jueves, 27 de noviembre de 2014

Derribando Fortalezas





En esta noche quisiera compartir con ustedes una hermosa historia bíblica que se halla en el libro de Josué 5:13-15 hasta el 6:1-20 inclusive, donde dice así:........

a) Cada vez que debemos realizar algo en la vida, cuando nos enfrentamos con algún problema para resolver, no nos detenemos a preguntar cuál es la voluntad de Dios, cuál es Su parecer respecto a la situación. Lo que hacemos es resolverlo de acuerdo a nuestro criterio y, luego, proponerle a Dios nuestros planes y proyectos esperando que Él los bendiga y los apruebe. Con Josué ocurrió lo mismo, tenia muchos planes elaborados sobre como tomar la ciudad de Jericó; era un militar experimentado, un gran estratega, pero ¿que ocurre?. Se le aparece el Ángel de Jehová (que es el Señor Jesús en su existencia prehumana),y Josué ¿que le pregunta?: "¿Estás con nosotros o con el enemigo?". Y el Ángel de Jehová le responde que no toma partido por ninguno de los dos bandos, sino que ha venido a comunicar el plan de Dios. Viene como Comandante del Ejército del Señor a hacerse cargo de la situación. Todos los planes elaborados por Josué deben dejar lugar al plan divino. La victoria sobre los enemigos no será obra de los israelitas, sino de Dios a través de ellos. La tierra prometida será un regalo de Dios y no un logro del pueblo. La humilde respuesta de Josué es digna de admiración: "Qué dice mi Señor a su siervo?". Es similar a la que mucho tiempo después dará la virgen María al ángel Gabriel: "He aquí la sierva del Señor: hágase conmigo conforme a tu palabra".
Según lo expresado en Rom. 15:4: "Las cosas que se hallan en la Escritura se han escrito para nuestra edificación", entonces traslademos esto a nosotros mismos y preguntémonos: ¿cuántos problemas nos evitaríamos si pasáramos más tiempo buscando en oración la dirección del Señor antes de actuar por nuestra propia cuenta? Esta es la manera correcta de orar, y no aquella otra en la que pedimos que Dios bendiga planes donde Él estuvo ausente en su elaboración. Los israelitas sabían muy bien lo que significaba seguir la voluntad propia, y Josué más que ninguno de ellos: en su primer intento por tomar la tierra prometida sin consultar la voluntad del Señor, fueron derrotados por sus enemigos y castigados con cuarenta años de penoso peregrinar por el desierto, hasta que toda esa generación murió, con excepción de Caleb y de Josué, ahora al frente de los hijos de esos hombres rebeldes.

b) A continuación, fíjense bien en lo que el Ángel de Jehová pasa a pedirle a Josué: que se quite el calzado delante de su presencia, que es lo mismo que le pidió Jehová a Moisés cuando le habló desde la zarza ardiente. Ningún ángel de Dios hubiera hecho este pedido, ni mucho menos permitiría el acto de adoración que, inmediatamente, realiza Josué (el único ángel que deseó reverencia para sí mismo fue Lucifer, y ya saben quién es). Esto tiene una sola explicación: este denominado "Ángel de Jehová", es un ángel especial: no es una criatura angélica, sino la manifestación angélica del mismo Dios.
Actualmente los ángeles están de moda en nuestra sociedad por influencia de la New Age. Sus imágenes están por todos lados, como así también libros con oraciones a ellos y técnicas para ponerlos a nuestro servicio. Se habla de ellos por televisión, relatando muchas personas experiencias sobrenaturales con los mismos. Yo no dudo que la gente pueda comunicarse con los ángeles, lo que sí se es que no son ángeles de Dios. Los humanos no tienen permitida la comunicación con el mundo angélico. Es cierto que nos ayudan y protegen, pero cuando se lo pedimos a Dios y Él mismo les ordena que lo hagan.
"Ángel" significa "mensajero" o "vocero" (portavoz de alguién). Juan, en su evangelio, llama a Jesús el "Verbo" o "La Palabra de Dios", que es como decir "ángel", pero inmediatamente, afirma que este Ángel, que estaba junto a Dios desde antes de la creación del universo, es Dios igual al Padre Celestial. Es por este motivo que les decía al inicio que, el Señor Jesús en su existencia prehumana, fue conocido como el Ángel de Jehová, la manifestación angélica del mismo Dios. Estoy convencido que, el pueblo de Israel a lo largo de su historia, no trató directamente con el Padre Celestial, sino con su Hijo Jesucristo. Lo cual significa que, Jehová, el Dios de Israel, es el Señor Jesucristo. Por eso, el mismo Juan dice en su evangelio que "a los suyos vino, y los suyos no lo recibieron" (1:11). ¿Recuerdan la aseveración que hace el Señor Jesús de sí mismo en el libro de Apocalipsis "Yo soy el Alfa y la Omega, el Primero y el Último"?; bien, esta es una cita de Isaías 44:6, dónde se afirma claramente: "Yo soy el Primero y el Último, dice Jehová el Todopoderoso, y fuera de mi no hay otro Dios".

