domingo, 5 de julio de 2015

El Malhechor

“Si éste no fuera malhechor, (por Jesús), no te lo hubiéramos entregado”. (Juan 18:30)
“Y se cumplió la Escritura que dice: Y fue contado con los inicuos.” (Marcos 15:28)

Lectura: Lucas 23: 26-49


Jesús cargando su cruz salió al lugar llamado de la Calavera y en hebreo Gólgota, donde le crucificaron. Y con Él a otros dos malhechores, uno a cada lado. Jesús en medio decía: “Padre perdónalos porque no saben lo que hacen”.
El pueblo pasaba y lo insultaba, los gobernantes y los soldados se burlaban de Él, diciendo: “A otros salvó, que se salve a sí mismo, el escogido de Dios”.
Y repartieron sus vestidos echando suertes. 
Colocaron sobre Él el título de su acusación: “Este es el Rey de los judíos”.


Tres hombres azotados, golpeados, crucificados, humillados, padeciendo a la vista de todos los que pasaban. . . Y frente a la muerte.
Los romanos solamente aplicaban el castigo de la crucifixión a los esclavos o a los hombres libres culpables de los crímenes más execrables. Con frecencia se azotaba al condenado, que con el cuerpo lacerado, era a continuación obligado a llevar su cruz. La muerte sobrevenía después que el hambre y la sed hubieran surtido sus efectos.
Aparentemente los tres eran malhechores condenados a esta pena capital.


Uno de los crucificados injuriaba a Jesús diciendo:
-”Si tú eres el Cristo sálvate a tí mismo y a nosotros”.
Le habló tal como lo había hecho el diablo en el desierto, cuando, después de que Jesús ayunara cuarenta días, lo tentara diciendo:
-”Si eres Hijo de Dios dí que estas piedras se conviertan en pan”.
Pero el otro crucificado, lo reprendió así:
-”¿Ni siquiera temes tú a Dios, estando en la misma condenación?. Nosotros padecemos justamente, porque recibimos lo que merecieron nuestros hechos, pero éste ningún mal hizo”.
Y le dijo a Jesús:
-"Acuérdate de mi cuando vengas en tu Reino”.
Dos hombres frente a Jesús.
Uno había conocido al Señor cuando recorría las calles haciendo el bien, sanando enfermos, liberando cautivos, resucitando muertos. . .
Sabía que tenía poder y no le iteresaba el Evangelio del Reino que predicaba, sólo deseaba que Jesús lo baje de la cruz, salvarse, seguir vivo. Ni le importaba si estaba preparado o no para enfrentar la muerte. ¡Sálvanos Jesús!
El otro, en cambio, reconoció su pecado, se arrepintió, le creyó a Jesús, manifestó fe en Él, lo reconoció como su Salvador y le pidió que quería pertenecer a su Reino, porque ahora tenía fe que el Señor iba a resucitar y a regresar.
Y ahí está Jesús, “el malhechor”, que sin hacer caso de su situación de crucificado, oraba por sus enemigos, encomendaba a su madre a un discípulo para que no quede desamparada, consolaba a las mujeres que lloraban por Él y le extendía su Mano de Salvación al malhechor arrepentido, diciéndole:
-” De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el Paraíso”.
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“Pero sabemos que el Hijo de Dios ha venido, y nos ha dado entendimiento para conocer al que es Verdadero; y estamos en el Verdadero, en su Hijo Jesucristo. Este es el Verdadero Dios y la Vida Eterna”. (1ª Juan 5:20)
Al Señor Jesucristo crucificado, los hombres lo han llamado: malhechor, mago, hijo del diablo, mentiroso, blasfemo, hijo de fornicación, fracasado, débil....
La ciencia dice que era un demente, que se creía Hijo de Dios y que había nacido de una virgen, etc.
Algunas religiones lo reconocen como guía, maestro, profeta pero nunca como Dios.
El malhechor arrepentido por fe lo vio resucitado y regresando a buscar a los suyos.

Y tú, ¿qué ves al mirar a Jesús crucificado?




(Elena Sanfilippo Ceraso
    sábado 04/07/2015)

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