que vuelva a juzgar a todos lo Hombres en el
último día.

5. Del Espíritu Santo.
El Espíritu Santo, procede del Padre y del Hijo, es de una misma substancia, Majestad, y
Gloria, con el Padre, y con el Hijo, Verdadero y Eterno Dios.

6. De la Suficiencia de las Sagradas Escrituras para la Salvación.
La Escritura Santa contiene todas las cosas necesarias para la Salvación: de modo que
cualquiera cosa que no se lee en ellas, ni con ellas se prueba, no debe exigirse de hombre
alguno que la crea como artículo de Fe, ni debe ser tenida por requisito necesario para la
Salvación. Bajo el nombre de Escritura Santa entendemos aquellos Libros Canónicos del
Antiguo y Nuevo Testamento. De cuya autoridad nunca hubo duda alguna en la Iglesia.
De los Nombres y Números de los Libros Canónicos.
Génesis, Éxodo Levítico, Números, Deuteronomio, Josué, Jueces, Rut, 1 Samuel, 2 Samuel,
1 Reyes, 2 Reyes, 1 Crónicas, 2 Crónicas, Esdras, Nehemías, Ester, Job, Salmos, Proverbios,
Eclesiastés, Cantares, Isaías, Jeremías, Lamentaciones, Ezequiel, Daniel, Oseas, Joel,
Amós, Abdías, Jonás, Miqueas, Nahum, Habacuc, Sofonías, Hageo, Zacarías, Malaquías,,
Los otros Libros (como dice San Gerónimo), los lee la Iglesia para ejemplo de vida e
instrucción de las costumbres; mas ella, no obstante no los aplica para establecer doctrina
alguna; y tales son los siguientes; 3 Esdras, 4 Esdras, Tobías, Judit, El Resto de Libro de
Ester, Sabiduría, Jesús el Hijo de Sirac, Baruc el Profeta, Mancebos, Susana, Bel y el
Dragón. Manasés, 1 Macabéos, 2 Macabéos.
Recibimos y contamos por Canónicos todos los Libros del Nuevo Testamento, según son
recibidos comúnmente.

7. Del Antiguo Testamento.
El Antiguo Testamento no es contrario al Nuevo; puesto que en ambos, Antiguo y Nuevo,
se ofrece vida eterna al género humano por Cristo, que es el solo Mediador entre Dios y el
hombre, siendo Él, Dios y Hombre. Por lo cual no deben escucharse los que se imaginan
que los antiguos Patriarcas solamente tenían su esperanza puesta en promesas temporales.
Aunque la Ley de Dios dada por medio de Moisés, en lo tocante a Ceremonias y Ritos no
obliga a los Cristianos, ni deben necesariamente recibirse sus preceptos Civiles en ningún
Estado, no obstante, no hay Cristiano alguno que esté exento de la obediencia a los
Mandamientos que se llaman Morales.

8. De los Credos.
El Credo Niceno y el comúnmente llamado de los Apóstoles, deben recibirse y creerse
enteramente, porque pueden probarse con los testimonios de las Santas Escrituras.

9. Del Pecado Original o de Nacimiento.
El Pecado Original no consiste como vanamente propalan los Pelagianos, en la imitación
de Adán, sino que es el vicio y corrupción de la Naturaleza de todo hombre que es
engendrado naturalmente de la estirpe de Adán; por esto el hombre dista muchísimo de la
justicia original, y es por su misma naturaleza inclinado al mal, de suerte que la carne
codicia siempre contra el espíritu; y por lo tanto el pecado original en toda persona que
nace en este mundo, merece la ira y la condenación de Dios, Esta infección de la naturaleza
permanece también en los que son regenerados; por lo cual la concupiscencia de la carne
(llamada en griego phronema sarkos, que unos interpretan la sabiduría, otros la
sensualidad, algunos afección, y otros el deseo de la carne) no se sujeta a la Ley de Dios. Y
aunque no hay condenación alguna para los que creen y son bautizados, todavía el Apóstol
confiesa que la concupiscencia y mala inclinación tienen de sí misma naturaleza de pecado.

10. Del Libre Albedrío.
La condición del Hombre después de la caída de Adán es tal, que ni puede convertirse, ni
prepararse con su fuerza natural y buenas obras, a la Fe e Invocación de Dios. Por lo tanto
no tenemos poder para hacer buenas obras gratas y aceptables a Dios, sin que la Gracia de
Dios por Cristo nos prevenga, para que tengamos buena voluntad, y obre con nosotros,
cuando tenemos esa buena voluntad.

11. De la Justificación del Hombre.
Somos reputados justos delante de Dios solamente por el mérito de nuestro Señor y
Salvador Jesucristo, por la Fe, y no por nuestras obras o merecimientos. Por lo cual, que
nosotros somos justificados por la Fe solamente, es Doctrina muy saludable y muy llena de
consuelo, como mas ampliamente se expresa en la Homilía de la Justificación.

