sábado, 6 de febrero de 2016

La justificación por la fe desde una lupa anglicana

Vista por el obispo Stephen Neill


La doctrina de la justificación por la fe es esencial. Quien no la afirme no puede ser considerado, en un sentido, protestante.

La Iglesia Anglicana no ha hecho últimamente de esta doctrina el tema favorito de sus sermones, y sin embargo, se haya presente en su historia a través de los escritos y sermones de sus grandes hombres, pero sobre todo en sus formularios históricos: El Libro de Oración Común, los 39 Artículos de Religión y el Ordinal de los obispos, sacerdotes y diáconos.
Obispo Stephen Neill
El obispo Stephen Neill, quien fue misionero en la India y un destacado líder del movimiento ecuménico en el siglo XX, nos habla en su libro clásico "El Anglicanismo", en un lenguaje muy anglicano acerca de la doctrina de la justificación.

Entre otras cosas que Lutero había descubierto en la Biblia estaba la doctrina apostólica de la justificación por la fe. ¿Qué se trata de expresar por medio de este formidable término técnico? El gran problema para quien se reconoce como pecador consiste en descubrir cómo puede encomendarse a Dios y cómo puede estar seguro de haber sido aceptado por Él. La respuesta del Nuevo Testamento es que la pregunta ha sido formulada erróneamente; el hombre no tiene necesidad de encomendarse a Dios; es Dios quien se encomienda al hombre: “Mas Dios muestra su amor para con nosotros en que, siendo pecadores, murió Cristo por nosotros” (Romanos 5:8). La doctrina de la justificación es simplemente la expresión teológica de las palabras dichas como una crítica contra Jesucristo en los Evangelios: “Este hombre recibe a los pecadores y come con ellos”.  ¿Qué habían hecho los pecadores para ser aceptables a Jesucristo? La respuesta que no habían hecho nada. Simplemente se habían dejado encontrar por el Buen Pastor, que había venido a buscarlos. ¿Y cómo sabemos que esto es cierto también con respecto a nosotros? Porque Dios viene siempre a encontrarnos en la Cruz y Resurrección de Cristo.
La justificación significa el establecimiento de una relación nueva y permanente entre Dios y el pecador. Es aquel acto por el cual Dios declara en Cristo ser misericordioso por toda la eternidad con el pecador que confía en Él, sin considerar las deserciones de dicho pecador. Es el acto por el cual el pecador renuncia por toda la eternidad a toda dependencia de sí mismo, de lo que puede hacer, de sus propios méritos, y se entrega enteramente sin reservas e incondicionalmente a la misericordia perdonadora de un Dios gracioso, a quien se ha llegado a conocer en la muerte y resurrección de Jesucristo.
Naturalmente que esta doctrina puede ser pervertida en un sentido “antinomionista”; si Dios nos perdona siempre, cuantas veces y por mucho que pequemos, ¿Por qué nos hemos de preocupar de no pecar? San Pablo mismo se percataba perfectamente de esto y se quejaba de aquellos que interpretaban su enseñanza en el sentido de “continuemos pecando para que abunde la gracia”, o “hagamos el mal para que venga el bien”. Esto era para san Pablo un ejemplo tan evidente de pecado contra el Espíritu Santo que ni siquiera se dignaba discutir con los detractores; los despida con la indignada observación: “Su condenación es justa”. Lutero había replicado que nadie puede caer en este error con tal de que tenga el concepto más elemental de lo que significa la fe. Pues la fe en el Nuevo Testamento significa la total entrega del hombre a Dios en confianza, en gratitud adoradora, en amor y en obediencia humilde. Si falta cualquiera de estos elementos, la llamada fe no es fe en el verdadero sentido de la palabra. Lo que Lutero llevó a cabo en realidad, y éste fue quizá su mayor servicio a la teología, fue restaurar la verdadera relación entre fe y las obras. Las obras no deben ser entendidas como buenas acciones que el hombre hace para congraciarse con Dios  o para satisfacer por sus pecados. La idea de mérito por parte humana queda totalmente y para siempre excluida. Las buenas obras son aquellas acciones que el cristiano no puede dejar de hacer, porque se ve constreñido por el amor de Cristo, que ahora mora en corazón por la fe.
http://volvamosalasfuentes.blogspot.com.ar/2015/11/la-justificacion-por-fe-desde-una-perspectiva-anglicana.html

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