sábado, 1 de agosto de 2015

¿ Y ahora qué . . . ?

Lectura: Juan 9:1-41.

Sinagoga: Asamblea, lugar de reunión. Edificio destinado a la lectura y enseñanza pública de la Ley de Moisés y que servía de Tribunal y escuela. Estas comunidades administraban sus asuntos religiosos y civiles por sí mismas, sometiéndose a la legislación del país. Un consejo de ancianos dirigía la sinagoga y la asociación religiosa existente. Los judíos la llamaban “casa de reunión”.


Ceguera: Es muy frecuente en Oriente. Causada por viruela, inflamación de ojos e intensa luz solar, abundancia de un polvo fino y las minúsculas moscas. También se utiliza para describir el estado del hombre natural bajo satanás, para el creyente que aborrece a su hermano, etc. 


Jesús acababa de escapar del templo porque los judíos querían apedrearlo para matarlo. ¡Estaban furiosos! Lo llamaron “hijo de fornicación”. Jesús les había dicho una frase matadora:
-“Antes de que Abraham fuese YO SOY”
Al pasar, Jesús vio a un ciego de nacimiento mendigando y dijo a sus discípulos que “la Gloria de Dios se iba a manifestar en este hombre”. Escupió en tierra e hizo lodo con la saliva y untó los ojos del ciego. Luego lo envió a que se lave en el estanque de Siloé. El hombre le CREYÖ a Jesús, le obedeció y regresó ¡VIENDO!.


¡Cuánta simplicidad! Ya está, eres sano. Ahora, vé a vivir una vida normal junto a los tuyos. El sufrimiento, la mendicidad, el abandono, ¡quedaron atrás!
Los vecinos no podían creer que el ciego que mendigaba hubiera recuperado la visión aunque él les repetía: ¡Yo soy!
Para el resto de la comunidad este milagro no era tan simple, ni para las autoridades de la sinagoga. ¿Por qué? Este Jesús buscando problemas otra vez: sanó en día de reposo y le abrió los ojos a un ciego de nacimiento. ¿Cómo lo había hecho? Si sólo Dios podía curar a un ciego de nacimiento, sólo Dios perdonaba pecados. Este Jesús era un hombre pecador y nacido en pecado…Entonces el ciego, no era ciego, mentía…
Todos le preguntaban una y otra vez: -¿Cómo te fueron abiertos los ojos?
-Aquel que se llama Jesús, hizo lodo… Fui, me lavé en el Estanque de Siloé y recibí la vista.


-¿Dónde está él?
-No sé.
Claro que no sabía nada del Señor Jesús. Lo increíble de este suceso fue que Jesús pasaba por ahí, lo vio, lo sanó y siguió su camino.
Sólo esperaba que todos se alegraran con él. ¡Veía! ¡Había nacido ciego y ahora veía! Eso era lo importante. ¿No lo estaban viendo? La verdad que, ¡ellos parecían ciegos! ¡Qué alboroto en la comunidad! ¡Sí, pero no precisamente de alegría!
Volvieron a preguntarle los fariseos cómo había recibido la vista. Y el hombre volvió a narrar lo sucedido. Y así pasaron los días, de interrogatorio en interrogatorio. Todos murmuraban: -¿Lo curó con lodo? Este hombre, (por Jesús), es pecador, no procede de Dios.
Este “Encuentro” con Jesús y el milagro de sanidad trajeron para él una gran cantidad de problemas a los que se sumaban angustia, discusiones, preocupaciones…
Y continuaron pasando los días. No hubo festejo en la sinagoga donde se reunía la comunidad. ¡Nada de eso! ¡Lo trataron de mentiroso y de que había fingido ser ciego!
Las autoridades acordaron de que si alguno confesaba que Jesús era el Mesías, sería expulsado de la sinagoga. ¡Tremendo castigo! Todas las familias judías pasaban por esta “casa de reunión”.
Las autoridades de la sinagoga decidieron llamar a los padres, quienes solamente confirmaron que este hombre era su hijo y que había nacido ciego de nacimiento. Pero de cómo había ocurrido el milagro, no sabían nada. El miedo a ser expulsados les hizo hablar así.
Pobre hombre, había sido anteriormente un ciego mendigo. Pero desde que Jesús lo bendijera con el milagro de la visión, se vio envuelto en una historia de miedo, mentiras, falsos testimonios, soledad, enojos.. Lo volvieron a llamar y le preguntaron todo otra vez, lo injuriaron y le reprocharon que era discípulo de Jesús, “el pecador”.
Luego de un fuerte intercambio de palabras, sin temor, les dijo:
- Dios no oye a los pecadores. Pero si alguno hace su voluntad y es temeroso de Él, a ése oye. Desde el principio no se ha oído decir que alguno abriese los ojos a uno que nació ciego. Si Éste, (por Jesús), no viniera de Dios, nada podría hacer.
Y se enojaron las autoridades de la sinagoga, lo acusaron de haber nacido en pecado, ¡y lo expulsaron!



