12. De las buenas Obras.
Aunque las Buenas Obras, que son fruto de la Fe y siguen a la Justificación, no puedan
expiar nuestros pecados, ni soportar la severidad del Juicio Divino; son, no obstante,
agradables y aceptas a Dios en Cristo y nacen necesariamente de una verdadera viva Fe; de
manera que por ellas puede conocerse la Fe viva tan evidentemente, como se juzga del
árbol por su fruto.

13. De las Obras antes de la Justificación.
Las obras hechas antes de la gracia de Cristo, y de la Inspiración de su Espíritu, no son
agradables a Dios, porque no nacen de la Fe en Jesucristo, ni hacen a los hombres dignos
de recibir la Gracia, ni (en lenguaje escolástico) merecen de congruo la Gracia; antes bien
porque no son hechas como Dios ha querido y mandado que se hagan, no dudamos que
tengan naturaleza de pecado.

14. De las Obras de Supererogación
Obras voluntarias no comprendidas en los Mandamientos Divinos, llamadas Obras de
Supererogación, no pueden enseñarse sin arrogancia e impiedad; porque por ellas declaran
los hombres que no solamente rinden a Dios todo cuanto están obligados a hacer, sino que
por su causa hacen más de lo que por deber riguroso les es requerido; siendo así que Cristo
claramente dice; cuando hubiereis hecho todas las cosas que os están mandadas, decid:
Siervos inútiles somos.

15. De Cristo, el único sin pecado.
Cristo en la realidad de nuestra naturaleza fue hecho semejante a nosotros en todas las
cosas, excepto en el pecado, del cual fue enteramente exento tanto en su carne, como en su
Espíritu. Vino para ser el Cordero sin mancha, que por el sacrificio de sí mismo una vez
hecho, quitase los pecados del mundo. Y no hubo pecado en Él, como dice San Juan. Pero
nosotros los demás hombres, aunque bautizados, y nacidos de nuevo en Cristo, con todo
eso ofendemos en muchas cosas y; si decimos que no tenemos pecado nos engañamos a
nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros.

16 Del Pecado después del Bautismo.
No todo pecado mortal, voluntariamente cometido después del Bautismo, es pecado contra
el Espíritu Santo, e irremisible. Por lo cual a los caídos en pecado después del Bautismo no
debe negarse la gracia del arrepentimiento. Después de haber recibido el Espíritu Santo,
nos podemos apartar de la gracia recibida, y caer en pecado, y por la Gracia de Dios de
nuevo levantarnos y enmendar nuestras vidas. Y por lo tanto debe condenarse a los que
dicen, que ya no pueden volver a pecar mientras vivan, o niegan el poder ser perdonados a
los que verdaderamente se arrepientan.

17. De la Predestinación y Elección.
La Predestinación a la Vida es el eterno Propósito de Dios, (antes que fuesen echados los
cimientos de Mundo), quien por su invariable consejo, a nosotros oculto, decretó librar de
maldición y condenación a los que eligió en Cristo de entre todos los hombres, y
conducirles por Cristo a la Salvación eterna, como a vasos hechos para honor. Por lo cual,
los que son agraciados con un beneficio tan excelente de Dios, son llamados según el
propósito por su Espíritu que obra en debido tiempo: por la Gracia obedecen a la vocación;
son justificados gratuitamente; son hechos hijos de Dios por Adopción, son Hechos
conforme a la imagen de su Unigénito Hijo Jesucristo; viven religiosamente en buenas
obras, y finalmente llegan por la misericordia de Dios a la eterna felicidad.
Como la consideración piadosa de la Predestinación y de nuestra Elección en Cristo, está
llena de un dulce, suave e inefable consuelo para las personas piadosas, y que sienten en sí
mismas la operación del Espíritu de Cristo, que va mortificando las obras de la carne y sus
miembros mortales, y levantando su ánimo a las cosas elevadas y celestiales, no solo
porque establece y confirma grandemente su fe en la Salvación eterna que han de gozar por
medio de Cristo, sino por que enciende fervientemente su amor hacia Dios; y así, para las
personas curiosas y carnales, destituidas del Espíritu de Cristo, el tener continuamente
delante de sus ojos la sentencia de la predestinación Divina, es un precipicio muy
peligroso, por el cual el diablo les impele a la desesperación, o al abandono a la vida más
impura, no menos peligrosa que la desesperación. Además debemos recibir las promesas
de Dios del modo que nos son generalmente propuestas en la Escritura Santa; y en
nuestros hechos seguir aquella Divina Voluntad, que tenemos expresamente declarada en
la Palabra de Dios.

18. De obtener la Salvación Eterna solamente por el Nombre de Cristo.
Deben asimismo ser anatematizados los que se atreven decir, que todo hombre será salvo
por la Ley o la Secta que profesa, con tal que sea diligente en conformar su vida con aquella
Ley, y con la Luz de la Naturaleza. Porque la Escritura Santa nos propone solamente el
Nombre de Jesucristo, por medio del cual únicamente han de salvarse los hombres.