c) Ahora quisiera detenerme en otro paralelismo: Josué es el comandante que hace ingresar al pueblo de Israel, el pueblo de Dios, en la tierra prometida, el que lleva a cabo la voluntad de Dios. ¿Saben como se dice Josué en griego?: Jesús. Si, el Señor era tocayo del sucesor de Moisés. Y ¿recuerdan lo que dijo el Señor cuando estuvo entre nosotros como un simple hombre mortal?: "No he venido a hacer mi voluntad sino la de Aquel que me envió". Asimismo, en el trance final en el Getsemaní, dirá al Padre: "No se haga mi voluntad sino la tuya". La actitud del Señor Jesús como hombre es idéntica a la del hijo de Nun: "¿Que dice mi Señor a su siervo?". Es decir que, esta historia de la conquista de Canaán, representa profeticamente la historia del peregrinar hacia Dios de cada creyente bajo la guía del Comandante Jesucristo, venciendo las fortalezas y los obstáculos que el enemigo ponga en nuestro camino, las "jericós" de nuestra vida terrena. Es el peregrinar de Cristiano hacia la tierra de Beuláh, como excelentemente lo interpretó el gran John Bunyan en "El Progreso del Peregrino".

d) Detengámonos un instante a pensar: ¿dónde se hacia presente el Señor en el Antiguo Testamento?. Recordarán que en el Arca de la Alianza, en medio de los querubines se manifestaba la Shekhinah, la Gloria de Jehová. Para albergar el Arca fue que se construyó el tabernáculo portátil y, luego, el templo de Jerusalén. Es curioso como, a través del Antiguo Testamento, Dios siempre aparece morando en un lugar específico desde el cual manifiesta su poder: primero en el Sinaí y luego en el templo. Y ¿en el Nuevo Testamento? ¿dónde se manifiesta actualmente la presencia del Señor para la Iglesia que es el Israel de la Nueva Alianza?. De seguro el Señor no habita en un templo hecho por manos humanas y el templo salomónico ha cesado de ser el lugar de manifestación de la presencia de Dios: A la mujer samaritana, Jesús le dice que llegaría el día en que Dios no sería adorado en ningún templo. A los discípulos que se admiran de la majestuosidad del templo de Jerusalén, les dice que Él es mayor que el templo, porque en el tabernáculo de barro de su cuerpo está presente el Dios vivo de una manera real. Palabras estas del Señor que se confirmaron el día de su muerte cuando el velo del templo se partió de arriba abajo.
Vuelvo a preguntar: ¿dónde se hace presente el Señor de una manera real y poderosa en nuestros días?. Según Apoc. 3:20 y Juan 14:23, la respuesta es que la presencia del Señor se manifiesta en el interior de cada creyente. De manera misteriosa, sorprendentemente maravillosa pero no por eso menos real, el Dios todopoderoso que hizo los cielos y la tierra, mora en el interior de cada creyente, dentro del corazón de cada cristiano. Hagan silencio... oigan el latir de sus corazones... allí habita el Dios Trino, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo en toda su plenitud. Dentro de ustedes está el Dios todopoderoso ante el cual caen los muros de las fortalezas del enemigo, por el cual se vencen los obstáculos en el camino de la vida, las "jericós" de nuestra vida cotidiana. Y si esto es así, significa que cada cristiano es una especie de Arca de la Alianza viviente. Recordemos que, por cuanto nos anima un mismo Espíritu, somos Templo del Espíritu Santo y Cuerpo de Cristo, un Templo edificado por la mano de Dios con piedras vivas.

