miércoles, 15 de julio de 2015

El Entregador


“…y Judas Iscariote, que llegó a ser el traidor.” (Lucas 6:16)
“…y Judas Iscariote, el que le entregó.” (Marcos 3:19)
“…el Espíritu Santo habló antes por David, acerca de Judas, que fue guía de los que prendieron a Jesús y era contado con nosotros y tenía parte en este Ministerio…” (Hechos 1:15-17)
“…mas, ¡ay de aquel hombre por quien el Hijo del Hombre es entregado!” (Marcos 14:21)


Lectura: Mateo 25:26

Jesús estaba hablando acerca de su Regreso en Gloria con todos sus santos ángeles y que como Rey, sentado en su Trono de Gloria, juzgaría a las naciones y a las personas, mencionando la existencia de dos lugares: el infierno y el Reino de Dios.
¡Palabras matadoras! Imposible resistirse y no actuar al escucharlas. Ante un mensaje tan claro y con potencia de Dios, ¿quién no iba a tomar una decisión fundamental para su vida?
Luego, a solas, dijo a sus discípulos lo que iba a ocurrirle a la brevedad, se podría decir ¡ya, ahora!
-“Sabéis que dentro de dos días se celebra la Pascua y el Hijo del Hombre será entregado para ser crucificado.”
Mientras, los principales sacerdotes, los escribas y los ancianos del pueblo se reunieron en el patio del Sumo Sacerdote Caifás, para planear cómo y cuándo prender a Jesús para matarlo.
Judas Iscariote fue a ellos y les dijo:
-“¿Qué me queréis dar y yo os lo entregaré?
Y ellos le asignaron treinta piezas de plata.


Buscaba entonces Judas la oportunidad para entregarle.
Estaba Jesús reunido con sus discípulos, menos Judas, hablándoles de su cercana muerte y de que no quedarían solos. Les enseñó a orar al Padre en Su Nombre: “TODO CUANTO PIDIEREIS AL PADRE EN MI NOMBRE OS LO DARÁ.” (Juan 16:16-24) Oró al Padre por ellos y por los que iban a creer por medio de su palabra, para que sean guardados del mal.
Luego, salieron hacia un huerto. (Juan 18:2)
Judas, que conocía ese lugar, pues había ido con ellos muchas veces, tomó una compañía de soldados y alguaciles y fueron allí con linternas, antorchas, armas y palos.



El Señor le dijo al verlo venir como guía frente a la turba:
-“Judas, ¿con un beso entregas al Hijo del Hombre?” (Lucas 22:47-53).



Judas había sido elegido con los otros discípulos luego que Jesús pasara toda la noche orando en el monte. Era uno de los doce, así lo llamaba la gente, así identificaban a cada uno de los discípulos del Señor. 



El Señor llamó a Judas “el hijo de perdición”. (Juan 17:12).
Por treinta piezas de plata, equivalente al precio de un esclavo, entregó a Jesús. Y sabía a qué lo exponía: al vituperio, a la humillación, a la tortura, al falso testimonio de testigos comprados, a la traición del pueblo al que tanto bien le había hecho, (¿dónde había quedado la “entrada triunfal” de Jesús en Jerusalén sobre un pollino, acompañado de palmas arrojadas a su paso y cánticos?), a las autoridades religiosas que lo odiaban, lo celaban, querían verlo muerto hacía tiempo ya.
Él, que había estado al lado de Jesús las veinticuatro horas, y como cuenta la Biblia, era “el encargado de la bolsa” y metía siempre la mano en ella. No le importó tampoco el sufrimiento de la madre de Jesús, María, a quien conocía muy bien.
Judas era esclavo de la codicia. Sólo pensaba en las treinta monedas de plata que recibiría y nada más.

MATEO 27:3-6
Mateo nos cuenta el final de la historia para Judas. Narra que cuando Judas vio que condenaban a Jesús, devolvió arrepentido las treinta piezas de plata a los principales sacerdotes diciendo:
-“YO HE PECADO ENTREGANDO SANGRE INOCENTE.”



¡Qué remordimiento! Tomó conciencia de su terrible pecado: ¡había entregado sangre inocente! Cuánto sufrimiento le estaba ocasionando a Aquel que lo había elegido y dado parte en su Ministerio. Las palabras de Jesús latían en su mente, de día y de noche… ¡Sentía culpa!
“El Espíritu es el que da Vida… Pero hay algunos de vosotros que no creen.” Porque Jesús sabía desde el principio quiénes no creían y quién le había de entregar. “¿No os he escogido Yo a vosotros los doce, y uno de vosotros es diablo?” (Juan 6:64,70,71) “Uno de vosotros me va a entregar” (Juan 13: 21-26)
Pero, regresemos a la escena anterior y veamos qué le contestaron los sacerdotes a Judas:
-“¿Qué nos importa a nosotros? ¡Allá tú!"
Y Judas, arrojando las piezas de plata en el templo, salió, fue y se ahorcó.