19. De la Iglesia.
La Iglesia visible de Cristo es una Congregación de hombres fieles, en la cual se predica la
pura Palabra de Dios, y se administran debidamente los Sacramentos conforme a la
institución de Cristo, en todas las cosas que por necesidad se requieren para los mismos.
Como la Iglesia de Jerusalén de Alejandría y de Antioquía erraron, así también ha errado la
Iglesia de Roma, no solo en cuanto a la vida y las Ceremonias, sino también en materias de
Fe.

20. De la Autoridad de la Iglesia.
La Iglesia tiene poder para decretar Ritos o Ceremonias y autoridad en las controversias de
Fe; Sin embargo, no es lícito a la Iglesia ordenar cosa alguna contraria a la Palabra Divina
escrita, ni puede exponer un lugar de la Escritura de modo que contradiga a otro. Por lo
cual, aunque la Iglesia sea Testigo y Custodio de los Libros Santos, sin embargo, así como
no es lícito decretar nada contra ellos, igualmente no debe presentar cosa alguna que no se
halle en ellos, para que sea creída como de necesidad para la salvación.

21. De la Autoridad de los Concilios Generales.
[El Artículo Vigésimoprimero de los Artículos antiguos se omite por tener una naturaleza
local y civil, y se sustituye en las demás partes, de los otros Artículos.]

22. Del Purgatorio.
La doctrina Romana concerniente al Purgatorio, Indulgencias, Veneración y Adoración, así
de Imágenes como de Reliquias, y la Invocación de los Santos, es una cosa tan fútil como
vanamente inventada, que no se funda sobre ningún testimonio de las Escrituras, antes
bien repugna a la Palabra de Dios.

23. Del Ministerio en la Congregación.
No es lícito a hombre alguno tomar sobre sí el oficio de la Predicación pública, o de la
Administración de los Sacramentos en la Congregación, sin ser antes legítimamente
llamado, y enviado a ejecutarlo. Y a estos debemos juzgarlos legalmente escogidos y
llamados a esa obra por los hombres que tienen autoridad pública, concedida en la
Congregación, para llamar y enviar Ministros a la Viña del Señor.

24. Del lenguaje en la congregación en un idioma que entienda el Pueblo.
El Decir Oraciones públicas en la Iglesia, o administrar los Sacramentos en lengua que el
pueblo no entiende, es una cosa claramente repugnante a la Palabra de Dios y a la
costumbre de la Iglesia primitiva.

25. De los Sacramentos.
Los Sacramentos instituidos por Cristo, no solamente son señales de la Profesión de los
Cristianos, sino más bien unos testimonios ciertos, y signos eficaces de la gracia y buena
voluntad de Dios hacia nosotros por los cuales obra Él invisiblemente en nosotros y no solo
aviva, mas también fortalece y confirma nuestra fe en Él.
Dos son los Sacramentos ordenados por nuestro Señor Jesucristo en el Evangelio, a saber,
el Bautismo y la Cena del Señor.
Los otros cinco que comúnmente se llaman Sacramentos; la Confirmación, la Penitencia,
las Órdenes, el Matrimonio, y la Extremaunción, no deben reputarse como Sacramentos
del Evangelio, habiendo emanado, en parte, de una imitación pervertida de los Apóstoles, y
en parte son estados de la vida aprobados en las Escrituras; pero que no tienen la esencia
de Sacramentos, semejante al Bautismo y a la Cena del Señor, por que carecen de signo
alguno visible, o ceremonia ordenada de Dios.
Los Sacramentos no fueron instituidos por Cristo para ser contemplados, o llevados en
procesión, sino para que hagamos debidamente uso de ellos. Y sólo en aquellos que los
reciben dignamente producen ellos el efecto saludable, pero los que indignamente los
reciben, se adquieren para sí mismos, como dice San Pablo, condenación.

26. Que la Indignidad de los Ministros no impide el efecto de los Sacramentos.
Aunque en la Iglesia visible los malos están siempre mezclados con los buenos, y algunas
veces los malos obtienen autoridad superior en el Ministerio de la Palabra y de los
Sacramentos, no obstante, como no lo hacen en su propio nombre, sino en el de Cristo, ni
ministran por medio de su comisión y autoridad; aprovechamos su ministerio, oyendo la
Palabra de Dios y recibiendo los Sacramentos. Ni el efecto de la Institución de Cristo se
frustra por su iniquidad, ni la gracia de los dones divinos se disminuye con respecto a los
que rectamente y con Fe reciben los Sacramentos que se les ministran; los que son eficaces,
aunque sean ministrados por los malos, a causa de la institución y promesa de Cristo.
Pertenece, empero, a la disciplina de la Iglesia el que se inquiera sobre los malos Ministros,
que sean acusados por los que tengan conocimiento de sus crímenes; y que hallados
finalmente culpables, sean depuestos por sentencia justa.

