martes, 19 de abril de 2016

¿Cooperar con la Iglesia Católica Romana? La lección de Francis Schaeffer





















Una cosa es ocuparse juntos en las áreas de interés común en la comunidad, pero es una cuestión totalmente diferente participar en la misión común y el evangelismo.

En nuestro mundo global, un conjunto de preguntas están delante de los evangélicos: ¿Debemos colaborar con los católicos? ¿En qué temas o áreas? ¿Hasta dónde debemos llegar? ¿Es posible hacer misión juntos? Naturalmente, depende mucho de los diferentes contextos y de aquellos que están implicados en los mismos. Por ejemplo, una cosa es trabajar con católicos individualmente o grupos de laicos; otra cosa es aunar los esfuerzos con la Iglesia de Roma institucional. Una cosa es ocuparse juntos en las áreas de interés común en la comunidad, p.e. la promoción de los valores judeo-cristianos en la sociedad; pero es una cuestión totalmente diferente participar en la misión común y el evangelismo  


La Alianza y la Cobeligerancia

Para empezar a desembalar las cuestiones implicadas, puede ser útil recordar la lección del apologista evangélico del siglo XX, Francis Schaeffer (1912-1984). Schaeffer fue un líder cristiano que introdujo la expresión cobeligerancia en el vocabulario cristiano actual. En medio de las transiciones culturales de los años setenta, alentó a los evangélicos a ponerse al lado de otras convicciones religiosas en aras de promover unos temas específicos que fueran compartidos por una sección transversal de la sociedad y que estuvieran amenazados por las tendencias seculares, especialmente en el ámbito de los valores morales. La llamada de Schaeffer a comprometerse en la esfera pública, trabajando juntos con los no cristianos, ha sido uno de los factores de motivación de la participación evangélica reciente en la sociedad. Al sugerir una razón fundamental para la cobeligerancia, Schaeffer hizo una distinción entre formar alianzas y comprometerse en la cobeligerancia. Por una parte, una alianza es una clase de unidad basada en la verdad y, por consiguiente, tiene que ver únicamente con los cristianos nacidos de nuevo que reciben la Escritura como el estándar de sus vidas. Por otra parte, la cobeligerancia se centra en una cuestión determinada y está abierta a todos los que la comparten, sean cuales sean sus antecedentes y los objetivos que los motivan. Así es como Schaeffer lo define: “El cobeligerante es una persona con quien no estoy de acuerdo con toda la clase de los temas vitales, pero que, por las razones que sean, está en el mismo lado en una lucha por la misma cuestión concreta de justicia pública”.i Para Schaeffer esta distinción refleja los principios bíblicos sobre la unidad entre los creyentes y la cooperación entre personas de diferentes fes. La cobeligerancia no es otra forma de hablar de ecumenismo. El último tiene que ver con la unidad de los creyentes según la Biblia; el primero está relacionado con los posibles esfuerzos cooperativos entre gentes diferentes y más allá del acuerdo en las verdades centrales del Evangelio.  


Los Fundamentos Bíblicos

La distinción entre alianza y cobeligerancia refleja la enseñanza de las Escrituras. Existe profunda unidad dentro del pueblo de Dios sobre la base de una fe común en Jesucristo (Efesios 4:1-16). Esta unidad autoriza alianzas en términos de la adoración, la oración, el evangelismo y el testimonio del Evangelio. Esta unidad permite a la iglesia elaborar la Gran Comisión que Jesús dispuso, que consiste en ir por todo el mundo y discipular a las naciones (Mateo 28:16-20). Este tipo de alianza muestra el poder del Evangelio para reconciliar diferentes gentes alrededor del mismo Señor Jesús, quien envía a Su pueblo adelante para llevar el mensaje de reconciliación al mundo (2 Corintios 5:17-20). Esta unidad no es en absoluto lo que es la cobeligerancia. Las Escrituras distinguen claramente la unidad de los creyentes en Cristo de otras clases de relaciones sin separarlas. La Biblia manda a todos los hombres y mujeres (cristianos incluidos) habitar la tierra de forma responsable, teniendo cuidado del mundo y conviviendo en paz al máximo posible. Después, la Palabra de Dios anima a la iglesia a desarrollar y mantener buenas relaciones con sus vecinos y a estar comprometida con el bien de los demás (Génesis 1:27-31; Jeremías 29:5-7; Tito 3:1-2). Al hacer lo que la Biblia exige, estaremos siempre en contacto con personas diferentes que mantienen una pluralidad de visiones del mundo y de estilos de vida. Los miembros de nuestra familia, los colegas, los compañeros de habitación y los amigos puede que no sean creyentes, pero, no obstante, estamos llamados a vivir con ellos para el bien de la comunidad. En este sentido, la cobeligerancia es necesaria, útil e… inevitable. Es una tarea de la humanidad que Dios nos ha dado. Forma parte de nuestro llamado común de vivir en este mundo sin ser del mundo (Juan 17:14-18). Para los cristianos, ni el total retraimiento ni la exclusión autoimpuesta del mundo es una opción viable. La vida cristiana requiere que cada persona desarrolle y alimente una múltiple red de relaciones sociales. Una fe madura es capaz de mantener distintas relaciones con gente diferente, sin perder su identidad cristiana y su compromiso con el Evangelio. Lo importante es practicar la distinción entre alianza y cobeligerancia.  


La Alianza o la Cobeligerancia

Volviendo a la pregunta que hicimos al principio. En cuanto a nuestra relación con la Iglesia Católico Romana, ¿deberían comprometerse los evangélicos en alianzas o actos de cobeligerancia? Schaeffer alentó la cobeligerancia con personas de todas las convicciones, pero quería limitar las alianzas a los creyentes en la Biblia y a los cristianos nacidos de nuevo; por consiguiente, excluyendo a la Iglesia de Roma como institución. El tema fundamental a abordar es si el Evangelio Católico sostenido por la Iglesia de Roma es o no el Evangelio bíblico en sus contornos básicos. La respuesta a esta pregunta nos lleva a contestar la anterior. Si la contestación es “sí”, o sea, el Evangelio Católico Romano es el Evangelio bíblico, se deduce que ninguna restricción teológica tiene que ponerse en marcha. Si la contestación es “no”, o sea, el Evangelio Católico Romano no es el Evangelio bíblico en las formas significativas, entonces es necesario que haya un cuidadoso discernimiento para no difuminar la distinción entre colaborar en asuntos sociales y la participación en la misión común. Lo primero es posible, lo último no.


i Plan for Action (Old Tappan, NJ: Fleming H. Revell, 1980, p.68). Schaeffer habló sobre la cobeligerancia en el Segundo capítulo de su libro “The Church at the End of the Twentieth Century” [La Iglesia al Final del Siglo XX] (1970) varias ediciones. 

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