jueves, 12 de enero de 2017

CENA ESCANDALOSA


LECTURA: Lucas 11: 37-54. Mateo 6: 25-34.

Jesús estaba enseñando acerca de la función de la LUZ: ALUMBRAR, por lo que nunca se oculta una luz encendida, sino que se coloca en el candelero para que los que entran vean la luz. Exhortó pues, a los discípulos a que debían estar atentos, para que no les suceda que la LUZ que hay en ellos, sea TINIEBLAS.
YO SOY LA LUZ DEL MUNDO Y EL QUE ME SIGUE NO ANDARÁ EN TINIEBLAS, les dijo.

Luego que hubo hablado, un fariseo le rogó que comiese con él y entrando Jesús en la casa, se sentó a la mesa. El fariseo, cuando lo vio, se extrañó que no se hubiese lavado antes de comer.
Sí, ese mismo Jesús, de quien Nicodemo había dicho, al ir a verle de noche:
-Rabí, sabremos que has venido de Dios como Maestro…
Ese mismo Jesús, ¡no se había lavado antes de comer! ¿Cómo no se iba a extrañar el fariseo al verle actuar así?
Jesús conocía bien la Ley. No había actuado descuidadamente ni lo había olvidado. Fue un acto premeditado. ¿Por qué lo hizo, precisamente, en la casa de un fariseo?
Lucas nos cuenta, que en ese mismo instante Jesús comenzó a acusar a los fariseos e intérpretes de la Ley, diciéndoles:
“…están limpios por fuera, pero por dentro están llenos de rapacidad, de maldad, necios, hipócritas, serpientes, generación de víboras, ¿cómo escaparéis de la condenación del infierno? Cerráis el Reino de los Cielos delante de los hombres…”
Y así Jesús arruinó la comida de todos los presentes.


Más tarde, al juntarse una multitud por millares, dijo de ella a sus discípulos, que tuvieran cuidado con la levadura de los fariseos, que es la HIPOCRESÍA, pues al leudar la masa, podía alcanzarlos a ellos también y convertirse ¡en religiosos hipócritas!
Hermano/a, cuidado con las multitudes, con las masas, con las grandes manadas.
Continuó Jesús hablando y de la HIPOCRESÍA pasó al tema del TEMOR, diciendo:
No teman a estos hombres, líderes políticos y religiosos, hipócritas, pues podrán matar el cuerpo pero no pueden arrancarles la Vida Eterna y enviarlos al infierno. Estos hombres los van a perseguir, a matar, a tomar prisioneros y los llevarán ante las autoridades y magistrados para declarar.


¿Y por qué los HERMANOS PEQUEÑOS de Jesús iban a padecer todo esto? 
Por algo muy simple: la CONFESIÓN PÚBLICA de su FE en Jesús les iba a acarrear todos estos males. Hay religiones que permiten que sus fieles OCULTEN su fe para salvar su vida. Pero la Fe en el Señor Jesús NO es una religión, porque Jesús es VIDA, por lo tanto, ocultar la Fe para salvar la vida no es válido. Jesús declaró:
El que me confiese delante de los hombres, Yo lo confesaré delante de mi Padre Celestial y el que me niegue delante de los hombres, Yo lo negaré delante de Dios.
Luego los tranquilizó diciéndoles:
No se preocupen por lo que deben decir o responder ante las autoridades, porque el Espíritu Santo les enseñará lo que deban decir en esa misma hora. No teman a los hombres, pues aún TODOS los cabellos de vuestra cabeza están TODOS contados.
No te preocupes, Hermano/a, no estás solo/a, el Espíritu Santo mora dentro de ti. ¡NO TEMAS!
Ahí estaba Jesús, delante de la MULTITUD y delante de sus DISCÍPULOS, enseñando, exhortando, aconsejando, acerca de cómo cuidar la Vida Eterna, no seguir a la manada, ser LUCES ENCENDIDAS, no temer a los hombres y con el PODER del Espíritu Santo CONFESAR públicamente su FE en Él.
Su discurso giraba alrededor de estos temas, cuando UNO de la MULTITUD… Lucas escribe: “uno de la multitud”. 
Los que conforman la multitud no tienen identidad, son lámparas apagadas, son solamente llamados UNO de la multitud. En cambio, si hubiera sido un Discípulo, su nombre estaría escrito, porque los discípulos no forman parte de la gran manada, sino que son parte de la Pequeña Manada, luces encendidas y cada una conserva su identidad.
Este “uno de la multitud” le dijo a Jesús:
-Maestro, dí a mi hermano que parta conmigo la herencia.


Ahí estaba, el fruto de la hipocresía de los líderes religiosos. Él no entendía las palabras de Jesús pues aún andaba en tinieblas. Estaba satisfecho con ser un “buen religioso” y de cumplir con la Ley ante Dios, ¡nunca hubiera dejado de lavarse antes de comer! Pero tenía un gran problema que resolver: que su hermano parta con él la herencia. Había pensado, entonces, que Jesús podía ser un “BUEN MEDIADOR”. ¡Por eso estaba allí! No estaba interesado en la Vida Eterna, en cómo ser un discípulo de Jesús. Él estaba cómodo siendo parte de la multitud, de la gran manada. Si resolvía el tema de la herencia, ya no necesitaba nada más.
Pero Jesús no aceptó ser el mediador y dijo a todos:
Guardaos de la AVARICIA, porque la VIDA del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee. Y ejemplificó con una parábola:
Un hombre muy rico ante sus bienes y frutos, meditó así:
Tengo muchos bienes guardados para muchos años y ahora: ¡reposa, come, bebe y regocíjate!
Pero Dios le dijo:
-Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma y los que has provisto, ¿de quién será?
ASÍ ES EL QUE HACE PARA SÍ TESORO Y NO ES RICO PARA CON DIOS.

Hermano/a: MEDITA:
¿Eres una luz apagada de la multitud, de la gran manada o eres una luz encendida de la “pequeña manada” del Señor Jesús?
¿Sigues a Jesús, la LUZ del mundo, por interés personal o porque eres su Discípulo y anhelas serle fiel hasta la muerte?
¿ERES RICO PARA CON DIOS?







(Elena Sanfilippo Ceraso
     jueves 05/01/2017)

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