27. Del Bautismo.
El Bautismo no es solamente un signo de la profesión y una nota de distinción, por la que
se identifican los Cristianos de los no bautizados; sino también es un signo de la
Regeneración o Renacimiento, por el cual, como por instrumento, los que reciben
rectamente el Bautismo son injertos en la Iglesia; las promesas de la remisión de los
pecados, y la de nuestra Adopción como Hijos de Dios por medio del Espíritu Santo, son
visiblemente señaladas y selladas; la Fe es confirmada, y la Gracia, por virtud de la oración
a Dios, aumentada.
El Bautismo de los niños, como más conforme con la institución de Cristo, debe
conservarse enteramente en la Iglesia.

28. De la Cena del Señor.
La Cena del Señor no es solamente signo del amor mutuo de los Cristianos entre sí; sino
más bien un Sacramento de nuestra Redención por la muerte de Cristo; de modo que para
los que recta, dignamente y con Fe la reciben, el Pan que partimos es participación del
Cuerpo de Cristo; y del mismo modo la Copa de Bendición es participación de la Sangre de
Cristo.
La Transubstanciación (o el cambio de la substancia del Pan y del Vino), en la Cena del
Señor, no puede probarse por las Santas Escrituras; antes bien repugna a las palabras
terminantes de los Libros Sagrados, trastorna la naturaleza del Sacramento, y ha dado
ocasión a muchas supersticiones.
El Cuerpo de Cristo se da, se toma, y se come en la Cena de un modo celestial y espiritual
únicamente; y el medio por el cual el Cuerpo de Cristo se recibe y se come en la Cena, es la
Fe. El Sacramento de la Cena del Señor ni se reservaba, ni se llevaba en procesión, ni se
elevaba, ni se adoraba, en virtud de mandamiento de Cristo.

29. De los impíos; que no comen el Cuerpo de Cristo al participar de la Cena del Señor.
Los Impíos, y los que no tienen Fe viva, aunque compriman carnal y visiblemente con sus
dientes, como dice San Agustín, el Sacramento del Cuerpo y de la Sangre de Cristo, no por
eso son en manera alguna participantes de Cristo; antes bien, comen y beben para su
condenación el Signo o Sacramento de una cosa tan importante.

30. De las dos Especies.
El Cáliz del Señor no debe negarse a los laicos; puesto que ambas partes del Sacramento
del Señor, debe ministrarse igualmente a todos los Cristianos por ordenanza y mandato de
Cristo.

31. De la única oblación de Cristo consumada en la Cruz.
La Oblación de Cristo una vez hecha, es la perfecta Redención, Propiciación y Satisfacción
por todos lo pecados de todo el mundo, así originales como actuales; y ninguna otra
Satisfacción hay por los pecados, sino ésta únicamente. Y así los Sacrificios de las misas, en
los que se dice comúnmente que el Presbítero ofrece a Cristo en remisión de la pena o
culpa por los vivos y por los muertos, son fábulas blasfemas, y engaños peligrosos.

32. Del Matrimonio de los Presbíteros.
Ningún precepto de la Ley Divina manda a los Obispos, Presbíteros y Diáconos vivir en el
estado del Celibato, o abstenerse del Matrimonio; es lícito, lo mismo que a los demás
Cristianos, contraer a su discreción el estado del Matrimonio, si creyeren que así les
conviene mejor para la piedad.

33. Como deben evitarse las Personas excomulgadas.
La persona que, por una denuncia pública de la Iglesia, se ha separado de la Unidad de la
misma y ha sido debidamente excomulgada, se debe considerar por todos lo fieles como si
fuese un Pagano y un Publicano, mientras que por medio del arrepentimiento no se
reconcilie públicamente con la Iglesia y sea recibida por un Juez debidamente autorizado.

34. De las Tradiciones de la Iglesia.
No es necesario que las Tradiciones y Ceremonias sean en todo lugar las mismas o
totalmente parecidas; porque en todos los tiempos fueron diversas, y pueden mudarse
según la diversidad de países, tiempos y costumbres, con tal que en ellas nada se establezca
contrario a la Palabra de Dios.
Cualquiera que por su juicio privado voluntariamente y de intento quebranta
manifiestamente las Tradiciones y Ceremonias de la Iglesia, que no son contrarias a la
Palabra de Dios, y que están ordenadas y aprobadas por la Autoridad pública, debe para
que teman otros hacer lo mismo, ser públicamente reprendido como perturbador del orden
común de la Iglesia, como ofensor de la autoridad del Magistrado, y como quien vulnera
las conciencias de los hermanos débiles.
Toda Iglesia particular o nacional tiene facultad para instituir, mudar abrogar las
ceremonias o ritos eclesiásticos instituidos únicamente por la autoridad humana, con tal
que todo se haga para edificación.