e) Si Cristo habita dentro nuestro, si estamos llenos del Espíritu Santo, no pueden existir mas cristianos derrotados. Un cristiano derrotado es uno que no ha tomado conciencia de la realidad de tener a Jesús en el corazón. Porque para quien enfrenta las adversidades con Cristo no hay derrotas. Los obstáculos que debían derribarlo se convierten en un trampolín que lo elevan más alto. Fíjense en el relato bíblico, ¿que les ordena Dios a los israelitas?. Que griten y los muros se derribarán. Muros de 9 a 15 metros de ancho y casi 30 de alto no se derrumban por las vibraciones de los gritos. Los gritos tampoco eran para darse valor. ¿para qué, entonces, este griterío previo a la caída de los muros?. Si nos fijamos en 2º Samuel 6:15 o en el Salmo 47:5, los gritos y las trompetas eran la forma de aclamación en las fiestas; por lo que este griterío es una declaración anticipada de victoria. Es decir que, los muros no habían caído, pero ellos ya le daban gracias a Dios por haberlos derrumbado. Cantaban victoria por una obra que aún no estaba realizada exteriormente, aunque para la fe ya había sucedido.
Quien tiene a Jesús en el corazón, ante los problemas da gracias anticipadamente a Dios, lo alaba por las victorias antes de que sucedan. Así que, cuando se presenten los problemas, no debemos agobiarnos ni levantar quejas ante el Señor en la oración.
¡Cantemos victoria antes de tiempo porque el Rey de Gloria está en medio nuestro!. Recordemos: Si Cristo está con nosotros ¿quién estará contra nosotros?. Un creyente solo con Jesús en el corazón es mayoría aplastante, no debe temer ni aunque acampe contra él un ejército.

f) Otro elemento que llama la atención son estas trompetas de carnero. Para mostrar que la obra es de Dios y no de los hombres, confunde a los sabios con lo necio del mundo: con Moisés usa una simple vara; con David una honda; y aquí, derriba los muros de una ciudad con trompetas de carnero ¡Gloria a Dios!. ¿Se pusieron a pensar como se habrán burlado los habitantes de Jericó al conocer el plan de ataque de los israelitas? Rodear en silencio durante seis días la ciudad y, en el último, gritar y hacer sonar las trompetas para que los muros caigan. Habrán dicho: "¿De éste pueblo tuvimos temor tanto tiempo, los cuales piensan vencernos dando vueltas armados con trompetitas?". Pero ese era el plan de Dios, y cuando se obedece la voluntad del Señor, aunque parezca una tontería, comienzan a suceder portentos. Cuando los muros comenzaron a derrumbarse no les habrá parecido tanta pavada, ¿no les parece?. Ese era el plan de Dios. El Dios presente en medio de Israel realizaría la obra. Se requería en verdad mucha fe, sería como hoy querer frenar un tanque de guerra armados con arcos y flechas. Actualmente, si tenemos cristianos derrotados es porque, tal como dice Daniel 11:37-38, ya no hace caso Israel del Dios de sus padres, sino que ha puesto su confianza en el dios de las fortalezas que sus padres no conocieron. Tienen fundada su confianza en sus propias fuerzas o en un sostén humano, pero no en el Señor, y esto, hermanos y amigos, es la esencia de la idolatría.
Tanto los individuos como las iglesias enfrentan graves y numerosas dificultades; hay "jericós" en nuestras vidas, hay "jericós" para la Iglesia. Sin embargo, el Señor presente en medio nuestro, o para decir mejor, dentro nuestro, derribará los muros, siempre y cuando estemos dispuestos a caer de rodillas ante su Presencia, para inquirir cuál es su plan, de que modo quiere Él obrar.

