jueves, 7 de mayo de 2015

Humildad y Justificación por la Fe




Se dice que el hombre es un buscador infatigable de la verdad, y Jesús dice: "Yo soy la Verdad"; por lo tanto se deduce de que encontrar la Verdad es encontrarse con Cristo.
He venido a la Iglesia Evangélica desde un seminario católico romano, y lo que me llevó a dar este paso fue el hecho de que después de mucho tiempo de búsqueda, la Verdad, es decir, Cristo mismo se cruzó en mi camino, les diré cómo y de qué manera.
Jesús nos dice en el Evangelio: "Aprendan de mí que soy manso y humilde de corazón" y en las Bienaventuranzas promete el Reino de los Cielos a los humildes. Fray Luis de Granada, comparando la vida cristiana con un edificio, dice que la humildad es su cimiento, la fe y la esperanza sus muros y la caridad su techo, su coronación. Y asegura que cuanto más alta se eleve la casa, mucho más profundos deben ser sus cimientos.
Esto lo digo, dado que a mi modo de ver, la humildad caracteriza al verdadero cristianismo. El P. Belorgey, un monje cisterciense francés nos dice: "La humildad se funda en la verdad, sobre todo en esta verdad: es infinita la distancia que hay entre la criatura y el Creador. . . Por muy elevada que esté una criatura, el abismo que la separa del Creador es siempre infinito".
Mis superiores decían que Lutero era un soberbio y ponían en la soberbia el origen de la fe evangélica.
A mi modo de ver, en cambio, el protestantismo no ha nacido de la soberbia, que es el principio de todo pecado, sino de la humildad, que es el fundamento de todas las virtudes y de todo el edificio espiritual.
La humildad es el centro del protestantismo, y creo que es imposible hallar una espiritualidad tan humilde como la evangélica; dado que los Reformadores no se cansan en acentuar la nada del hombre y su total dependencia de Dios en contraposición a la confianza en sí mismo y el mérito de las buenas obras, que es la característica pelagiana del catolicismo romano y de otras religiones cristianas o paganas.
El punto de la justificación por la fe sola, característico del protestantismo, es el que nos hace ver la conformidad de éste con la Revelación divina. Lutero afirma: "Tenemos que guardar fielmente el artículo de la justificación por la fe en todo momento, por ser el artículo principal de la doctrina cristiana y por el cual la Iglesia de Cristo se distingue de toda religión falsa, dándose la gloria solo a Dios y el constante consuelo al pecador".
En la concepción de Lutero, el hombre es nada y Dios es todo, todo lo bueno que hallamos en el hombre es producto de la gracia de Dios.
El mundo y las religiones humanas prescindiendo de Dios colocan todo en el esfuerzo personal del hombre. Este acto soberbio es el pecado original, cuando la criatura le dice a su Creador que no lo necesita, ni necesita de sus leyes, el hombre es para sí mismo su dios y legislador.
Pero cuando quiere construir su mundo prescindiendo del Creador, entonces el Edén, el Paraíso de la Vida, se transforma en el Sheol, el abismo de la muerte, el hombre se convierte en su destructor, la civilización se suicida.
El mismo P. Belorgey dice también: "Alguien podrá preguntar cómo podemos poner un fundamento tan endeble como la humildad que parece ser algo de signo negativo. Respondemos que la humildad es en el cristianismo, principio de fuerza, manantial de energía inagotable. no tiene nada que ver con la pusilanimidad, la pereza o la cobardía, sino que sitúa a cada uno en el lugar que le corresponde y, de este modo, lo prepara para desplegar todas sus posibilidades, porque da lugar para que obre Dios en él".
La humildad lejos de oponerse a la generosidad del alma, impele a ella. El cristiano debe aspirar a grandes cosas, dignas de gran alabanza, mas ha de aspirar a ellas humildemente.
Si estamos llenos de nosotros mismos no dejamos lugar para que entre Dios. Para estar llenos de Dios debemos estar vacíos de nosotros mismos.
Finalizaré recordando que el principio de conciliación de la humildad y de la magnanimidad cristianas está expresado en estas palabras del apóstol San Pablo a los Corintios:"Llevamos este tesoro en vasos de barro para que se reconozca que la grandeza del poder es de Dios y no nuestra". (2ª Cor. 4:7).

(Pablo Claudio Salvato
       25/08/1986)

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