35. De las Homilías.
El segundo Tomo de las Homilías, cuyos títulos hemos reunido al pie de este Artículo,
contiene una Doctrina piadosa, saludable y necesaria para estos tiempos, e igualmente, el
primer Tomo de las Homilías publicadas en tiempo de Eduardo Sexto; y por lo tanto
juzgamos que deben ser leídas por los Ministros clara y diligentemente en las Iglesias, para
que el Pueblo las entienda.
Nombres de las homilías.
1. Del recto uso de la Iglesia. 2. Contra el peligro de la Idolatría. 3. De la reparación, y aseo
de las Iglesias. 4. De las buenas obras; y del Ayuno en primer lugar. 5. Contra la Glotonería,
y Embriaguez. 6. Contra el Lujo excesivo de Vestido. 7. De la Oración. 8. Del Lugar y
Tiempo de la Oración. 9. Que las oraciones Comunes y los Sacramentos deben celebrarse, y
administrase en lengua conocida. 10. De la respetuosa veneración de la Palabra de Dios. 11.
Del hacer limosnas. 12. De la Natividad de Cristo. 13. De la Pasión de Cristo. 14. De la
Resurrección de Cristo. 15. De la digna Recepción del Sacramento del Cuerpo y de la
Sangre de Cristo. 16. De los Dones del Espíritu Santo. 17. Para los días de Rogativa. 18. Del
Estado de Matrimonio. 19. Del Arrepentimiento. 20. Contra la Ociosidad. 21. Contra la
Rebelión.

36. De la Consagración de los Obispos y Ministros.
El Libro de la consagración de los Obispos, y de la ordenación de los Presbíteros y
Diáconos, según está declarado por la Convención General de esta Iglesia en 1792, contiene
todas las cosas necesarias a tal Consagración y Ordenación, no contiene cosa alguna que
sea en sí supersticiosa o impía. Y, por tanto, cualquiera que sea consagrado u ordenado
según dicha Forma, decretamos que está justa, regular y legalmente consagrado y
ordenado.

37. Del poder de los Magistrados Civiles.
El Poder del Magistrado Civil se extiende a todos los hombres, clérigos y laicos, en todas
las cosas temporales; mas no tiene autoridad alguna en las cosas puramente espirituales. Y
mantenemos que es el deber de todos los hombres que profesan el Evangelio, obedecer
respetuosamente a la autoridad civil regular y legalmente constituida.

38. Que los bienes de los Cristianos no son comunes.
Las riquezas y los bienes de los Cristianos no son comunes en cuanto al derecho, título y
posesión, como falsamente se jactan ciertos Anabaptistas.
Pero todos deben dar liberalmente limosnas a los pobres de lo que poseen y según sus
posibilidades.

39. Del juramento del Cristiano.
Así como confesamos estar prohibido a los Cristianos por nuestro Señor Jesucristo, y por
su Apóstol Santiago, el juramento vano y temerario; también juzgamos que la Religión
Cristiana de ningún modo prohibe que uno jure cuando lo exige el Magistrado en causa de
Fe y Caridad, con tal que esto se haga según la doctrina del Profeta, en Justicia, en Juicio, y
en Verdad.

Los 39 Artículos. Su Lugar y Uso Hoy.



Enrique VIII no fundó ninguna nueva Iglesia y ni siquiera reformó la antigua, solamente separó la Iglesia de Inglaterra de la jurisdicción Papal.
Separada de la jurisdicción papal, fue necesario ordenar la vida de la Iglesia nacional, y para ello se dicta la “LEY DE LOS SEIS ARTÍCULOS” en la que se condena a muerte a quienes nieguen la transubstanciación, condena la comunión en las dos especies y el matrimonio de los clérigos, ordena la observancia permanente de los votos de pobreza, castidad y obediencia, exalta y recomienda las misas privadas y la confesión frecuente de los fieles. Esta ley se mantuvo en vigencia mientras vivió el Rey Enrique, quien falleció el 28 de Enero de 1547.
Eduardo VI, el heredero, era un niño de nueve años, así que quien tenía el poder era un Consejo de Regencia, a cuya cabeza se hallaba el protestante Duque de Somerset. Bajo su gobierno, se emprendió una serie de iniciativas destinadas a protestantizar a la Iglesia; en 1547 el Parlamento ordenó la administración de la comunión en las dos especies a los laicos, se confiscó y disolvió las capillas dotadas para celebrar misas, llamadas Chantres. Se confiscó todas las propiedades y rentas de cofradías, uniones y guildas religiosas y la Ley de los Seis Artículos de Enrique VIII fue derogada.
En el año siguiente se ordenó retirar las imágenes de las iglesias y en 1549 se legalizó el matrimonio de los clérigos. Como la confusión amenazaba la Iglesia, el 21 de Enero de 1549, el parlamento aprobó una “Ley de Uniformidad”, por medio de la cual se exigió el uso de un Libro de Oración Común en inglés. Este Libro, obra del genio litúrgico del Arzobispo Cranmer, está considerado un clásico de la literatura inglesa. Estaba basado en los antiguos ritos en latín en el Breviario romano de 1535, publicado por el Cardenal Fernández de Quiñones, y la Consultación provisional del Arzobispo alemán Hermán von Wied, de tendencias luteranas, publicado en 1534.
En sus rasgos generales, sigue siendo el Libro de Oración Común de la Iglesia de Inglaterra.