¡Pobre Judas! Tanto tiempo con Jesús y no había creído en Ël. No creía en Jesús, por eso no fue ante Él a pedirle perdón. ¿Cuántas veces lo había escuchado perdonando pecados? ¡Cuántas veces lo escuchó decir una y otra vez: “Arrepentíos, el Reino de Dios se ha acercado a vosotros.”
Judas pensaba que el mensaje era para los otros, no para él.
Al reconocer su pecado, arrepentido fue a la “religión”, quien no tiene compasión de nadie. La religión, con sus sacerdotes, ancianos, leyes para cumplir, rituales, mantiene a las personas religiosas cautivas, ciegas y por más que se reconozcan pecadoras, no les ofrece perdón ni Vida Eterna.
¡SÓLO JESÚS OFRECE PERDÓN Y VIDA ETERNA AL PECADOR ARREPENTIDO!
La religión representa todos los esfuerzos que el hombre realiza para llegar a Dios. Pero está llena de codicia, mentiras, corrupción, asesinatos, ambición de poder político, intrigas, intereses personales…
Con esta respuesta se encontró Judas: “¿Qué nos importa a nosotros? ¡Allá tú!”
Y se ahorcó.
¿Y los sacerdotes? Eran los ministros especialmente designados para el culto. Eran los mediadores, intercesores entre el hombre y la Divinidad. Constituían un grupo especial.



El Día de la Expiación el Sumo Sacerdote ingresaba en el Lugar Santísimo y por medio del sacrificio de expiación se daba satisfacción por la comunidad, por las personas que habían caído en culpa por los pecados que ofendían a Dios. Ese día, Dios los perdonaba.
Judas arrepentido, buscó a los sacerdotes y les confesó: -“Yo he pecado entregando sangre inocente.” ¡Fue con su pecado a los sacerdotes asesinos de Jesús! ¿Qué otra respuesta esperaba, más que la recibida? Para los religiosos como Judas, el único camino era ir a los sacerdotes para limpiarse de sus pecados y cumpliendo con las exigencias de la Ley, de la religión.
JESÚS ES EL GRAN SUMO SACERDOTE, que una vez por todas, entró en los cielos, adquirió para nosotros la Salvación y con ella el perdón de pecados y la justificación del pecador, haciendo inútiles los sacrificios de la expiación. Jesús, el cordero sin mancha, derramando su Sangre preciosa por amor a nosotros. 



En eso, Judas estaba acertado: “Yo he pecado entregando sangre inocente”. Y se ahorcó.
____________________________________


“Como me envió el Padre Viviente y Yo vivo por el Padre, así mismo el que me come, él también vivirá por Mí”. (Juan 6: 25-71)
Esto dijo Jesús en la sinagoga, enseñando en Capernaún. Al oír estas palabras, muchos de sus discípulos dijeron: -“Dura es ésta Palabra, ¿quién la puede oír?” Y se volvieron atrás, dejando a Jesús y abrazando nuevamente su religión.
Entonces Jesús dijo a los doce:
-“¿Queréis acaso iros también vosotros?
-Señor, ¿a quién iremos? Sólo tú tienes Palabras de Vida Eterna. Y nosotros hemos creído que Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios Viviente." Pero Pedro estaba equivocado al hacer esta declaración pública por los doce. De inmediato, Jesús lo corrigió diciendo que de los doce que Él escogió, sabía que uno era diablo y que lo iba a entregar.

Y TÚ, ¿A QUIÉN VAS CON TUS PECADOS?
  • A la religión: pues crees que Jesús solamente fue un inocente condenado injustamente, por un discípulo traidor y entregador.
  • A Jesús: pues crees que Jesús es Dios y te está esperando para perdonar tus pecados y darte Vida Eterna. Si ésta es tu Fe, te invito a que repitas con un corazón sincero y en oración:

“Padre Nuestro: Yo creo que soy pecador/a, pero te pido perdón. Ten misericordia de mí. Perdona todos mis pecados. Yo acepto de todo corazón a Jesús como mi Salvador Personal. Creo que murió por mí en la Cruz del Calvario ocupando mi lugar y derramando su preciosa Sangre. Te entrego toda mi vida y te doy gracias por una Salvación tan grande. En el Nombre de Jesús. Amén.”





(Elena Sanfilippo Ceraso
     sábado 11/07/2015)

No hay comentarios:

Publicar un comentario