jueves, 15 de septiembre de 2016

Recordamos al Padre Julio Brugnoli


El padre Julio Brugnoli, “marchigiano”, de la zona rural cercana a Arcevia (Italia) -ciudad donde nació el 15 de julio de 1932- vivía en aquel tiempo de la agricultura y del gusano de seda, solía recordarlo.De familia campesina, después de la instrucción obligatoria entró a la Congregación Silvestrina de la Orden de San Benito, surgida en Le Marche en el siglo XII. Después de algunos años, le pareció sentir la vocación al sacerdocio, pero su superior no quiso saber nada. El abad general le aconsejó que hablara con el p. Pagani, Superior de los Oblatos de la Virgen María, quien lo recibió en la Congregación. Después del Noviciado realizado en Ivrea fue a estudiar a la capital.Fue ordenado en Roma el 11 de marzo de 1967, año en que inició su largo recorrido de servicio al Señor como vicepárroco en la parroquia Santa Elena. El año siguiente fue enviado a San Vittorino Romano como Asistente de los Aspirantes en el Colegio Apostólico o Seminario Menor de los Oblatos. Después de dos años, en agosto de 1969, fue trasladado como vicepárroco a la parroquia de Santa Rita en Buenos Aires donde permaneció ininterrumpidamente hasta su muerte.
La vida del p. Julio se caracterizo por un servicio silencioso de amor y de humildad dedicada a los fieles del Santuario de Santa Rita en Buenos Aires. Hombre de poca salud y, a veces, de carácter esquivo; sin embargo con nobles sentimientos y gran compasión sirvió al Pueblo de Dios como lo que era, un sacerdote piadoso, misericordioso y caritativo con todos. A ejemplo de su hermano de Congregación y mentor, el p. Severino Canoniero, aprendió a pasar horas y horas en el confesionaro para acercar el perdón del Señor a quien lo pidiese. Por más de treinta años fue el asesor del Grupo Scout de la Parroquia, uno de los más grandes e importantes, participando siempre en sus campamentos anuales. El Santuario, por más de treinta años, se guió por su presencia constante en el confesionario o en la secretaría parroquial donde siempre recibió a cualquiera que viniese a pedirle oraciones, consejo o cualquier tipo de ayuda que él siempre intentó responder con lo que tenía y poseía.
Pobre y austero en su vida personal, siempre buscó dar testimonio de Cristo, trabajando en medio de una parroquia particular -que como Santuario ha sido siempre muy frecuentado- y a través de la oración silenciosa y fiel sembrando con su ejemplo esperanza, coraje, fuerza y fraternidad.
Fue párroco por alrededor de diez años para luego dejar el lugar a gente más joven y dinámica, aún permaneciendo como estrecho colaborador en el Santuario.
En la comunidad siempre se caracterizó por ser un hombre de silencio, bueno con todos, siempre hablando bien de los otros. Los fieles le han manifestado una gran simpatía y estima por lo que ha hecho siempre por todos.
Su salud siempre fue frágil y se fue deteriorando mucho en los últimos años. No obstante, mientras pudo, continuó sirviendo.
Se apagó a los casi 84 años el 27 de junio de 2016.
(http://www.institutosantarita.edu.ar/)



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