El Arzobispo Cranmer había sido encargado de redactar un compendio de la fe que la Iglesia de Inglaterra aceptaba y proclamaba. En 1552 fue sometido a la revisión de los dominantes teólogos protestantes, entre los que se hallaba el extremista reformador escocés Juan Knox. El resultado está en los CUARENTA Y DOS ARTÍCULOS que fueron autorizados por la firma del joven Eduardo VI el 12 de Junio de 1553, un mes antes de su muerte. Para una época de tanto extremismo y fanatismo de todos los bandos en pugna, parecen moderados, pero en realidad su doctrina es mucho más protestante que la del Libro de Oración Común. Alguien ha dicho que son artículos calvinistas con liturgia católica. Se les llamó “Artículos acordados por los obispos y otros hombres eruditos en la última Convocación de Londres, para evitar la controversia... en ciertos asuntos de religión”. Cranmer mismo protestó por este título, por cuanto la Iglesia nunca los debatió ni los aprobó.
No eran un intento de proporcionar una completa confesión de la fe al estilo de las comunidades protestantes, su objetivo era poner en claro la posición en ciertos puntos, de una Iglesia que se había propuesto el fin de ser católica, evitando por una parte, las tradiciones supersticiosas del romanismo y por otra, los excesos de los extremismos protestantes.
Estos cuarenta y dos artículos formarán la base de los “TREINTA Y NUEVE ARTÍCULOS” que fueron finalmente aceptados y que todavía tienen autoridad en la Iglesia de Inglaterra y en otros lugares.
Por casi tres siglos, todos cuantos ostentaban cualquier oficio en la Iglesia de Inglaterra, tenían que afirmar incondicionalmente su asentimiento a los Treinta y Nueve Artículos. A partir de 1865, la suscripción en Inglaterra ha sido formulada así: Presto mi asentimiento a los Treinta y Nueve Artículos y al Libro de Oración Común y a la ordenación de obispos, presbíteros y diáconos. Creo que la doctrina de la Iglesia de Inglaterra tal como está expresada en ellos, concuerda con la Palabra de Dios.
En algunas Provincias de la Comunión Anglicana los Artículos han sido conservados, mientras en otras no. En algunas partes se conservan como documentos históricos, pero no tienen ninguna autoridad normativa o vinculante y a nadie se le exige su suscripción.
En la Iglesia Episcopal de los Estados Unidos, los 39 Artículos están colocados al final del Libro de Oración Común, en un acápite llamado Documentos históricos de la Iglesia y se les atribuye importante rol.
En el Cuadrilátero Chicago-Lambeth de 1886-1888, que es una proposición concreta de la Comunión Anglicana para la unión de los cristianos, se distinguen cuatro puntos esenciales de la fe, allí los 39 Artículos como tales no ocupan ningún lugar, porque no son ni han sido jamás confesión de fe de la Iglesia Anglicana. Si queremos, a toda costa, identificarnos con confesiones de fe, tenemos que recurrir a testimonios mucho más antiguos que el siglo XVI. ¿Cuáles son las doctrinas teológicas especiales de la Iglesia de Inglaterra y de las Iglesias en comunión con ella?, se pregunta el obispo Stephen Neill y contesta a continuación: “La respuesta es que no hay ninguna doctrina teológica especial de la Iglesia Anglicana. La Iglesia de Inglaterra es la Iglesia Católica en Inglaterra.
Enseña todas las doctrinas de la fe católica, tal como se encuentran en las Sagradas Escrituras, como están resumidas en los Credos Apostólico, Niceno y Atanasiano y como están expuestas en las decisiones de los cuatro primeros Concilios de la Iglesia indivisa. Las Iglesias anglicanas condenan como no escriturales y erróneas las adiciones a la fe católica que en tiempos recientes ha hecho la Iglesia Católica Romana, condenan, igualmente, la disminución de la fe cristiana implicada en el unitarianismo: La negación de la divinidad de Cristo”.


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sábado, 30 de enero de 2016

Y la Puerta se cerró


“Pero el día del Señor vendrá como ladrón en la noche”.(2° Pedro 3:9).

