miércoles, 3 de mayo de 2017

¿POR QUÉ ME HACES VER INIQUIDAD? HABACUC.



Habacuc padeció por la tremenda injusticia de su época y le recriminó a Dios:
¿Por qué me haces ver INIQUIDAD?
¿Hasta cuándo clamaré y no oirás y daré voces a Ti a causa de la violencia y no salvarás?
Destrucción y violencia están delante de mí y pleito y contienda se levantan. Por lo cual, la ley es debilitada y el juicio no sale según la verdad, por eso el impío asedia al justo, por eso sale torcida la justicia.
¿Por qué ves a los menospreciadores y callas cuando destruye el impío al más justo que él?

Este lamento-queja, ¿no te recuerda a Job cuando hastiado y amargado le habló así a Dios?
¿No ves lo que está ocurriendo, o tal vez, tienes Tú ojos de carne?
¿Te parece bien que deseches la obra de tus manos y favorezcas los designios de los impíos?
El tema de la existencia del MAL, del sufrimiento y la injusticia que padece el justo, de la prosperidad del impío y de la victoria de los malos en el mundo, hacen que el creyente pierda la Fe, la Esperanza y el Amor de Dios presentes en su vida, deje de orar y clamar sin cesar por la Justicia Divina. Todo esto ocurre al comenzar a dudar de Dios y su Palabra. 
¿Para qué orar si Dios no actúa a favor de los justos?

¿Cuál fue el final de Habacuc?
Dice la Biblia que OYÓ la Palabra de Dios y TEMIÓ. ¡Volvió a creerle A Dios!
Habacuc narra que Dios le permitió VER por anticipado, cómo saldría para socorrer a su Pueblo, actuando a favor de los suyos con tremendo PODER. Dice por ejemplo: Caminaste en el mar con tus caballos.
En 3:12-19 dice, luego de haber creído y temido a la Palabra de Dios:
Si bien estaré quieto en el día de la angustia, cuando suba al pueblo el que lo invadirá con sus tropas… y aunque falten, por la invasión, los alimentos, los animales, etc. yo me alegraré en Dios, me gozaré en el Dios de mi Salvación, porque Dios es mi fortaleza, quien hace sus pies como de ciervas y en sus alturas me hace andar.


Habacuc ya no le recrimina nada a Dios, porque descubrió que Dios está con él y NO en contra de él, en la terrible situación que padece. No está solo. Y no sólo eso, Dios le da los medios para que ande en sus Caminos que están muy encima de los caminos terrenales. Dios le dio PIES de CIERVAS para que ANDE en Sus ALTURAS.

¡Oh, cómo anhelo que Dios me dé pies de ciervas para andar en las alturas!
¿Qué debo hacer?, te preguntas, tal vez.
Cuando el enemigo intente invadir con sus tropas, trayendo sobre nosotros todo tipo de males: enojo, amargura, depresión, aflicción hasta la muerte, porque vemos que Dios no actúa YA, AHORA, ante la creciente maldad, la injusticia, el asedio de los malos a su Pueblo o a nuestra vida, debemos fijar nuestros ojos en Dios, no bajarlos por nada, creer a su Palabra, porque sólo Jesús es nuestra Salvación y nuestra Fortaleza. Los tiempos de Dios no son nuestros tiempos.
Él en cambio, nos ofrece PIES de CIERVAS para andar en Sus alturas, hasta que llegue el tiempo en que actúe.


El salmista canta en el SALMO 73, su experiencia personal en relación con la maldad, la injusticia, la opresión, el asedio, que sufren los justos y la prosperidad de los impíos.
Al escucharlo, nos hace vivir en carne propia, el padecimiento de Job, Habacuc, Jonás, Elías, y muchos más y arroja LUZ a nuestro padecimiento, si es que estamos viviendo una situación similar a estas personas.
El salmista dice que casi se deslizaron sus pies, casi resbaló, cuando al mirar la realidad, bajó los ojos, quitándolos de Dios. Y al hacerlo, tuvo ENVIDIA de los arrogantes y de la prosperidad de los impíos. ¡Qué hombre sincero! Al fijar sus ojos en ellos, se dio cuenta de que no tienen congojas por su muerte, son sanos, fuertes y vigorosos, no sufren esfuerzos en el trabajo ni reciben azotes, la SOBERBIA es su corona, se visten de VIOLENCIA, sus ojos están llenos de gordura, de CODICIA y logran satisfacer todos sus antojos. Hablan con maldad y altanería contra el Cielo. Nadie ni nada los estorba y alcanzan riquezas.
Así es como el salmista se arrepiente de ser fiel a Dios, porque dice que al contrario de lo que ocurre con los impíos, él recibe azotes todo el día y es castigado todas las mañanas. En vano es temer a Dios. ¿Para qué serle fiel?
El salmista llegó a enfermarse física, emocional y espiritualmente. Cuenta que se llenó de amargura su alma, tenía punzadas en el corazón y se compara con una bestia delante de Dios, ya no le era posible entender ni razonar. Estaba invadido por la envidia y la amargura. Su carne y su corazón desfallecen. Pensaba que Dios estaba en su contra, que lo castigaba y azotaba sin piedad y sin cesar.


Hasta que… un día entró en el Santuario de Dios y comprendió el fin de los impíos. Vio a Dios que lo tomó de la mano derecha, lo guió por Su Camino y después lo recibirá en Gloria.
¿Dónde quedaron la envidia y la amargura de este hombre?
Desaparecieron al elevar nuevamente sus ojos a Dios y entrando en su Santuario CONFESÓ:
Fuera de Ti nada deseo en la tierra. La Roca de mi corazón y mi porción es Dios para siempre. El acercarme a Dios es mi BIEN.

Hermano/a:
Si las injusticias te alcanzaron, sufriste la pérdida de tu trabajo, aparecieron problemas familiares, enfermedades, muerte repentina de un ser querido, perdiste bienes materiales, posesiones, te desalojaron, te quitaron la vivienda, fuiste afectado por un secuestro o asesinato de alguien cercano, en fin, todo tipo de males que abundan en el mundo corren detrás de ti y además, te das cuenta que te hiere la prosperidad del impío…
Te ruego, querido Hermano/a, que no bajes la mirada de Dios y que no te quites los pies de ciervas que te dio para andar en sus alturas.
¡Continúa, continúa en las alturas!
Si abandonas las alturas, los dardos de fuego del maligno te alcanzarán y sus mentiras acerca de Dios, traerán a tu vida depresión, enojo, aflicción, amargura, etc. El propósito del diablo es tu destrucción. Pero Jesús dice en Juan 16:33:
En el mundo tendréis aflicción, pero confiad, YO he vencido al mundo.
Dí como el salmista: El acercarme a Dios es MI BIEN.


(Elena Sanfilippo Ceraso

          25/01/2017)  

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