¡Estaban ciegos! ¡Lo habían expulsado! Aún no conocían al Verdadero Dios. Ahora que veía, se quedaba solo. Nadie quería tener problemas en la sinagoga.
Pero él había sido valiente, sin temor respondió a las acusaciones, no mintió acerca de lo que creía de Jesús, sino que CONFESÖ públicamente que era un Enviado de Dios y soportó el castigo de la expulsión de la sinagoga. Aún cuando sabía que los padres ya no lo iban a aceptar pues ellos ya habían realizado su opción.
Desde que Jesús había pasado a su lado y se detuvo para sanarlo de su ceguera, todo había cambiado en su vida. Los maestros ciegos de la sinagoga le habían enseñado que era ciego de nacimiento por haber nacido del todo en pecado. Y que sólo Dios podía curar esta ceguera. Pero como no lo reconocían a Jesús como enviado de Dios, sino que afirmaban que era pecador, hijo de fornicación y que hacía las obras en nombre del diablo, que era mentiroso y tenía demonio, el milagro que él había recibido de acuerdo a estas afirmaciones, ¡nunca podía venir de Dios! ¡No era Dios quien lo había curado! Y lo expulsaron por no aceptar “esta verdad” que los ancianos proclamaban públicamente.
Pero Jesús no sólo le había dado visión, sino que se dio cuenta que toda su vida había creído que era ciego porque nació en pecado. ¡Cuántas humillaciones había sufrido por este concepto erróneo! Y ahora conocía la Verdad sobre el origen de su enfermedad, que ninguna autoridad religiosa había pronunciado jamás. Había escuchado a Jesús decir, antes de sanarlo:
-“No es que pecó éste ni sus padres, sino para que las OBRAS DE DIOS SE MANIFIESTEN EN ÉL” ¡Era la voluntad de Dios lo que le había ocurrido! ¡Dios lo había elegido para manifestarse a través de él! Y había llegado el momento, no fue casualidad el Encuentro con Jesús. Pero la comunidad, la familia, los ancianos de la sinagoga estaban en su contra porque sus ojos espirituales estaban cerrados y sólo Jesús tiene el poder para abrirlos.
Estaba solo. Lo dejaron solo. Pero veía. ¡Ahora veía todo! ¿Qué había creído desde niño? Los conceptos erróneos aprendidos lo llevaron a vivir miserablemente. No iba a volver atrás a suplicar por misericordia. A decir verdad, nunca la habían tenido con él: había sido sólo un ciego mendigo. Es más, había sido un “ciego guiado por otros ciegos”. Pero… ¿deambularía solo por ahí?

¿Y AHORA QUÉ?
Y ahora falta lo mejor. El Buen Pastor nunca abandona a sus ovejas. Sale a buscarlas hasta que las halla. El Buen Pastor su vida da por sus ovejas.


Le contaron a Jesús que el buen hombre había sido expulsado de la sinagoga y salió a buscarlo. Cuando lo halló, le preguntó:
-¿Crees tú en el Hijo de Dios?
-¿Quién es Señor, para que crea en Él?
-Pues le has visto, y el que habla contigo, ÉL es.
-Creo Señor. Y le adoró.


¡Las obras de Dios se habían manifestado en él! Ahora veía físicamente y espiritualmente.


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Para juicio he venido Yo a este mundo, para los que no ven, vean, y los que ven, sean cegados”. Señor Jesús.(Juan 9:39)




Dios también quiere manifestar sus Obras en tu vida. Sólo dile a Jesús: CREO, SEÑOR. Y ADÓRALO, ÉL ES DIOS.
1° Corintios 2: 9- 16. “Cosas que ojo no vio ni oído oyó… son las que Dios ha preparado para los que le aman”. 
Pero Dios las revela por el Espíritu Santo sólo a quienes adoran a Jesús y sus ojos espirituales han sido abiertos por Él. Éstos son los que tienen la mente de Cristo. “Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente”.
¿Sabías que sólo hay dos clases de personas: natural o espiritual?
Porque la Palabra de la Cruz es LOCURA a los que se pierden, pero a los que se salvan es PODER DE DIOS”. (1° Corintios 1: 18).

MEDITA:
¿Cuál es tu reacción ante la Predicación de la Palabra de Dios y del Evangelio de Jesús?:
- ¿Te has arrepentido de tus pecados y le has pedido al Señor Jesús que entre en tu corazón?  ¿Lo has recibido como Salvador Personal y Señor de tu vida?
-¿O crees que es locura y no la puedes entender?

Oro para que el Señor Jesús abra tus ojos espirituales… ¡y CREAS en ÉL!




(Elena Sanfilippo Ceraso
     jueves 16/07/2015)


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