g) Ya hemos visto dos actitudes a tomar ante las dificultades, según se desprende de la historia bíblica: 1) inquirir la voluntad de Dios y obedecerla; 2) dar gracias anticipadamente por las victorias. Ahora contemplaremos una tercera actitud: la espera silenciosa.
Fíjense que el pueblo tiene que estar dando vueltas alrededor de la ciudad seis días en completo silencio, ¿porqué?; porque Dios, antes de darnos la victoria, nos pide silencio y calma ante las dificultades y problemas. El Señor, a través de sus profetas, dice en numerosas oportunidades que, el creyente sujeto a tribulaciones, debe sentarse callado la boca y esperar la salvación de Dios, la cual siempre llega en el "kayrós", el tiempo oportuno. Nuestra actitud natural es la inquietud, porque nos parece que Dios no responde, que está ausente. Pero Él está al tanto de nuestras dificultades, sólo nos pide silencio y obediencia. Hay que estar tranquilos, callados, esperando confiadamente en el Señor. Esa fué la actitud de Rahab la prostituta cuando ocultó a los espías israelitas: confió en el Señor, esperó en silencio que Dios obrara, y logró la salvación para ella y su familia cuando la ciudad fué tomada. Porque ante los problemas y dificultades no importan nuestra capacidad ni fuerzas naturales, sólo se requiere ejercer mucha fe, confianza en el Señor que llena nuestras vidas; y esa lección puede llevar mucho tiempo aprenderla. Insisto, la clave del éxito ante las dificultades consiste en aprender a dejar actuar a Dios en nuestras vidas, abandonarse dócilmente a Él. Por este motivo, el Señor Jesús mismo, declara en Lc. 17:10 que, cuando hayamos hecho todo lo que Dios nos ha ordenado, debemos decir: "siervos inútiles somos", porque no hay mérito alguno de nuestra parte, todo lo ha realizado el Señor a través nuestro.

h) Hermanos: el secreto no está en que seamos personas victoriosas, sino en que el Victorioso viva en nosotros. Cuando nos convertimos tenemos a Cristo; lo que necesitamos ahora, comprendiendo nuestra impotencia, es que Cristo nos tenga a nosotros. Cristo ha vencido en el frente de batalla, nosotros simplemente nos unimos en el desfile de la victoria. En la vida cristiana nos enfrentamos continuamente con batallas, pero el resultado de las mismas está asegurado. Vivimos en una tierra de reposo. La vida cristiana es una vida de victoria en medio de la lucha. Reposamos en Dios cuando lo tenemos a Él en el control de nuestras vidas, aunque el trabajo aumente, aumente la familia y las responsabilidades.
Preguntémonos: ¿estoy descansando en Cristo hoy?, ¿está Él ganando batallas y obteniendo victorias a través mío?. Este es el llamado "otro reposo para el pueblo de Dios" del cual nos habla la Carta a los Hebreos, del cual, el sábado semanal, era una simple sombra. De este modo, salimos de Egipto cuando nos convertimos, pero entrar en la tierra prometida puede llevarnos muchos años de desierto hasta que llegamos a comprender las palabras del apóstol Pablo en 1ª Cor. 15:57: "¡Gracias a Dios que nos da la victoria por medio de Nuestro Señor Jesucristo!". Es así que desearía finalizar haciendo una exhortación personal: te pido, en Nombre del Señor que, si ya saliste de Egipto, no retrases por más tiempo tu ingreso en Canaán.

(Pablo Claudio Salvato
         04/02/1997)

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