La Puerta del Cielo aún está abierta. Ante ella el cristiano fiel vive una situación de ambivalencia:
-Como parte de la Iglesia, clama junto al Espíritu Santo: ¡Ven, Señor Jesús!
-Por otro lado, le ruega a Dios que no cierre la Puerta Celestial, para que entren aquellos que aún no se arrepintieron. ¿Quién no está orando por un amigo, un familiar, etc?
2° Pedro 3:9 dice que “Dios no retarde su Promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que TODOS procedan al arrepentimiento…"
La Biblia nos cuenta en Génesis 28:17, que Jacob tuvo un sueño. Vio una Puerta Abierta con una escalera apoyada en tierra y su extremo tocaba en el Cielo, ángeles subían y descendían por ella.
Y Jehová estaba en lo alto.
¿Qué le ocurrió a Jacob al estar frente a la Puerta Celestial?
¡Jacob tuvo miedo! Y dijo:
¡Cuán terrible es este lugar! Ciertamente, Jehová está en este lugar y yo no lo sabía. No es otra cosa que Casa de Dios y Puerta del Cielo.
Pero luego, Jacob se reconcilió con Dios, lo adoró e hizo voto con él. Ya no le tuvo miedo ni le pareció terrible el lugar, sino que lo denominó: Bet-el, esto es Casa de Dios. Y fue bendecido por Dios.
Cuando leemos la historia de Noé, a quien Dios le ordenó que construya el Arca, única Puerta de Salvación, de un terrible juicio que iba a enviar sobre la tierra: el Diluvio. Pero para ingresar por la Puerta del Arca las personas debían creerle a Dios y reconciliarse con Él. Pasaron los años, muchos nacieron, otros murieron… La gente continuaba burlándose de Noé y su Arca y de su Mensaje de Salvación. ¡No le creían! No habrá sido fácil para Noé y su familia continuar con la Obra de Dios en un mundo tan perverso e incrédulo.
El arca, la ÜNICA PUERTA de Salvación estaba ahí. Todos la veían y la podían tocar. El ingreso a ella representaba la Salvación. ¡Pero no creían! Para ellos era una locura.
Cuando Dios cerró la Puerta del Arca, pues vino el diluvio, los hombres clamaron pidiendo auxilio.


Ya era tarde. El tiempo se había cumplido.
Dios mismo cerró y selló la Puerta por fuera. Noé nada podía hacer.
En Mateo 25, Jesús hace una advertencia mediante la Parábola de las diez vírgenes que salieron a recibir al esposo, cada una con su lámpara encendida. Pero hace una distinción: cinco eran prudentes y cinco insensatas. ¿Por qué? Porque las prudentes tomaron aceite para sus vasijas junto a sus lámparas y las otras no procedieron así.
Y aquí vino el problema: el esposo tardó, ellas cabecearon y se durmieron. Pero cuando a la medianoche se dio la voz de alerta de que venía el esposo y de que salieran a recibirle, las insensatas tenían sus lámparas apagadas por falta de aceite y las prudentes no podían prestarle del suyo. Decidieron entonces ir a comprar. Pero cuando regresaron, la Puerta ya estaba cerrada y clamaron al esposo:
-¡Abrenos la Puerta!
Pero éste no les abrió la Puerta. Aún más, les respondió:
-No las conozco.


De acuerdo a lo visto hasta aquí:
-En el caso de Noé, se habla de un mundo que no conoce, se burla o no entiende la Palabra de Dios.
-En el caso de las diez vírgenes, se refiere a los creyentes que esperan el Regreso de su Señor, pero que en apariencia, retardó su Promesa. Dentro de estos creyentes, se distinguen dos grupos: los prudentes y los insensatos.
Ambos grupos atravesaron la Puerta Abierta por Fe en el Señor Jesús, con arrepentimiento de pecados.
¡Pero qué ocurre una vez que el creyente ingresa por esa Puerta?
¿Cómo debe transcurrir su Espera en el Regreso de su Señor?
El creyente debe actuar con prudencia, esforzarse por PERMANECER en el Camino, velando, orando, iluminando las tinieblas. No debe descuidar una Salvación tan grande. Para que cuando su Señor venga, lo encuentre con la lámpara encendida y entonces oirá que la Puerta se cierra detrás de él, ¡y no en su cara!
Jesús viene a buscar lámparas encendidas, no apagadas.

*     *     *     *     *

“Yo Soy la Puerta, el que por Mí entrare será salvo, y entrará y saldrá y hallará pastos”. (Juan 10:9).

Jesús dice que Él es la Puerta, la ÚNICA Puerta por la que debes entrar por FE en ÉL para ser salvo. 
Y añade:
“Entren por la Puerta estrecha porque ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición y muchos son los que entran por ella, porque estrecha es la Puerta y angosto el Camino que lleva a la Vida y POCOS son los que la hallan”. (Mateo 7:13).
¡Pocos encuentran la Puerta que conduce a la Vida Eterna!
¿Qué más dice el Señor Jesús?
Dijo una palabra muy dura: ESFORZARSE. (Lucas 13:24)
Alguien le dijo:
-Señor: ¿son pocos los que se salvan?
-Esforzaos por entrar por la Puerta angosta, porque les digo que muchos procurarán entrar y no podrán, Después que el padre de familia se haya levantado y CERRADO la Puerta y estando fuera empecéis a llamar a la Puerta diciendo:
- ¡Señor, ábrenos!
Él responderá: -No sé de dónde sois.
-Delante de Ti hemos comido y bebido.
-Apartaos de Mí, hacedores de maldad, no sé de dónde sois.

“El día del Señor vendrá como ladrón en la noche”.
- El mundo está hoy delante de la Puerta Abierta. Cuando venga el Señor Jesús y cierre la Puerta, muchos de los que no creyeron en Él, estarán delante de la Puerta cerrada, con miedo, clamando por misericordia para que se les abra. Pero será tarde. Jesús no les abrirá la Puerta.

- Cada persona que recibió a Jesús como Salvador Personal con arrepentimiento de pecados ha entrado por la Puerta Abierta por Fe en Jesús. Pero, cuidado, Hermano/a:

MEDITA: ¿Eres un cristiano PRUDENTE o INSENSATO?
Santiago nos dice: “Tened también vosotros paciencia y afirmad vuestros corazones porque la Venida del Señor está cerca. He aquí, el Juez está delante de la Puerta."
Juan, en Apocalipsis dice:
“Después de esto miré y he aquí una Puerta Abierta en el Cielo”.

La Puerta aún está abierta. Aún es tiempo de ponerse a cuentas con Dios. Aún es tiempo de arrepentimiento, reconciliación, santificación…


Una vez cerrada la Puerta, Dios no oirá a nadie más.




(Elena Sanfilippo Ceraso
     viernes 29/01/2016)

domingo, 24 de enero de 2016

TIEMPO DE ENDECHAR
















Endecha: duelo, lamento, lloro.

Duelo. Profundo dolor. Un puñal está clavado en mi corazón. Mi nombre, ahora es Dolor. No me salen palabras, sólo gemidos. Ni siquiera puedo llorar, la profundidad del dolor me lo impide. Ya ni siquiera sé de qué color son mis ojos pues dejaron de ser verdes para tomar el color del dolor.
Me pregunto: 
¿De qué color es el dolor?
Mis ojos tienen el color de los Pequeños Hermanos de Jesús, corderitos martirizados y perseguidos por el mundo. Puedo escuchar sus gemidos…
Mis ojos tienen el color de la Creación gimiendo con dolores de parto. Puedo escuchar sus gemidos… Anhela ser libertada de la esclavitud de corrupción a la Libertad gloriosa de los Hijos de Dios.
Por un breve momento bajé la mirada, dejé de mantener mis ojos fijos en el Señor Jesús, e impacté contra la realidad.
Debo confesarlo: Ser testigo y partícipe de tanto dolor me sublevó y me quejé contra Dios.
Y, como Habacuc, levanté mi voz contra Él y dije:
“¿Hasta cuándo, oh Jehová, clamaré y no oirás, y daré voces a Ti a causa de la violencia y no salvarás?
¿Por qué me haces ver iniquidad y haces que vea molestia? Destrucción y violencia están delante de mí y pleito y contienda se levantan.
Por lo cual, la ley es debilitada y el juicio no sale según la verdad, por cuanto el impío asedia al justo, por eso sale torcida la justicia”. (Hab.1)

*     *     *     *     *
TIEMPO DE ENCUENTRO.

Luego, el Espíritu Santo me ayudó en mi debilidad, pues yo no sé qué pedir, pero el Espíritu mismo intercede por mí con gemidos indecibles. El Espíritu, conforme a la voluntad de Dios, intercede por mí. Y yo también, que tengo las Primicias del Espíritu, gimo dentro de mí, esperando la adopción, la redención de mi cuerpo.
Y como Habacuc, elevo en oración mi voz y digo:
“Aunque la higuera no florezca, ni en las vides haya frutos. Aunque falte el producto del olivo y los labrados no den mantenimiento. Y las ovejas sean quitadas de la majada. Y no haya vacas en los corrales. 
Con todo yo me alegraré en Jehová
y me gozaré en el Dios de mi Salvación.
Jehová el Señor es mi Fortaleza,
EL CUAL HACE MIS PIES COMO DE CIERVAS
Y EN MIS ALTURAS ME HACE ANDAR”. (Hab. 3: 17- 19).

Ahora, mis ojos y todo mi ser tienen los colores de la Fe, la Esperanza y el Amor en el Señor Jesucristo.
Ahora, el Espíritu y Elena dicen:
-¡VEN, SEÑOR JESÚS!

HERMANO/A:
Únete a los cristianos que, como Iglesia de Dios y junto al Espíritu Santo dicen:

¡VEN, SEÑOR JESÚS!





(Elena Sanfilippo Ceraso
     sábado 23/01/2016)